Monopolitismo

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Me desconcierta un tanto la actual disputa que se entabla entre las cumbres de la política nacional por demostrar quién tiene menos nacionalidades. Equivale a una suerte de concurso de deméritos, una paradójica ostentación de tener menos experiencia y menos mundo que el interlocutor.
Por mi parte, me reafirmo en que la doble nacionalidad entraña la incuestionable ventaja de que se asumen derechos y deberes con la tierra de adopción, pero no se heredan sus traumas.
Lástima que no se puedan tener triples.
O que se pueda acabar siendo un Juan Sin Tierra.

O que, en el otro extremo, se pueda acabar siendo un Juan Sin Tierra.

Gobernarte

El pasado agosto me encontré, junto a los asistentes a un congreso que organizaba mi universidad, visitando el Congreso. El de siempre, o sea. El de la República. Sigue leyendo

Transición

Desaparecido al fin el Gran Tirano, la oposición olvidó miedos y rencillas para iniciar una activa presión cívica en favor del retorno a la democracia. No tardaron en cosechar esperanzas: ya sin el cobijo de su sombra legendaria, los arrimados al Gran Tirano no osaban repetir antiguas contundencias y se apresuraban a abandonar sus cargos, desde el último alcalde de provincias hasta el otrora resplandeciente Gran Baboso. Tras largos preparativos y arduos pactos, llegaron las primeras elecciones, y después la decepción de quienes habían luchado por ellas durante casi medio siglo: al cierre de las urnas presenciaban el encumbramiento, gracias al voto popular, del mismísimo Gran Baboso.

En exultante aunque formal rueda de prensa, el Baboso reiteró su verdadera postura ante el régimen del Gran Tirano: “Yo no le baboseaba, señoras y señores… ¡Le escupía con moderación!”.

(Para una versión  “peruanizada” anterior, ver aquí. Repito la ilustración porque me veo incapaz de superarla).