Educar sin instruir

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Cotidianamente se le deja claro a los papás que la educación no consiste en que los niños asimilen conocimientos en el colegio, sino habilidades, destrezas y -sobre todo- valores. Lo que pasa es que insisten tanto en ello que uno acaba oliéndose que se trata de una excusa anticipada al resultado de que los niños saldrán del colegio sin conocimientos ni para resolver un crucigrama. Lo pagamos luego los profesores de universidad que, a nuestros señores graduados, gloriosamente ingresados en nuestro centro de educación superior, debemos explicarles insondables arcanos como la mayúscula de los nombres propios, la existencia real del punto y seguido o el valor no ornamental de la tilde.

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Paradopedagógica

  1. Nadie da lo que no tiene salvo, al parecer, en pedagogía, donde se ha propagado el dogma de que lo único que un docente tiene que saber para enseñar es enseñar; el qué, qué importa. El oficio de “maestro”, expresión cada vez menos usada frente a la más pomposa de “profesor”, ya está lejos de denotar una vasta cultura (o sea un vasto conocimiento del mundo en el que vive).
  2. Que los colegios cada vez sean más parecidos a centros de recreo obliga a que los hogares (a golpe de tareas) y las Universidades (a fuerza de asignaturas de culturilla general) sean cada vez más parecidos a colegios.
  3. De igual modo, la escuela debe de ser el único lugar de nuestra época en que a la memoria no se le dedican elogios en forma de poemas, monumentos, leyes y museos. Sus exámenes son de memorizar, reprocha el alumno flojo, con el apoyo en retaguardia del profesor ignorante.

Pasa en ambos continentes. Pego aquí un comentario desde el viejo (que agradezco a Jesús Beades), y me voy a llorar a mi rincón.

Lo importante, no aburrirse

 

Recuerdo cómo uno de mis tíos, veterano profesor de Educación Física en un renombrado colegio de Granada, rezongaba en los últimos días del verano. Empezaban las reuniones preparatorias del curso, y a la dirección le había dado por introducir innovaciones pedagógicas: ya era cosa del pasado la gimnasia de flexión, tensión y estiramiento, y también al parecer el veloz deporte de balón y de carrera. En cambio, les daban una pelotita no sé si de tenis o de trapo y les enseñaban a enseñar a los niños a pasársela y hacerla bailar, unos a otros o bien en solitario. Tantos años de cancha para aquella disciplina tan poco muscular (por no llamarla de otro modo), aunque apostaría a que las calificaciones de los chicos empezaron desde aquel año a subir espectacularmente. Sigue leyendo

Lo que van a leer

[¿Demasiada prisa por volver al trabajo? Lee en El Tiempo de ayer la versión resumida, TE ADVIERTO que más sosita.]

El Tiempo (Piura) 13-1-2013

Mi hija mayor ha empezado a ir al colegio. De momento al curso de verano, que el de verdad empieza en marzo. La proverbial zancada de la memoria el primer día que la acompañamos a la puerta (parece que fue ayer que era bebé, etc.), se quedó en poca cosa cuando me puse a imaginar los años venideros.

Es el de abajo. El de arriba, por suerte no se ha dado el caso.

El de arriba, por suerte no se ha dado el caso. El de abajo, bueno… tú sigue leyendo.

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