Frivolidades

En este artículo de Castellano Actual he echado a un episodio de mi vida profesoral toda la magnanimidad y el buen humor que me caben en el cuerpo. Porque no me negarán que, de estas dos imágenes,

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afirmar (contumazmente) que la que encarna la frivolidad es la de la DERECHA no es como para decirse que más valdría, en verdad, que se lo coman todo y acabemos…

La discriminación positiva: ese invento inquisitorial

Menoscabar el derecho de un individuo por favorecer el de un colectivo, con el pretexto de compensar arraigadas desigualdades, siempre me pareció un retroceso a los tiempos del Antiguo Testamento, cuando los padres transmitían culpas a sus hijos. Aunque últimamente me he ambientado algo más cerca, en la España del Santo Oficio.

Antiguos alumnos becados por falta de recursos ajustan cuentas con hijitos de papá

Esto requiere explicación. Sobre todo, porque los parangones cotidianos con la Inquisición suelen ser poco rigurosos. A demasiadas voces críticas o censuras personales (eclesiásticas, periodísticas, políticas…) se les suele replicar con el adjetivo de “inquisitoriales”. Algo tan fácil, impactante y vago como, en otros contextos (o no tan otros), “racista”, “radical”, “medieval”, “fascista”, “golpista”, “terrorista”, “nazi”, “caviar”… y no se me ocurren más.

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El desorden del día

Armario

Mi compañera de fatigas culturales CVP elogió lo ordenado de la librería de mi oficina, que no parecía la de un hombre. Aunque matizó en seguida que tal vez  yo, simplemente, era un hombre ordenado, no logró evitar que me pusiera a pensar en voz alta. Tal vez ocurría que la estantería de mis libros la uso poco; que esta encierra a mis espaldas, tras sus vidrios, la ilusión de una vida universitaria cuyas horas las ocupe, en su mayor parte, el estudio intenso y dedicado. Frente a mí, en cambio, está mi diaria realidad: una mesa cubierta de muchos papeles, la computadora (llamarla “ordenador” sería broma cruel) y algunos libros de los que no puedo olvidarme, aquellos que vivo dejando todos los días para mañana, y no a menudo para algún otro día indefinido. Una mesa que, esta sí, vive en varonil desorden.

Escritorio

Del corazón al árbol

Casa de los Tiros (Granada, España)

Casa de los Tiros (Granada, España)

Escoger lo que Ortega y Gasset hubiera llamado un “proyecto vital”, es una clara ayuda para dar orden y sentido a cuanto encontramos en nuestra existencia. Hay que comprender, sin embargo, que no todos tienen valor, medios o fortuna para sacar adelante el tal proyecto; también, que muchos tardan bastante en descubrirlo, o en descubrir que mejor lo cambian por otro.

Pienso en esto al venirme a la memoria, cual enganchadas cerezuelas, dos viñetas de mi particular comedia humana: Sigue leyendo

Entre campus

Campus del Milán (Universidad de Oviedo)

Campus del Milán (Universidad de Oviedo), o sea el de Humanidades

La narrativa hispánica, que ha inventado géneros como la novela picaresca o la de dictador, parece sin embargo pobre en narrativa de ambiente universitario, en “novela de campus”. Menudo autorretrato.  Sigue leyendo

Campus horribilis

BabelTermino Esa horrible fortaleza, de C.S. Lewis, y con ella su “Trilogía cósmica”. Un intento, por medio de recursos de la ciencia-ficción –viajes por el espacio exterior, y también en el tiempo-de profundizar en sus ideas sobre la relación entre mito y realidad.* Sigue leyendo