Como en casa no se lee en ningún lado

Se acerca el comienzo de un nuevo curso escolar, así que estoy teniendo que exponer mi vida a los graves peligros del contagio para salir a comprar los útiles requeridos por el colegio. Al regreso de una de mis expediciones, asado de calor y con la boca llena aún de mascarilla, doy pie al siguiente diálogo:
YO: Traigo un libro para Hija Mediana.*
ELLA (con alborozo): ¡Un libro!
YO: Sí, uno de los del plan lector.
ELLA (desilusionada): ¡Del plan lector!
Piensen lo que quieran los lectores, pero yo no me puedo sentir más halagado. A ocho años de distancia, parece que algo he estado haciendo un poco bien.

Es que mandan cosas muy ricas en valores (salvo literarios y gramaticales)

*Mi manera de pixelarla, porque es menor de edad.

La impaciencia

Desde que mi primogénita, hace cosa de tres años, me salió con que lo que quería hacer cuando sea mayor era “tomar vino”, mi vida familiar discurría bastante tranquila en materia de vicios tradicionales. Pero la amenaza regresó ayer, inesperada, por boca de mi segundogénita que trotaba la calle Lambayeque, más que cantando, jaleando:

—¡Dieci-o-cho! ¡Dieci-o-cho! ¡Dieci-o-cho!

—¿Qué te pasa? ¿Estás contando algo?

—¡Noo! Es que había una sala con juegos que me dijo mamá que no pueden entrar niños, y el año que hay que tener es dieciocho. ¡Dieci-o-cho! ¡Dieci-o-cho!

—Aah… ¿Y tú quieres tener ya dieciocho años para entrar a esos juegos?

—Sí, y mamá me va a comprar un bolso y un celular. ¡Dieci-o-cho! ¡Dieci-o-cho!

De manera que catorce años me quedan para prevenir la ludopatía. Menos mal, porque hay otros hijos que no avisan.

Paternidad y enseñanza

(o Hacer tradición del plagio)

Revista Amigos 80, p. 88

Revista Amigos 80, p. 88

No creo que yo vaya a ser el único: hay muchas personas que tienen su frase. Esta a veces se queda en idea fija, pero se reformula con ufanía y, durante un tiempo que puede llegar a ser muy largo, no se pierde oportunidad de meterla en el discurso. La consumación de la ufanía llega cuando, por fin, se logra colar la frase o pensamiento en los tipos de la imprenta.

Ahora, que en mi caso, cuán presto se va el plazer dijo Manrique. Sigue leyendo

Tres poemas (y míos)

Fábula 36Escribo muy poca poesía. De proponérmelo, sería capaz de escribir todavía menos. Estos versos son de los más nuevos míos, o sea no tan viejos, y los dejé salir en la Fábula donde me estrené como poeta impreso. Espero que agraden a mis lectores: a mí no me acaban de convencer el título del primero, ni la larga cabellera del segundo, pero bueno, salieron así. En cuanto al tercero, prolonga mi pequeña obsesión mobiliaria.

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