Más que un plato

Fuera gracias a su amigo Ricardo Palma o bien por otras fuentes, don Benito Pérez Galdós parecía estar bien documentado sobre las cosas del Perú en su memorable novela La vuelta al mundo en la ‘Numancia’. Incluido el patrimonio culinario, como atestigua el siguiente fragmento del capítulo XV: Sigue leyendo

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Monopolitismo

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Me desconcierta un tanto la actual disputa que se entabla entre las cumbres de la política nacional por demostrar quién tiene menos nacionalidades. Equivale a una suerte de concurso de deméritos, una paradójica ostentación de tener menos experiencia y menos mundo que el interlocutor.
Por mi parte, me reafirmo en que la doble nacionalidad entraña la incuestionable ventaja de que se asumen derechos y deberes con la tierra de adopción, pero no se heredan sus traumas.
Lástima que no se puedan tener triples.
O que se pueda acabar siendo un Juan Sin Tierra.

O que, en el otro extremo, se pueda acabar siendo un Juan Sin Tierra.

Tres versiones de Martín

Diario La Nueva España, 10-11-2011

Diario La Nueva España, 10-11-2011

En el pueblo de El Berrón, corazón ferroviario de Asturias, me he pasado más de media vida contemplando los domingos una enorme imagen mural de San Martín de Tours. Detrás del altar se yergue un larguísimo caballo; los primeros años yo solo tenía ojos para él y su robusto jinete armado, de sonrisa luminosa entre las nubes turbulentas.

Aunque la importancia histórica de Martín procede de su condición de obispo, fue un episodio de su juventud de soldado el que perduró en la memoria visual de la cristiandad: el santo usó su espada para compartir su capa con un mendigo. Este acto de misericordia ha levantado suspicacias entre los proverbiales más papistas que el Papa (o hasta más cristianos que Cristo), y ha necesitado alguna que otra interpretación exculpatoria de por qué el buen legionario no se desprendió de la capa entera.

La primera exégesis que he encontrado viene avalada por nuestra literatura clásica: ante una imagen de San Martín, Don Quijote le explica a Sancho que ‘sin duda debía de ser entonces invierno, que, si no, él se la diera toda, según era de caritativo’ (II,18). De la segunda, en cambio, no sé cuál es la fuente original, y yo la recibí de mi párroco de La Carrera, el que oficiaba bajo las patas del corcel: como militar, Martín no era dueño de su ropa ni de sus armas, de manera que se quedó la parte que le correspondía al César (la del soldado bien equipado), pero la propia de sus necesidades humanas se la entregó a Dios, es decir al pobre.

En cuanto a la tercera, se la debo a un recuerdo escolar de mi madre: tras el relato del generoso gesto, una colegiala se ganó un castigo de la monja educadora por comentar desdeñosa que el santo galo-romano se notaba que era francés, porque si hubiera sido español se la habría dado toda.

Sobre héroes y rostros

La aviación del Perú ha proporcionado dos héroes reconocidos al panteón nacional. El de mayor dimensión es sin duda Jorge Chávez, a quien costó la vida convertirse en el primer piloto que atravesó los Alpes allá por 1910.

Foto tomada en un fatigoso museo de Washington. El “George” no es errata ni adaptación libre, porque así lo llamaban comúnmente en Francia, donde vivía.

Foto tomada en un fatigoso museo de Washington. El “George” no es errata ni adaptación libre, porque así lo llamaban comúnmente en Francia, donde vivía.

En cuanto al segundo lugar, de trascendencia local más que universal y antes bélica que técnica, corresponde al teniente José Abelardo Quiñones. También murió estrellado, aunque con la ventaja sobre Chávez de haberlo hecho voluntariamente y sobre la artillería enemiga. Su hazaña lo destinó a pervivir en la memoria de los peruanos por medio de la reiterada presencia de su nombre en espacios públicos y de su rostro en los verdes billetes de diez soles.  Sigue leyendo

Un filósofo inglés habla hace un siglo de su patria y uno como que se pone a pensar en la España de un siglo más tarde

Bertrand Russell

Hará una docena de años, visitó a España por primera vez el famoso filósofo y matemático Bertrand Russell. Tuvimos el honor, en esta ocasión, de tratarle a manteles. Y no dejamos de aprovechar la feliz coyuntura para saber por él de ciertas oscuras cuestiones, que nos importaban o intrigaban.

–¿Cómo es –le preguntamos, por ejemplo— que no se oye decir de republicanos en Inglaterra? ¿No los hay?

–Los hay –contestó–. Yo mismo, para no ir más lejos. Sólo que los republicanos ingleses le damos una gran importancia a una reforma que haría que la diplomacia no fuese secreta y una importancia mínima, al contrario, al hecho de que se marche el rey.

Convenía averiguar y no discutir. Pasamos, pues, a otro asunto:

–¿Qué opina usted de la cuestión irlandesa?

–Por mi parte –contestó el filósofo–, yo les daría en seguida la independencia a los irlandeses, a ver si, por fin, eran capaces de hablar de otra cosa.

[Eugenio d’Ors, “Dublín”, en Glosas desangeladas (1932)]

Se armó el Dos de Mayo

A Don Juan Alvargonzález, in memoriam*

Ya avisé que acabaría leyendo La vuelta al mundo en la “Numancia”. Admito haberme saltado mucho de la tercera parte de los Episodios nacionales, cada vez más pesados como me estaban pareciendo, y de la cuarta aunque ya remontaba un poco el vuelo, como di fe en mi nota sobre Aita Tettauen. Cierta crítica considera la cuarta serie la mejor de todo el ciclo histórico galdosiano, me parece que por prescindir de lo folletinesco y presentar un sistema ideológico más definido y un mayor número de perspectivas… Yo sigo quedándome con la primera y la segunda, y creo que precisamente por folletinescas. Sus personajes, además, me resultan más simpáticos, más justificados por su acción y no por su significado ideológico.

Sin embargo, no desmerece de ellas esta novela de La “Numancia”, como intento que se note en el siguiente artículo.

Una novela sobre el Dos de Mayo

Una sintetisísima, aquí.

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Adéu marcians?

Empiezo a sospechar, sin alegría ninguna, que cierto don de profecía aletea por mi casa. El otro día vino con la interpretación de la Escritura recibida  de boca de mi hija. Y ahora, me lo aplico yo mismo ante la noticia de los resultados de las elecciones catalanas, que infunden aire de augurio a mi reciente versión de Independence Day, por lo de la expulsión y también por lo de los tentáculos de herencia.