Primer pago a Elena Fortún

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Considerándolo en frío, imparcialmente, es posible que haya escritores que cito mucho menos que otros, y a los que sin embargo debo mucho más. Que entraron en mi vida mucho antes, que arraigaron en mi gusto y mi memoria de manera perenne y a los que, lo más importante, he vuelto repetidas veces, aun después de décadas sin mirarlos, y siempre con la misma afición o mayor todavía.

Es el enorme caso de Elena Fortún. Devoré de niño casi la colección casi completa que teníamos de Celia y su mundo, vencidos los iniciales recelos (al fin y al cabo, sus iniciales destinatarias eran mis hermanas, que por su parte le hicieron más bien poco caso). Ya de universitario, aprovechando que la serie de TVE puso a Celia otra vez de breve moda, compré unos pocos títulos de los que nos faltaban, y una vez más, muchos años más tarde, tenté con ellos a mis hijas.

457134No solo tuve éxito, sino que descubrí que Renacimiento llevaba unos años reeditando la obra completa de la autora, de manera que hoy por fin, peinando canas, puedo presumir de tener conmigo toda la colección de Celia (juntando, eso sí, tomos de tres editoriales distintas). Sigue leyendo

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Otro cuento por Reyes

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Termina el 6 de enero, y con él las navidades. En España se trata de un final explosivo, y bastante anárquico gracias a los regalos que reciben los niños por la mañana. En Perú, la tradición más asentada es la bajada de Reyes, que en cambio tiene un claro aire de despedida y hasta su cierta solemnidad: familiares o amigos se reúnen en convite (chico, grande o muy grande, ya según) y van retirando por jerárquicos turnos, una por invitado, las figuritas del nacimiento que ha adornado la sala durante las fiestas.

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Noche de Reyes (va con cuento)

Mi “Maceta” debe tener raíces en la Europa oriental, porque en lo poco que lleva de existencia no sabe celebrar la Natividad sin la Epifanía. O sea, que es más del 6 de enero que del 25 de diciembre. Tiene sus razones para ello, y de hecho encaro esta noche con ganas de ponerme a echar de menos la tradicional fiesta de los Reyes Magos, olvidada en el Perú, y de paso reflexionar sobre globalizaciones diversas. Sin embargo, un rato de comunicación con mi familia en el Viejo Mundo me ha dejado ligero de espíritu. Así que cedo la palabra al mejor cuentista hispanoamericano del siglo XIX (mientras nadie me convenza de otra cosa), el mexicano Ángel de Campo, que tan bien se las componía con el humor y la ternura:

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Lo enorme, inerme

Así la muestra Rubens

Así la muestra Rubens

La de los tres Reyes Magos fue una inmarcesible epifanía. Esto entró en la conciencia humana cuando Gaspar, Melchor y Baltasar se postraron ante el Niño: la idea de que el signo más alto de la civilización se muestra en el respeto hacia las jerarquías inermes.

[Eugenio d’Ors, “Epifanías”, en Novísimo glosario]

B.S.O. (microcuento navideño)

A Saúl Fernández, que me obligó a escribirlo

Caminó ligero y sonriente entre aquella muchedumbre que ni le miraba con el ajetreo de sus compras. Compartió con vagabundos café y palabras cálidas. Se encaró con unos vándalos y los supo poner firmes. Conoció una belleza que le invitó a su fiesta de año nuevo, a quien él dijo que sí sin querer preguntarse cuánto habrían de durar aún su alegría, su entusiasmo, su generosidad, su delicadeza, su ingenio, su energía, su apostura, una vez que hubiera pasado el día de Reyes y se hubiera desvanecido de las calles aquella densa inundación de música clásica que le había hecho sentirse al fin protagonista de una vida de película.

Bestiario navideño

(Collage)

Adoración

Hoy mismo queda fuera de todas las justicias

despreciar como un perro al cinocéfalo,

o poner envidiosas zancadillas

al esciápodo raudo de pies como sombrillas.

Ay de aquel que, tras pasados estos días de alba nueva

vuelva a mirar a los blemias por encima de hombro alguno,

o, por más que se remita a Alejandro y Aristóteles,

moteje nunca más de monstruo a nadie.

Tres sabios han cruzado el siempre extraño Oriente

al paso sigiloso que nacen las estrellas,

camino de la tierra en que, aguardando

que una gota de sangre le regrese

el soplo luminoso de su origen,

yace la calavera de Adán, padre de todos.