Como stalker por su campus

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Al decreto de cuarentena nacional por el gobierno, en este marzo que ya tan lejano se nos hace, siguió un aviso inmediato de las autoridades de la universidad: el campus estaría abierto durante las pocas horas del día que quedaban para llevarse a casa cualquier material de la oficina que fuese necesario (y propio).

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Campus conclusus

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Cuando hace medio siglo se fundó mi universidad, sus terrenos quedaban fuera de la ciudad de Piura. Que esta última se fuera luego expandiendo sin ningún orden ni concierto reveló la prudencia de dos medidas para delimitar el futuro campus.

La más ambiciosa y esforzada fue plantar un bosque de algarrobos. Este ha acabado dando lugar a un rico ecosistema de aves y especies mayores como zorros, iguanas y venados. Hasta me han contado que hasta quisieron regalarnos un oso hormiguero arborícola,[1] pero al final no pudo ser. Una pena. Sigue leyendo

Lo que lograrán leer

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Dirán, como Daniel Pennac, que el verbo leer no admite imperativo, y yo les daré la razón en cualquier ámbito que no sea la universidad. Aquí, si no te gusta leer, no entres, y si no te gusta lo que te dan a leer, aprende a explicar por qué.

Declaro estos principios –si no les gustan, tengo otros– porque me dispongo a hablar de la circunstancia de las lecturas obligatorias de mis cursos, y a muchos se les subirá al vallar de los dientes la frase de Pennac. Lo mismo que a mí: los comprendo y me anticipo, más que por objetarles, por afinidad con ellos. Moi hypocrite lecteur!

Pero vamos a lo que importa. Sigue leyendo

La máquina del tiempo (perdido)

Máquina de chocolates

Sin anunciarse, aparecieron en diferentes puntos del campus expendedoras automáticas de aperitivos.
Yo saludé la aparición con una alegría que no acababa de explicarme, porque me suelo tomar la hora del café matinal, como el cine o el cebiche, más como excusa para la reunión social que por necesidad de consumo. Si no tengo a quién invitar ni quién me invite, puedo apurar la jornada entera en mi madriguera, a no ser que me saquen de ella otras obligaciones… incluida la de satisfacer un hambre imprevista.
Por eso mismo, la novedad era digna de interés: picar algo ahorrándome la cola de la cafetería. Aunque quizá no de tanta emoción.

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El racismo en los tiempos del biberón

Princesas Saga

Échenle la culpa a La mancha humana, que como buena experiencia artística he seguido teniendo presente considerable tiempo después de haberla terminado de leer. O a que haya vuelto a tropezarme con algún folleto navideño de Saga Falabella, con aquella propaganda de niñas rubitas que provocó una polémica más estúpida que ociosa. En todo caso, comparto aquí tres vivencias del racismo que en racimo se me han venido a la cabeza, e involucran de tal o cual manera al sector de la sociedad más frágil, adorable y cuchicuchi. Sigue leyendo

La nación y otros achaques

En Perú no logro pasar por peruano, ni aun después de pasado un cubo de años (33). Tampoco es que lo intente: con mi DNI me basta.  Sigue leyendo

Lo improbable

Ola

Aunque a veces amenazo a mis alumnos, exhibiendo los colmillos, con que van a soñar conmigo si no cumplen como buenos estudiantes, nunca he pensado seriamente que fuera a suceder tal cosa.

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Una nueva comedia policial

Chico FleitasJosué Aguirre presenta su segunda novela. Como pude meter la nariz un poco en los inicios de su redacción, creo que promete calidad: el jueves espero que seduzca y convenza a su público. Sigue leyendo

Ante exámenes, milagros

Va habiendo menos clases en el Campus, pero a los alumnos se les ve frenéticos de un lado para otro, consumidos, con los ojos adormilados bajo la pesada luz del sol. Se acerca la época de finales, y a esta siempre la preceden, durante pocas semanas, la preparación y entrega de trabajos para cada asignatura, que les obligan poco menos que a estar en varios sitios a la vez. Los trabajos en equipo son los peores, por raro que parezca: parece casi milagroso poner a trabajar sobre una misma mesa y al mismo horario personalidades y talentos diferentes, que a veces acaban por llevarse como perro y gato. Sigue leyendo

Nostalgia del teatro

La falta de librerías se suple con bibliotecas públicas y personales; afortunadamente, no soy de los que se preocupan por las novedades editoriales (más bien peco de lo contrario). Con el cine, me pasa más o menos algo parecido. Tampoco extraño conferencias ni otros saraos literarios porque nunca falta algún amigo con quien hablar de buenas letras, y en todo caso yo lo hago unas cuantas horas a la semana ante una clase en que tampoco falta quien me escuche y hasta lance sus preguntas. Lo único que me encuentro incapaz de reemplazar es el teatro. Sigue leyendo

Mis Episodios nacionales (de Galdós)

En desesperado intento por encontrar algún lector más, copipasto un artículo reciente en nuestra muy local prensa local.

Y justifico su existencia: Sigue leyendo

Más macetas, menos páramo

Hace un momento que he aclarado a un amable comentarista que no tengo pensado meterme a la agresiva labor de cronista del cotarro cultural. Bastante hago defendiendo lo que crece en esta pobre maceta. Sin embargo, reformando mi columna de enlaces, no puedo resistirme a pegar también los de Gextores, Histeria y Deja vu. Nombres que no es que me encanten (a lo mejor es que para nombres y títulos soy muy, como decimos en Asturias, repunante) pero que revelan que hay más y mejor gente con iniciativa para  sembrar en el desierto. Y encima, joven y hasta muy joven. Y que lo hace bien y hasta profesionalmente. Y (qué orgullo, pardiez) salida de la UDEP y hasta pasada por mi clase.

Ars magna

Salgo de la biblioteca fatigado y no del mejor humor, tras una larga corregidera en la que he estado vengando, no tan implacablemente como quisiera, más agravios al conocimiento, a la gramática, a la ortografía y a la misma inteligencia de los que hubiera esperado. Mis manos exudan, sin ninguna gloria, tinta roja. Sigue leyendo

La lluvia en Piura

   Está lloviendo en Piura (¿quién escribió que aquí nunca llovía?). Lo típico es que en enero y febrero, sobre todo en la tarde y más aún por la noche, caigan aguaceros pesados, de goterones tibios y pegajosos. Como el intenso calor del día ha secado los incontables charcos de la noche anterior, gentileza de la Municipalidad, se repite el intenso aroma a tierra recién mojada que tanto agrada a casi toda la gente que conozco. En Piura, este olor es distinto a otros lugares, por el toque dulzón que le prestan las vainas de algarrobo, desperdigadas por el suelo en mil rincones de la ciudad. Los piuranos que han olfateado el aire de tierra húmeda en otros lugares del mundo, no lo disfrutan igual: extrañan la algarrobina. Sigue leyendo