Recomendación literaria: las ficciones de Luis Loayza

elavaroloayza

A la que agrego una cita que conmoverá profundamente a todos los de mi gremio:

Carlos se dedicó a reescribir su tesis. En sus años de estudiante solía recoger fragmentos, versos aislados, dos o tres palabras juntas de poemas coloniales peruanos en los que sucedía algo, una pequeña explosión (o las palabras eran restos de esa explosión), no porque el autor tuviese talento sino por simple casualidad o generosidad del idioma. Carlos anotaba estas sorpresas, esbozaba teorías más o menos descabelladas sobre la poesía, la Colonia, el Perú. Con el tiempo fue olvidando las citas y las teorías, que tan bien sonaban discutidas entre amigos, y el trabajo se volvió más preciso, documentado en insignificante. Logró aclarar dos o tres fechas en las vidas de escritores de tercera línea, descubrió en bibliotecas de convento unas cuantas ediciones no mencionadas en las bibliografías, leyó -tomando minuciosamente notas en fichas de distintos tamaños- libros y manuscritos que nadie había tenido la paciencia de leer. El resultado no le gustaba. No era tan vano como para menospreciar la erudición, en otros deslumbrante: en otros, justamente, no en él.
[“Otras tardes” en Relatos, Lima, Editorial Universitaria, 2010,
pp. 234-235]

La máquina del tiempo (perdido)

Máquina de chocolates

Sin anunciarse, aparecieron en diferentes puntos del Campus expendedoras automáticas de aperitivos. Yo saludé la aparición con una alegría que no acababa de explicarme, porque me suelo tomar la hora del café matinal, como el cine o el cebiche, más como excusa para la reunión social que con necesidad de consumo. Sin tener a quién invitar ni quién me invite, puedo apurar la jornada entera en mi madriguera si no me sacan de ella otras obligaciones… incluida la de satisfacer un hambre imprevista. Por eso mismo, la novedad era digna de interés (picar algo  ahorrándome la cola de la cafetería), aunque quizá no de tanta emoción.

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Frivolidades

En este artículo de Castellano Actual he echado a un episodio de mi vida profesoral toda la magnanimidad y el buen humor que me caben en el cuerpo. Porque no me negarán que, de estas dos imágenes,

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afirmar (contumazmente) que la que encarna la frivolidad es la de la DERECHA no es como para decirse que más valdría, en verdad, que se lo coman todo y acabemos…

De tenorcillos huecos

Serrat Machado
No importa cómo, cuándo, dónde ni el motivo; tampoco si es verdad verdadera o me invento alguna cosa. Yo solo cuento cómo, reuniendo alumnos voluntarios para participar en un recital de poesía, entre los espontáneos hubo quien se ofreció a leer cierto poema de Antonio Machado titulado “Caminante, no hay camino” (sic). Creo que se olvidaba de la coma, y estoy convencido de que el texto así encabezado era desusadamente largo para quien conociera la brevedad de los Cantares del poeta sevillano.

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Del corazón al árbol

Casa de los Tiros (Granada, España)

Casa de los Tiros (Granada, España)

Escoger lo que Ortega y Gasset hubiera llamado un “proyecto vital”, es una clara ayuda para dar orden y sentido a cuanto encontramos en nuestra existencia. Hay que comprender, sin embargo, que no todos tienen valor, medios o fortuna para sacar adelante el tal proyecto; también, que muchos tardan bastante en descubrirlo, o en descubrir que mejor lo cambian por otro.

Pienso en esto al venirme a la memoria, cual enganchadas cerezuelas, dos viñetas de mi particular comedia humana: Sigue leyendo

Entre campus

Campus del Milán (Universidad de Oviedo)

Campus del Milán (Universidad de Oviedo), o sea el de Humanidades

La narrativa hispánica, que ha inventado géneros como la novela picaresca o la de dictador, parece sin embargo pobre en narrativa de ambiente universitario, en “novela de campus”. Menudo autorretrato.  Sigue leyendo