Mi vindicación de Gloria Fuertes

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Se ha celebrado hace poco el centenario de Gloria Fuertes, una poeta española no solo distinguida sino, cosa rara, famosa. Aunque tengo que decir que no era muy apreciada en mi casa. Hablo, claro, de su faceta de estrella televisiva de la poesía infantil, porque no conocíamos otras. Creo que había razones de estilo por medio: aquellas rimas informales y divertidas -nunca disparatadas- que ella recitaba, con tanto desparpajo como falta de melodía, nos sonaban ripiosas. Claro que los versos que estábamos acostumbrados a escuchar en casa (las madres suplían la escasez de canales televisivos) eran sobre todo fábulas de Iriarte y Samaniego, fragmentos del Don Mendo o cuentos de Ferrándiz. Es decir: puro octosílabo.

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Recuerdo de Vicente Sabido

Amigos comunes me han sorprendido amargamente la semana pasada con la noticia del fallecimiento de Vicente Sabido, poeta que trabajaba de profesor en la Universidad de Granada. Mantuvimos un trato superficial, siempre amable. Después de mi partida al Perú nos vimos menos todavía, pero siempre se contó entre quienes recibían, en largas cartas, el relato de mis aventuras estúpidas en el Nuevo Mundo. Tras largo paréntesis, este año me volvió a escribir inesperadamente: mandaba recuerdos y hablaba de su baja en la Universidad por estar “malucho”. También me invitaba a comer, con nuestras esposas, para cuando volviéramos a vernos en Granada. A mi respuesta, siguió el 16 de mayo un último correo electrónico en que me felicitaba cariñosamente por mis hijas y añadía:

En cuanto a qué nos deparará el futuro es algo que no debe preocuparnos. El porvenir es consecuencia del presente, del día a día.

Mucho antes de conocer a Vicente, creo recordar que Miguel d’Ors me lo describió como un hombre esencialmente bueno, que por su propia naturaleza tendía al bien. Un elogio que todos querríamos como resumen de nuestra vida (y quien no lo quiera, es que no sabe lo que quiere).

Dejo aquí una generosa muestra de sus versos, que ahora leo como quien visita una casa abandonada.

De amicitia (algo, pero de otro)

Uno de mis poetas predilectos: Luis Rosales (1910-1992). Uno de los motivos que más a mi placer desarrolla en sus poemas: la amistad. Un poema que, sobre este tema, me lleva acompañando mucho tiempo y hasta llegué a memorizar en cierta noche granadina, el que a continuación transcribo. (El dato concreto de los nombres propios, en los dos últimos versos, tal vez solo interese a curiosos o historiadores. Algunas veces, he pensado por qué nombres de mi propia vida podría intercambiarlos). Sigue leyendo