De la importancia de reírse de uno mismo

(Al fin, una prueba convincente)

Descubro ahora en mi hija menor algunas manías felinas. Le echo algo de culpa a su intercambio habitual de feroces carantoñas con el gato Ron. Miro a la cara a cualquiera de los dos de esa pareja asilvestrada (esos ojazos fijos, ese pellizco de nariz, ese mentón invisible), y en seguida me acuerdo del otro. Ambos comparten la pasión por trepar escaleras, camas, sillas, mesas, muebles, aunque no lamentablemente la habilidad de caer de pie. Sigue leyendo

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