“Nueva estación”, de Carlos Javier Morales

(Reseña de hace… uf)

He aquí otro recorte con mi firma que encuentro en mis anaqueles de papel, y que me gustaría venderle caro al olvido. Sobre todo, porque pudiera atraer la curiosidad y hasta algún lector nuevo hacia la obra de Carlos Javier Morales, estupendo poeta y maestro de poesía, de quien tanto he aprendido en materias tan variadas como retórica y poética, el modernismo o la interpretación de César Vallejo (con todo lo que esto último cuesta), además del laborioso mundo de armar una tesis doctoral.

Alegría meditada

Fue, además, mi primera colaboración con la revista Clarín (número 70, 2007; mucho tiempo después vino la otra).

 

 

Otro poema para encerrados

Marmota

Perdón por la insistencia. Me pasa que en estos días leo mas verso que prosa (se reduce bastante la posibilidad de interrupciones), y yo no los busco, son ellos los que se dejan encontrar. Ojalá que este sirva como alivio a quienquiera  que se esté imaginando en los peores momentos de El día de la marmota.

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Tomado de aquí, y disponible gratis para libro electrónico (Kindle: https://cutt.ly/4tCqm3r
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Epidemia y poder

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Insisto en dos temas de estos días: el de Un fulgor tan breve de Jiménez Lozano y el de la peste. Aunque el poema califica como tal el arte de gobernar –por lo cual el título que he puesto a esta entrada resulta un pleonasmo–, creo que en estas difíciles circunstancias se está demostrando que son posibles salutíferas excepciones para cualquiera que quiera buscarlas: el mundo es ancho. Igual que existen Wolseys, habrá siempre un Tomás Moro (justo también en estos días estoy yo comentando con mis alumnos Un hombre para la eternidad).

El poder 

Aquel cuartel de invierno

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Llevo años intermitentemente dudoso de incluir en mi modesto canon personal el poema que me proporcionó mi único primer premio literario. Acabo cayendo en la tentación, y clic.

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Poesía por sorpresa

Confusión que resume la delgada frontera entre cotidianidad y poesía, o tal vez la eterna querencia del alma a la belleza: en un ejercicio escolar leo, distraído, besándose en su voz. Un parpadeo de concentración me desengaña al mostrarme, claro y prosaico (más un pelín pedante), “basándose en su voz”.

‘Muestra de arte disecado’

(A propósito de un libro, hablo de otro)

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Como soy puro pasto de academia y no de la mejor, vivo en la inopia sobre la actualidad literaria. Por eso fue para mí fue una sorprendente novedad que me sonara el nombre del nuevo ganador del reciente premio Poeta Joven del Perú. Pero ocurría que, casualidades de la vida literaria, tenía en mi poder los libros galardonados con el Copé de poesía del 2015, impresos al año siguiente, y uno de ellos -en la categoría de Plata- era Muestra de arte disecado, de Roy Vega Jácome.

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De puente a puente

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Al feriado que es largo hasta tragarse días laborables intermedios, en España lo llaman “puente”. El más popular e inevitable de todos los puentes del año es el que sostienen la antigua fiesta religiosa de la Inmaculada Concepción, 8 de enero, y la vieja fiesta cívica de la Constitución votada el 6 de diciembre de 1978. Ambos pilares parecen en estos tiempos bastante corroídos, a fuerza de desacralizados, aunque algunos me dicen que el consumo que se dispara en estas fechas forma una hojarasca tan densa, que ella por sí sola se basta para mantener en pie la construcción  mejor que la Iglesia y el Estado juntos.

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“La casa encendida”: recomendación anecdográfica

(La serena y oficial se encuentra aquí)

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Mi reducida experiencia me sugiere que, salvo casos excepcionales más comunes de lo que parecen, el descubrimiento de la poesía como arte, vocación o cosa más o menos seria, empezaba con la lectura escolar de Bécquer y algunos poetas del 27 (pongamos que Salinas o el Lorca y el Alberti neopopularistas), y quienes no se quedaban allí daban su siguiente paso con Neruda, sobre todo sus Veinte poemas. Mi caso, en ese sentido, de excepcional tiene muy poco. Fue el paso siguiente el que fue más personal, para mí medio epifánico.

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“Quijotes ultramarinos”: crítica y razón

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En mi modesta carrera como filólogo llevo presentados y comentados bastantes libros, entre los cuales los de poesía son los menos. Aunque soy un moderado consumidor de versos, a veces por gusto y a veces por exigencias del trabajo, criticarla me da mucho respeto. Respeto derivado del que siento por el género, al considerarlo el más exigente de todos: con el lector, con el autor, con el lenguaje e incluso con el editor. Sigue leyendo

Por un cambio de régimen

De régimen LITERARIO, quiero decir. (Qué pesado de hombre, que se mete en todas partes).

De régimen LITERARIO, quiero decir. (Qué pesado de hombre, que se mete en todas partes).

De satisfecho paso a hastiado con mi dieta antiliteraria de lecturas. Necesidad acuciante de algo de belleza, algo de imaginación, algo de exigencia. Así pues, me meto con libros de ejecución más artística y subjetiva, pero (siguiendo las prevenciones de Platón, San Agustín y la Clodia de Los idus de marzo de Wilder), evito las ficciones.

Solo ensayos, y solo poesía. De momento, nada de historias inventadas, porque últimamente me basta con las mías reales.

Advertencia

Debo, lector que llamo amigo, confesarte,

que escribo mis poemas sentado en cualquier parte,

casi siempre con Bic. Muy raro es el momento

que fío a la radiante sombra de mi aposento.

También te anuncio que ni dentro o fuera de ésta

frecuento la costumbre de oír sones de orquesta

por más que sean de blues –asómbrate- o de jazz.

Si acaso algunas veces noticias. Nada más.

Ahondando en mi penuria de entorno añadiré

que no fumo ni bebo (ni siquiera café).

Sí admito poseer en mis estanterías

lujoso álbum de fotos… con páginas vacías,

tan blancas como junto a mis libros no leídos

(ya más de la mitad de tomos reunidos)

y este balcón por donde me asomo alguna vez,

intacto y virgen brilla mi trozo de pared.

Siento lo de las fotos, pero es que sólo viajo

llevado por estrictos motivos de trabajo,

y creo que lo pensado y que también lo escrito

en las privadas páginas de cualquier cuadernito

en Florencia, pudieran también haberlo sido

igualmente en Vitoria (donde jamás he ido).

Quién puede ser poeta, dime, de esta manera,

confiando a su profunda memoria vida entera

(mintiéndole como hacen siempre quienes te quieren)

antes que a sus museos privados, que igual mueren,

pues tras haber logrado, perfecto al fin, su ambiente,

resulta ser para uno del todo indiferente.

Más gatos

Fotografía de Víctos Palacios Cruz

Fotografía de Víctor Palacios Cruz

O más poesía gatuna, de mejor cosecha que la de otras veces.

Por hablar de El hobbit, no pude menos que acordarme de aquel poema felino de su mismo autor, que ya prefigura un tema tan tolkieniano como la energía que palpita en el corazón de la vida sosegada. Sueño de tigre, lo llamaría Borges en otra parte. Sigue leyendo

De amicitia (algo, pero de otro)

Uno de mis poetas predilectos: Luis Rosales (1910-1992). Uno de los motivos que más a mi placer desarrolla en sus poemas: la amistad. Un poema que, sobre este tema, me lleva acompañando mucho tiempo y hasta llegué a memorizar en cierta noche granadina, el que a continuación transcribo. (El dato concreto de los nombres propios, en los dos últimos versos, tal vez solo interese a curiosos o historiadores. Algunas veces, he pensado por qué nombres de mi propia vida podría intercambiarlos). Sigue leyendo