La impaciencia

Desde que mi primogénita, hace cosa de tres años, me salió con que lo que quería hacer cuando sea mayor era “tomar vino”, mi vida familiar discurría bastante tranquila en materia de vicios tradicionales. Pero la amenaza regresó ayer, inesperada, por boca de mi segundogénita que trotaba la calle Lambayeque, más que cantando, jaleando:

—¡Dieci-o-cho! ¡Dieci-o-cho! ¡Dieci-o-cho!

—¿Qué te pasa? ¿Estás contando algo?

—¡Noo! Es que había una sala con juegos que me dijo mamá que no pueden entrar niños, y el año que hay que tener es dieciocho. ¡Dieci-o-cho! ¡Dieci-o-cho!

—Aah… ¿Y tú quieres tener ya dieciocho años para entrar a esos juegos?

—Sí, y mamá me va a comprar un bolso y un celular. ¡Dieci-o-cho! ¡Dieci-o-cho!

De manera que catorce años me quedan para prevenir la ludopatía. Menos mal, porque hay otros hijos que no avisan.

Paternidad y enseñanza

(o Hacer tradición del plagio)

Revista Amigos 80, p. 88

Revista Amigos 80, p. 88

No creo que yo vaya a ser el único: hay muchas personas que tienen su frase. Esta a veces se queda en idea fija, pero se reformula con ufanía y, durante un tiempo que puede llegar a ser muy largo, no se pierde oportunidad de meterla en el discurso. La consumación de la ufanía llega cuando, por fin, se logra colar la frase o pensamiento en los tipos de la imprenta.

Ahora, que en mi caso, cuán presto se va el plazer dijo Manrique. Sigue leyendo

Tres poemas (y míos)

Fábula 36Escribo muy poca poesía. De proponérmelo, sería capaz de escribir todavía menos. Estos versos son de los más nuevos míos, o sea no tan viejos, y los dejé salir en la Fábula donde me estrené como poeta impreso. Espero que agraden a mis lectores: a mí no me acaban de convencer el título del primero, ni la larga cabellera del segundo, pero bueno, salieron así. En cuanto al tercero, prolonga mi pequeña obsesión mobiliaria.