Sobre España y sus héroes

“No conozco ningún héroe español”, me declaró cierto alumno con un tono que invitaba a contestarle que no importa, que fuera del Perú tampoco conoce nadie a Miguel Grau. Pero es mejor morderse la lengua y reconocer que, efectivamente, en relación con la dimensión cultural y política de España a lo largo de su historia, sus héroes son más bien poco conocidos. Hasta para la misma España. Sigue leyendo

Sobre aventuras, folletín, clásicos y colonialismo (me explico)

Pío Baroja, clásico

Encuentro un comentario semihostil a mi recomendación del Shanti Andía, y lo respondo velozmente (de ahí, creo, algún anacoluto que otro, que en mis macetas suelo poner un poco más de esmero). Me ha salido tan amplio que acabo por dedicarle entrada aparte. Puede ser que haya más gente que no me haya entendido, aunque espero que ofendidos no haya muchos más.

Clásico menor (también con huella)

El patriota inculto

ZUBIAURRE-R.-Shanti-Andia

Por culpa de la recomendación que hice del Shanti Andía, quiero recordar aquí un fragmento de la novela de los muchos que se me quedaron clavados desde pronto:

Soy también patriota a mi modo, sin sentido tradicional alguno. No conozco la historia de España, y realmente no me preocupa gran cosa. Si me preguntaran quién fue Wamba o Atanagildo, me vería en un gran aprieto; pero, a pesar de no conocer nada o casi nada la historia de mi país, cuando después de un largo viaje he visto desde lejos la costa de España, he sentido siempre una gran impresión.

El recuerdo de la patria, y sobre todo de Lúzaro, de este rincón de la costa vasca donde he nacido y donde vivo, ha estado siempre presente en mi espíritu. No lo considero como un mérito; no tengo esa tendencia exclusivista de las gentes de mi pueblo. La tierra para el labrador, el mar para el marino. Discutir si esto es mejor que aquello, me parece una tontería.

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Víctimas de la modestia

En una carta a Ramiro de Maeztu, Antonio Machado acusaba recibo del libro Defensa de la Hispanidad (1934), con tanta amabilidad que nadie diría que se hallaban en trincheras políticas opuestas. Será cosa de la formación en el liberalismo decimonónico, tan lejano en aquellos tiempos en que los españoles se odiaban todavía más de lo que están volviendo a hacer hoy. Por otra parte, me encanta la razón que da el poeta del fracaso histórico del nacionalismo español y de las hinchazones retóricas (que no se suelen quedar en las palabras) de todo nacionalismo. No menciona el fútbol, supongo que también por la época o la edad:
 
… Lo que juzgo difícil, querido Maeztu, es que se despierte en España una corriente de orgullo españolista parecida al patriotismo de los franceses o de otros pueblos. Porque lo específicamente español es la modestia. Cuando el Cid Campeador de nuestro poema se dispone a combatir con los moros que tienen cercada a Valencia, llama a su mujer y a sus niñas para que vean -dice él- “cómo se gana el pan”. El heroísmo español suele tener esa elegancia de expresión. Y es que el español, y especialmente el castellano, tiene el “orgullo modesto”, quiero decir, el orgullo profundo, basado siempre en lo esencial humano, que no puede ser español, ni francés, ni teutón. En esta opinión me confirma la lectura de su libro. Sólo un español es capaz de pensar como nuestros conquistadores de América, que un indio no sea un ser superior. “Nadie es más que nadie”, reza un proverbio castellano, y lo que se quiere decir, en el fondo, es esto: por mucho que valga un hombre, nunca tendrá valor más alto que el valor de ser hombre. También es cierto que esta sobreestimación de lo humano tiene el fondo religioso cristiano que usted señala. Pero por eso mismo no es fácil que salgamos por el mundo a darnos pisto de españoles; y si sacamos la espada, antes será por Dios o por el diablo que por España. Porque España ha sido siempre muy poca cosa para un español. Tal vez sea esta la causa de nuestra decadencia actual y de nuestra pasada grandeza. Aun todavía, si habla usted de las banderas de Cristo, encontrará usted quien le siga; con la bandera española no entusiasmará usted a nadie…

Más que un plato

Fuera gracias a su amigo Ricardo Palma o bien por otras fuentes, don Benito Pérez Galdós parecía estar bien documentado sobre las cosas del Perú en su memorable novela La vuelta al mundo en la ‘Numancia’. Incluido el patrimonio culinario, como atestigua el siguiente fragmento del capítulo XV: Sigue leyendo

Monopolitismo

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Me desconcierta un tanto la actual disputa que se entabla entre las cumbres de la política nacional por demostrar quién tiene menos nacionalidades. Equivale a una suerte de concurso de deméritos, una paradójica ostentación de tener menos experiencia y menos mundo que el interlocutor.
Por mi parte, me reafirmo en que la doble nacionalidad entraña la incuestionable ventaja de que se asumen derechos y deberes con la tierra de adopción, pero no se heredan sus traumas.
Lástima que no se puedan tener triples.
O que se pueda acabar siendo un Juan Sin Tierra.

O que, en el otro extremo, se pueda acabar siendo un Juan Sin Tierra.

Sobre héroes y rostros

La aviación del Perú ha proporcionado dos héroes reconocidos al panteón nacional. El de mayor dimensión es sin duda Jorge Chávez, a quien costó la vida convertirse en el primer piloto que atravesó los Alpes allá por 1910.

Foto tomada en un fatigoso museo de Washington. El “George” no es errata ni adaptación libre, porque así lo llamaban comúnmente en Francia, donde vivía.

Foto tomada en un fatigoso museo de Washington. El “George” no es errata ni adaptación libre, porque así lo llamaban comúnmente en Francia, donde vivía.

En cuanto al segundo lugar, de trascendencia local más que universal y antes bélica que técnica, corresponde al teniente José Abelardo Quiñones. También murió estrellado, aunque con la ventaja sobre Chávez de haberlo hecho voluntariamente y sobre la artillería enemiga. Su hazaña lo destinó a pervivir en la memoria de los peruanos por medio de la reiterada presencia de su nombre en espacios públicos y de su rostro en los verdes billetes de diez soles.  Sigue leyendo