Elogio del especialista

Y el otro pulmón qué

¿Y el otro pulmón qué?

Académicos de intereses amplios y facultades de departamentos pequeños a veces coinciden en el denuesto de la especialización. A menudo por vía de la reducción al absurdo, por ejemplo recurriendo al chiste del médico que conoce a la perfección el pulmón derecho pero ignora todo lo que concierne al izquierdo…

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Lo que lograrán leer

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Dirán, como Daniel Pennac, que el verbo leer no admite imperativo, y yo les daré la razón en cualquier ámbito que no sea la universidad. Aquí, si no te gusta leer, no entres, y si no te gusta lo que te dan a leer, aprende a explicar por qué.

Declaro estos principios –si no les gustan, tengo otros– porque me dispongo a hablar de la circunstancia de las lecturas obligatorias de mis cursos, y a muchos se les subirá al vallar de los dientes la frase de Pennac. Lo mismo que a mí: los comprendo y me anticipo, más que por objetarles, por afinidad con ellos. Moi hypocrite lecteur!

Pero vamos a lo que importa. Sigue leyendo

Poca vida en el espacio

Me cae en las manos un curioso librito de hace un par de siglos: Exámenes de Matemáticas que sufrieron (sic) los alumnos de la clase de la Real Maestranza de Caballería de Granada el día 25 de agosto de 1806, amenizados con una Oración inaugural, y varias piezas de Eloqüencia y Poesía.* Un acta que promete ser tediosa lectura, aunque probablemente no le vaya en zaga ningún acto académico actual, y eso que todos parecen haber extirpado la poesía de sus programaciones.

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Recomendación literaria: las ficciones de Luis Loayza

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A la que agrego una cita que conmoverá profundamente a todos los de mi gremio:

Carlos se dedicó a reescribir su tesis. En sus años de estudiante solía recoger fragmentos, versos aislados, dos o tres palabras juntas de poemas coloniales peruanos en los que sucedía algo, una pequeña explosión (o las palabras eran restos de esa explosión), no porque el autor tuviese talento sino por simple casualidad o generosidad del idioma. Carlos anotaba estas sorpresas, esbozaba teorías más o menos descabelladas sobre la poesía, la Colonia, el Perú. Con el tiempo fue olvidando las citas y las teorías, que tan bien sonaban discutidas entre amigos, y el trabajo se volvió más preciso, documentado en insignificante. Logró aclarar dos o tres fechas en las vidas de escritores de tercera línea, descubrió en bibliotecas de convento unas cuantas ediciones no mencionadas en las bibliografías, leyó -tomando minuciosamente notas en fichas de distintos tamaños- libros y manuscritos que nadie había tenido la paciencia de leer. El resultado no le gustaba. No era tan vano como para menospreciar la erudición, en otros deslumbrante: en otros, justamente, no en él.
[“Otras tardes” en Relatos, Lima, Editorial Universitaria, 2010,
pp. 234-235]

La máquina del tiempo (perdido)

Máquina de chocolates

Sin anunciarse, aparecieron en diferentes puntos del campus expendedoras automáticas de aperitivos.
Yo saludé la aparición con una alegría que no acababa de explicarme, porque me suelo tomar la hora del café matinal, como el cine o el cebiche, más como excusa para la reunión social que por necesidad de consumo. Si no tengo a quién invitar ni quién me invite, puedo apurar la jornada entera en mi madriguera, a no ser que me saquen de ella otras obligaciones… incluida la de satisfacer un hambre imprevista.
Por eso mismo, la novedad era digna de interés: picar algo ahorrándome la cola de la cafetería. Aunque quizá no de tanta emoción.

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Frivolidades

En este artículo de Castellano Actual he echado a un episodio de mi vida profesoral toda la magnanimidad y el buen humor que me caben en el cuerpo. Porque no me negarán que, de estas dos imágenes,

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afirmar (contumazmente) que la que encarna la frivolidad es la de la DERECHA no es como para decirse que más valdría, en verdad, que se lo coman todo y acabemos…

De tenorcillos huecos

Serrat Machado
No importa cómo, cuándo, dónde ni el motivo; tampoco si es verdad verdadera o bien me invento alguna cosa. Yo solo cuento cómo, reuniendo alumnos voluntarios para participar en un recital de poesía, entre los espontáneos hubo quien se ofreció a leer cierto poema de Antonio Machado titulado “Caminante, no hay camino” (sic). Creo que se olvidaba de la coma, y estoy convencido de que el texto así encabezado era desusadamente largo para quien conociera la brevedad de los Cantares del poeta sevillano.

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Del corazón al árbol

Casa de los Tiros (Granada, España)

Casa de los Tiros (Granada, España)

Escoger lo que Ortega y Gasset hubiera llamado un “proyecto vital” es una clara ayuda para dar orden y sentido a cuanto encontramos en nuestra existencia. Hay que comprender, sin embargo, que no todos tienen valor, medios o fortuna para sacar adelante el tal proyecto; también, que muchos tardan bastante en descubrirlo, o en descubrir que mejor lo cambian por otro.

Pienso en esto al venirme a la memoria, cual enganchadas cerezuelas, dos viñetas de mi particular comedia humana: Sigue leyendo

Entre campus

Campus del Milán (Universidad de Oviedo)

Campus del Milán (Universidad de Oviedo), o sea el de Humanidades

La narrativa hispánica, que ha inventado géneros como la novela picaresca o la de dictador, parece sin embargo pobre en narrativa de ambiente universitario, en “novela de campus”. Menudo autorretrato.  Sigue leyendo

Lo que no leí el otro día

Exhaustivo que es uno. O falto de tiempo que está para escribir novedades, que mira que las hay. Lo cierto es que en el recital del otro día me presenté con bastante incertidumbre: no sabía cuánto público habría, ni siquiera cuántos recitadores más, ni qué tan impuntual iba a ser o cuánto se iban a demorar las sucesivas lecturas. Para evitar que fuera a terminar demasiado pronto -al menos en estos casos, los defectos son mucho más difíciles de corregir que los excesos-, llevé en el bolsillo una copia de este cuento viejo, que no era propiamente de terror pero al menos tiene susto con fiambre. Al final no tuve que leerlo, qué alivio (¿para quién?).

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Ante exámenes, milagros

Va habiendo menos clases en el Campus, pero a los alumnos se les ve frenéticos de un lado para otro, consumidos, con los ojos adormilados bajo la pesada luz del sol. Se acerca la época de finales, y a esta siempre la preceden, durante pocas semanas, la preparación y entrega de trabajos para cada asignatura, que les obligan poco menos que a estar en varios sitios a la vez. Los trabajos en equipo son los peores, por raro que parezca: parece casi milagroso poner a trabajar sobre una misma mesa y al mismo horario personalidades y talentos diferentes, que a veces acaban por llevarse como perro y gato. Sigue leyendo

Los incomprensibles

Alguna vez he recordado que me senté al lado de una muchacha muy guapa, que había asistido a la primera clase, y le pregunté: ‘¿Qué tal?’ Me contestó, literalmente: ‘Estupendo. No se entiende una palabra’. No había ironía en la respuesta: ni esa chica, ni casi ningún alumno, habían entendido, pero tenían la impresión de que era estupendo. El talento de Zubiri era evidente; su pasión intelectual, también; su desdén por la pedagogía, manifiesto. Hablaba de lo que le interesaba, sin miramientos. (…) Lo decisivo es que nos mostró lo que es la filosofía y nos infundió un tremendo respeto por ella.

(Julián Marías, Una vida presente)

A todos nos ha tocado en algún momento un profesor incomprensible. Ya no sé si también, como a Marías, alguno cuyo encanto no es que aflorase a pesar de sus crípticas exposiciones, sino que residía precisamente en ellas. Yo sí disfruté de más de uno. Sigue leyendo