“Quijotes ultramarinos”: crítica y razón

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En mi modesta carrera como filólogo llevo presentados y comentados bastantes libros, entre los cuales los de poesía son los menos. Aunque soy un moderado consumidor de versos, a veces por gusto y a veces por exigencias del trabajo, criticarla me da mucho respeto. Respeto derivado del que siento por el género, al considerarlo el más exigente de todos: con el lector, con el autor, con el lenguaje e incluso con el editor. Sigue leyendo

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Por un cambio de régimen

De régimen LITERARIO, quiero decir. (Qué pesado de hombre, que se mete en todas partes).

De régimen LITERARIO, quiero decir. (Qué pesado de hombre, que se mete en todas partes).

De satisfecho paso a hastiado con mi dieta antiliteraria de lecturas. Necesidad acuciante de algo de belleza, algo de imaginación, algo de exigencia. Así pues, me meto con libros de ejecución más artística y subjetiva, pero (siguiendo las prevenciones de Platón, San Agustín y la Clodia de Los idus de marzo de Wilder), evito las ficciones.

Solo ensayos, y solo poesía. De momento, nada de historias inventadas, porque últimamente me basta con las mías reales.

Advertencia

Debo, lector que llamo amigo, confesarte,

que escribo mis poemas sentado en cualquier parte,

casi siempre con Bic. Muy raro es el momento

que fío a la radiante sombra de mi aposento.

También te anuncio que ni dentro o fuera de ésta

frecuento la costumbre de oír sones de orquesta

por más que sean de blues –asómbrate- o de jazz.

Si acaso algunas veces noticias. Nada más.

Ahondando en mi penuria de entorno añadiré

que no fumo ni bebo (ni siquiera café).

Sí admito poseer en mis estanterías

lujoso álbum de fotos… con páginas vacías,

tan blancas como junto a mis libros no leídos

(ya más de la mitad de tomos reunidos)

y este balcón por donde me asomo alguna vez,

intacto y virgen brilla mi trozo de pared.

Siento lo de las fotos, pero es que sólo viajo

llevado por estrictos motivos de trabajo,

y creo que lo pensado y que también lo escrito

en las privadas páginas de cualquier cuadernito

en Florencia, pudieran también haberlo sido

igualmente en Vitoria (donde jamás he ido).

Quién puede ser poeta, dime, de esta manera,

confiando a su profunda memoria vida entera

(mintiéndole como hacen siempre quienes te quieren)

antes que a sus museos privados, que igual mueren,

pues tras haber logrado, perfecto al fin, su ambiente,

resulta ser para uno del todo indiferente.

Más gatos

Fotografía de Víctos Palacios Cruz

Fotografía de Víctor Palacios Cruz

O más poesía gatuna, de mejor cosecha que la de otras veces.

Por hablar de El hobbit, no pude menos que acordarme de aquel poema felino de su mismo autor, que ya prefigura un tema tan tolkieniano como la energía que palpita en el corazón de la vida sosegada. Sueño de tigre, lo llamaría Borges en otra parte. Sigue leyendo

De amicitia (algo, pero de otro)

Uno de mis poetas predilectos: Luis Rosales (1910-1992). Uno de los motivos que más a mi placer desarrolla en sus poemas: la amistad. Un poema que, sobre este tema, me lleva acompañando mucho tiempo y hasta llegué a memorizar en cierta noche granadina, el que a continuación transcribo. (El dato concreto de los nombres propios, en los dos últimos versos, tal vez solo interese a curiosos o historiadores. Algunas veces, he pensado por qué nombres de mi propia vida podría intercambiarlos). Sigue leyendo