“McLintock!”, parodia y homenaje

McLintock

A partir de los años 60, en una época en que el western clásico y heroico declinaba frente a la suciedad y el cinismo de Sam Peckinpah o Sergio Leone, la cara amable del género encontró una nueva forma de expresarse en la comedia. Javier Urkijo* cita algunos ejemplos, de los cuales el más digno de recuerdo me parece Butch Cassidy and the Sundance Kid (en España, Dos hombres y un destino (1969). Sigue leyendo

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La discriminación positiva: ese invento inquisitorial

Menoscabar el derecho de un individuo por favorecer el de un colectivo, con el pretexto de compensar arraigadas desigualdades, siempre me pareció un retroceso a los tiempos del Antiguo Testamento, cuando los padres transmitían culpas a sus hijos. Aunque últimamente me he ambientado algo más cerca, en la España del Santo Oficio.

Auto de fe

Antiguos alumnos becados por falta de recursos le ajustan las cuentas a los hijitos de papá

Esto requiere explicación. Sobre todo, porque los parangones cotidianos con la Inquisición suelen ser poco rigurosos. A demasiadas voces críticas o censuras personales (eclesiásticas, periodísticas, políticas…) se les suele replicar con el adjetivo de “inquisitoriales”. Algo tan fácil, impactante y vago como, en otros contextos (o no tan otros), “racista”, “radical”, “medieval”, “fascista”, “golpista”, “terrorista”, “nazi”, “caviar”… y no se me ocurren más.

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El racismo en los tiempos del biberón

Princesas Saga

Échenle la culpa a La mancha humana, que como buena experiencia artística he seguido teniendo presente considerable tiempo después de haberla terminado de leer. O a que haya vuelto a tropezarme con algún folleto navideño de Saga Falabella, con aquella propaganda de niñas rubitas que provocó una polémica más estúpida que ociosa. En todo caso, comparto aquí tres vivencias del racismo que en racimo se me han venido a la cabeza, e involucran de tal o cual manera al sector de la sociedad más frágil, adorable y cuchicuchi. Sigue leyendo

“La mancha humana”, de Philip Roth

A veces abandono el hábito involuntario de no leer más autores vivos que Vargas Llosa o mis amistades. Sigo la recomendación de uno de estos, Crisanto Pérez, que es también e inevitablemente gran lector, para leer La mancha humana de Philip Roth.

Del autor no creo saber nada, puesto que ser norteamericano, judío y crítico con la sociedad de su tiempo no me suenan como rasgos muy definitorios. La novela, por su parte, promete como novela de campus ser una crítica a la institución universitaria, Sigue leyendo

Un caso espeluznante de racismo, violencia de género y síndrome de Estocolmo en la Lima ilustrada y virreinal (para historiadores y gente poco impresionable)

Las aflicciones del género humano encienden el ánimo de todo hombre sensible, que entiende y estudia los caminos del remedio; pero al descubrirlos le suele suceder lo que a mí un día con una mulata puerca, de las que parecen lecheras del rastro o zaguán de Padilla, a quien un chino bueno le estaba dando una pateadura heroica. Me acerqué a ellos; separé al chino; levántase la mulata y encarándome con ojos de serpiente, me dijo: “Guá con el señor… fuera ramas… yo no soy su esclava… esta bulto nadie lo manda sino el chino… deje que me patee, pues que no lo han de aguantar sus güesos…cada uno puede patear en lo que manda”. Protexto (sic)no compadecerme otra vez de las mulatas, aunque los chinos les hagan echar el alma por la boca”.

(El Peruano, tomo I, nº 14, 22 de octubre de 1811)

Añado una pintura de la misma época más o menos, para que se vea que la paridad también era posible. Sigue leyendo