Ucronía y negritud

Vuelvo con Mandela, ya que por buscar su cita aquella me encontré con esta otra en la que el Madiba se metió a la forma más segura y a la vez más discutible de ser profeta: la de contar la historia de lo que nunca ocurrió. La reproduzco aun sospechando que podría tratarse de una de tantas genialidades apócrifas que buscan mayor audiencia en internet arrimándose a una fuente con autoridad (la mayor víctima de ellas en los últimos tiempos creo que es el papa de Roma):

Si el desarrollo del pueblo africano en su propio país no hubiera sido interrumpido por la llegada de los blancos, se habría producido un desarrollo igual al de Europa y al mismo nivel, sin ningún contacto con nadie (Fuente).
No sé cómo interpretar la frase. Por una parte, sugiere un mecánico optimismo sobre la evolución de las sociedades, propio del siglo XIX (europeo) y difícil de creer en cuanto que se confía al aislamiento geográfico y cultural. Sin embargo, podría estar más bien expresando pesimismo antropológico: una conciencia resignada de que el africano, para devastar tierras con el arma y con la máquina, más autodestruirse con el nihilismo, el hedonismo y la codicia igualito que en Europa, podría haberlo hecho él solo y sin ayuda.
Lo demás es utopía. Arcaica.
Nota de 2018: Desconocía en el momento de redactar esta entrada que la utopía susodicha tenía su propio soporte literario. Ha tenido que pasar al cine comercial para que me entere. El héroe sudafricano debía de imaginarse como realidad frustrada esta versión afromarvelita de la aldea de Astérix:

Formados para mandar

Entre el diluvio de frases mandelinas que sucedieron al fallecimiento del histórico líder sudafricano, hubo una que me pareció tan llena de buenas intenciones como expresada con poca fortuna:

 La educación es el gran motor del desarrollo personal. Es a través de la educación como la hija de un campesino puede convertirse en médico, el hijo de un minero puede convertirse en el jefe de la mina, o el hijo de trabajadores agrícolas puede llegar a ser presidente de una gran nación.

Desafortunada, por un soterrado clasismo según el cual un gobernante o un médico valen más que un campesino, y según el cual un minero educado que no se convierta en jefe de la mina es un fracaso. En fin, que las barreras que supera la escuela no son otras que las que median entre el proletariado y la burguesía o la patronal.

Tal vez la sentencia encerraba algo de la obsesión que le ha brotado al discurso pedagógico actual por “formar líderes”: en Perú, por lo menos, es un auténtico virus. Tampoco descarto que Nelson Mandela pudiera imaginar la existencia de mineros y campesinos activos y también más felices gracias a la educación, pero cuya evocación hubiera requerido de unos matices demasiado sutiles para encerrarse en la breve redondez de una frase histórica. Así somos: recordamos mejor lo corto, y también lo exagerado (de ahí el éxito de tantas memeces que ruedan en forma de memes).