(Sobre) El castellano de Tarzán

Pigmeos

Escolios a un texto implícito (quien lo quiera explícito, pinche aquí)

Para Antonio Guardiola, con gratitud entre otras cosas

Primero: Aun habiendo podido titular la entrada “El español de Tarzán”, cambio el nombre del idioma por su sinónimo. En parte, por obvia alusión al título de la página donde se publica el artículo. Y, también, por evitar que algún iniciado en la materia piense que me estoy refiriendo a un individuo de nacionalidad española. En las novelas de Edgar Rice Burroughs recuerdo que aparecían dos. Tarzán el indómito presentaba el hallazgo del cadáver centenario de un aventurero español: no ocupaba mucho pero el efecto era gratamente misterioso. En Tarzán el terrible, en cambio, ya actuaba un compatriota mío, Esteban Miranda, cuyo aspecto físico resultaba ser casi idéntico al del rey de los monos, lo cual lo convertía en un peligroso antagonista. Tardé en conocer la existencia de este personaje ambicioso y traicionero porque el primer lugar donde debería haberlo encontrado, las páginas de Tarzán entre pigmeos (sosa manera de retitular Tarzan and the Ant-Men), su presencia se evaporaba misteriosamente, y eso que en el original generaba una importante trama secundaria. Sin duda fue un caso de patriotera censura o autocensura.

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Comentario de ‘Glass’ (que no reseña)

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El doctor Carlos Hakansson, gran constitucionalista y, con nosotros sus amigos, gran cinéfilo, me exhortó a la salida del cine a escribir esta notita. Y eso que mi experiencia como lector o espectador de historias de superhéroes está lejos de ser la de un aficionado. Sin embargo, de lo visto y lo escuchado a lo largo de mi vida, incluyendo fuentes indirectas, me he armado una clasificación de tres fases, según la manera en que los superprotagonistas se relacionan con su medio:

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Algo sobre “La diligencia”

la Diligencia Semana (Piura) 18 mayo 2014

Este artículo del otro día es de contenido general. En el tintero me dejo alguna reflexión más propia y personal, para publicar otro día aquí en mi territorio donde puedo abusar más que en el Semana de la paciencia de mis lectores. Agrego el video con los famosos cinco segundos (16-21)  que hicieron entrar a John Wayne a la historia del cine. En cambio, la foto que me han puesto en el periódico es más bien de las postrimerías de su carrera, creo que en la película True Grit que en España se conoció como Valor de ley, buen juego de palabras, mutado para nuestra América en un brillante Temple de acero.

A propósito, debo aclarar a quienes me lean desde España que Más corazón que odio, título que suena a telenovela, se llama rimbombantemente en su país Centauros del desierto, que poco sugiere del contenido de la película como lo hace el original The Searchers (¿podría haber sido Los perseguidores?). En cuanto a Un tiro en la noche, no es otra que El hombre que mató a Liberty Valance.