La crisis de lo mío (como siempre)

Plinio el Joven representado en Santa María Mayor de Como (foto de http://www.religionenlibertad.com)

Ya en el s.I d.C. la cultura estaba en peligro, porque la gente es que no lee. Y ya entonces alguno veía rendijas de esperanza; diría que fundadas, a juzgar por lo larga que viene resultando esta agonía de las letras que ya dura dos milenios. El chico este de la túnica a jirones se resiste a abandonar el auditorio, a diluirse entre la turba.

Carta IV,16 De Gayo Plinio a Valerio Paulino [cursiva mea]

Alégrate en mi nombre, alégrate en el tuyo, alégrate también por nuestra sociedad: todavía perdura el honor debido a la oratoria. Hace muy poco cuando iba a hablar ante el tribunal de los centúnviros, no encontré ningún acceso para alcanzar mi lugar, a no ser pasando por el estrado de los jueces e incluso a través de los propios magistrados; el resto del recinto estaba ocupado por una enorme muchedumbre. Además, un joven distinguido que tenía sus ropas rasgadas, como a menudo sucede en medio de una muchedumbre, permaneció allí de pie cubierto solamente con su toga durante solo siete horas. Pues yo hablé durante ese tiempo con gran esfuerzo, pero con un mayor beneficio. Trabajemos, pues, y no pongamos como excusa de nuestra pereza la de otros. Existen todavía oyentes, existen todavía lectores; tenemos, pues, que producir obras dignas de ser oídas, dignas de ser escritas.

Así que menos quejarse, don Mario, y a seguir trabajando.

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Tablillas y tabletas

De http://infernomax.blogspot.com/2013/07/tabula-cerata.html

Al libro electrónico del año 2012 le sucedió una tablet al siguiente, en fechas parecidas. Al igual que el aparato anterior (y, mucho antes, que el teléfono celular), lo recibí con poca curiosidad para acabar sin embargo semanas más tarde extrañando su ausencia hasta retrospectivamente. La amable condición multiuso de la tablet, tanto para leer en múltiples formatos como para escribir mis copiosas notas, me la han convertido en compañera cuasi inseparable en ratos de ocio, salvo en los que paso dentro de los bancos porque allí los severos guachimanes, dizque por seguridad, me prohiben usarla (como prohiben mis también inseparables teléfono móvil y sombrero).
O sea que yo, que ni soñaba con tener un Moleskine en mi bolsillo mientras pudiera aprovechar las agendas baratas que regalan por ahí, ahora me encuentro exhibiendo pantallita en público y privado, con aire sospechosamente tecnosnob. Declaro en mi defensa que cuando la manejo jamás me alucino ejecutivo en vuelo de primera clase, parroquiano del divino Starbucks ni personaje de ciencia ficción. Antes bien, desearía cambiar polo por toga. También Plinio el Joven, pequeño filósofo del ocio creativo, llevaba a todas partes su tableta, de cera y no electrónica pero tableta al fin y al cabo, y a ella acudía a cada momento inspirador que pudiera distraerle de lo que lo ocupaba:
Estaba sentado junto a las redes, al lado no tenía el venablo y los dardos, sino el estilete y las tablillas de cera; pensaba algo y tomaba nota, para, si me llevaba las manos vacías, al menos llevarme las tablillas llenas. (…) Por todo ello, cuando vayas de cacería, deberás llevar contigo, según mi parecer, no solo la panera y la botellita de vino, sino también las tablillas de cera: comprobarás que, al igual que Diana, también Minerva vaga por los montes (Cartas I,6)
Aunque en esto tomar notitas cada rato lo aventajaba Plinio el Viejo, quien según nos cuenta su sobrino en otra carta (III,5), por no gastar fuerzas ni tiempo y tener las manos siempre libres para sus apuntes, se desplazaba en litera acompañado de un lector a pie, auténtico audiolibro o Walkman literal (homo andans).
Maf

 

NOTA DEL 3 DE ENERO: La vagabundia de las compras navideñas me ha hecho descubrir una marca de esos lapiceros con culete de goma para pantalla táctil llamada stylus, igual que los punzones con que se escribía sobre las históricas tablillas. Tal vez debamos más cultura sobre el mundo antiguo a la publicidad que al cine.