Conquistadores españoles, mito anglosajón

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Los conquistadores españoles de América fueron aventureros de pocos escrúpulos pero a quienes la historia cultural privó de la aureola romántica de otros sujetos no mucho más recomendables, tales como piratas del Caribe, pioneros del Oeste o exploradores de África. La literatura tiene aquí mucho que ver, y ya me referí otras veces a cómo los protagonistas de la crónica de Indias llegaron demasiado pronto a su cita con la literatura. Sigue leyendo

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“McLintock!”, parodia y homenaje

McLintock

A partir de los años 60, en una época en que el western clásico y heroico declinaba frente a la suciedad y el cinismo de Sam Peckinpah o Sergio Leone, la cara amable del género encontró una nueva forma de expresarse en la comedia. Javier Urkijo* cita algunos ejemplos, de los cuales el más digno de recuerdo me parece Butch Cassidy and the Sundance Kid (en España, Dos hombres y un destino (1969). Sigue leyendo

El séptimo pasajero

Vivía yo una rara tarde de domingo. Ociosina como las de otros tiempos, de esas en las que solo me tentaba el pasármela tumbado cual caimán en plena digestión.

Sin embargo, acostumbrarse al dolce far niente cuesta más de lo que parece. A los pocos minutos me hormigueaba un vago sentimiento de culpabilidad, en forma del eco de la voz de mi mamá. Allí estaba, repitiéndome aquella sabia consigna del catecismo escolar:

“Contra pereza, diligencia”.

No pude más. Me levanté heroicamente del sofá –a ver quién dice que no a esas voces o esos ecos– y metí en el reproductor de DVD La diligencia de John Ford. Otra vez repatingado en el sofá, di al play. Sigue leyendo

Algo sobre “La diligencia”

la Diligencia Semana (Piura) 18 mayo 2014

Este artículo (pincha, pincha) del otro día es de contenido general. En el tintero me dejo alguna reflexión más propia y personal, para publicar otro día aquí en mi territorio donde puedo abusar más que en el Semana de la paciencia de mis lectores. Agrego el video con los famosos cinco segundos (16-21)  que hicieron entrar a John Wayne a la historia del cine. En cambio, la foto que me han puesto en el periódico es más bien de las postrimerías de su carrera, creo que en la película True Grit que en España se conoció como Valor de ley, buen juego de palabras, mutado para nuestra América en un brillante Temple de acero.

A propósito, debo aclarar a quienes me lean desde España que Más corazón que odio, título que suena a telenovela, se llama rimbombantemente en su país Centauros del desierto, que poco sugiere del contenido de la película como lo hace el original The Searchers (¿podría haber sido Los perseguidores?). En cuanto a Un tiro en la noche, no es otra que El hombre que mató a Liberty Valance.

Doña Bárbara, western

Al a izquierda, doña Bárbara. A la izquierda... miss Barbie. (Foto de cieloalatierra.wordpress.com)

A la izquierda, doña Bárbara. A la derecha… miss Barbie.
(Foto de cieloalatierra.wordpress.com)

Años antes de ser víctima pleonástica del cáncer, un presidente de Venezuela se dirigió desde su show al de los Estados Unidos llamándole “mister Danger”. No vi que ningún medio no venezolano (tampoco leí tantos) captara la alusión al cuatrero gringo que es uno de los principales personajes de Doña Bárbara; será por lo escasas que son las referencias literarias en el cotidiano discurso político.

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Bowfight in Alabama

(Escena como de spaghetti-western sucedida en el sur de los USA a principios del siglo XVI)

Un indio de los que se habían escapado, viéndose fuera de aprieto, deseando mostrar la destreza que en su arco y flechas tenía, se apartó de los suyos y dio voces a los castellanos dándoles a entender por señas y algunas palabras que se apartase un ballestero de ellos en desafío singular y se tirasen sendos tiros a ver cuál de ellos era mejor tirador. Uno de los nuestros, que había nombre Juan de Salinas, hidalgo montañés, salió muy a prisa de entre los españoles (los cuales, por asegurarse de las flechas, se habían puesto al reparo de unos árboles que tenían por delante), y fue el río abajo a ponerse en derecho de donde estaba el indio, y, aunque uno de sus compañeros le dio voces que esperase que quería ir con él a hacerle escudo con una rodela, no quiso, diciendo que pues su enemigo no traía ventajas para sí no quería llevarlas contra él. Sigue leyendo