América, latina

Cierto giro reciente en el proceso electoral, que probablemente no pasa de anécdota, me ha hecho pensar en la política peruana, no remontándome esta vez al feudalismo medieval, sino mucho más atrás, a los fundacionales tiempos de la república romana.

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Ay, qué buenos son

(Confesiones de un pequeño bebedor social, 4 y ya no más)

1. NUNC EST BIBENDUM

2. silencio, rioja

3. in birra veritas

Sobre otros licores que no sean el rey y la reina, no me sobran las anécdotas con pretensión de categoría. Como en mis dos tratados anteriores –y voy viendo que en mi vida entera–, es mi emigración al Perú la que me procura mayores cambios.

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La decadencia exigida

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Andan los medios en España algo revueltos, aparte de por cuestiones importantes, por asuntos de historiografía, quién lo iba a decir. Cómo estará el encono que hasta el diario superpoderoso se esmera en desautorizar a la historiadora de la polémica.
En mis primeras semanas de estudiante universitario, varios profesores míos celebraban cómo nos habíamos librado, después de cuarenta años de dictadura, de una historia oficial. Me parece que estas y otras polémicas revelan, entre otras cosas, que ya estamos echando de menos aquella, o cualquier otra, siempre y cuando sea lo suficientemente oficial como para que confirme lo que ya sabíamos o lo que deseamos. que en este caso, por abrumadora mayoría, parece ser una convicción providencialista de España como país destinado a ser primera potencia política y cultural de Occidente. La disputa viene cuando se trata de identificar al culpable de que no haya sido así: por dejarse influir por el extranjero o por no haberse dejado; por expulsar o por no expulsar; por rendirse o por resistir…

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Jimena feminista, Rodrigo liberal

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Dentro de esa tendencia que ya se anunciaba de publicaciones sobre el Cid, la más reciente parece ser un libro de pura historia,  El Cid, historia y mito de un señor de la guerra, de David Porrinas.

De toda la sustancia que trasluce en las entrevistas y reseñas que leo sobre él, me ha agradado, por supuesto, ver confirmada mi hipótesis del otro día sobre el estilo musulmán de Rodrigo Díaz como señor de Valencia. Que la mayoría de su hueste fuese mora es nuevo para mí, pero tampoco extraña: puestos a trazar paralelos históricos, la mayoría de las tropas de la España imperial no eran españolas, y también las tropas de Cortés y Pizarro (o las de Canterac y La Serna) contaban con más indios que españoles.

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Del Cid o de los Cides

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 El cronista anónimo se lo hace decir a ese mismo pueblo en el viejo romance del Cid, y uno recuerda con frecuencia sus palabras cuando considera la triste historia de nuestras gentes, que siempre dieron lo mejor de sí mismas, su inocencia, su dinero, su trabajo y su sangre, viéndose en cambio tan mal pagadas: «Qué buen vasallo que fuera, si tuviese buen señor» (Arturo Pérez-Reverte, El capitán Alatriste,VI).

En fin. Que allí, en Santa Helena, el Enano seguía haciendo memoria. A vueltas con los españoles y el Cid, la cita era algo del tipo «qué buen vasallo que fuera si tuviese buen señor» (Arturo Pérez-Reverte, La sombra del águila VIII).

Y confirmando así unos y otros, rojos y azules, otra vez en  nuestra triste historia, aquel viejo dicho medieval que parece nuestra eterna maldición nacional: “Qué buen vasallo que fuera, si tuviese buen señor” (Arturo Pérez-Reverte,  Una historia de España LXXXI)

No llego a más citas. Creo que había otra del mismo estilo en El húsar, primera novela del escritor, pero no la tengo a mano para refrescarme la memoria. En todo caso, estas poquitas me llevan a recibir sin mucha sorpresa el anuncio de que el autor de El capitán Alatriste va a dedicarle un libro a Rodrigo Díaz de Vivar. La noticia me ha llevado más bien a preguntarme cómo es que ha tardado tanto. Es de esperar que esta vez le saque jugo a otros pasajes del Cantar, del romancero o de la historia.

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Adéu marcians

Otro texto microcuento, más bien nanocuento, que me dejó bastante orondo y que creía perdido para la red, hasta que lo encontré la copia entre mis archivos de imágenes

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En “Clarín”: “Privatizaciones”

Clarín

La excelente revista literaria Clarín ha tenido la gentileza de publicarme en su nuevo número una pequeña colección de aforismos, que confío a la benevolencia de los lectores españoles y americanos.

Privatizaciones Clarín

Sobre España y sus héroes

“No conozco ningún héroe español”, me declaró cierto alumno con un tono que invitaba a contestarle que no importa, que fuera del Perú tampoco conoce nadie a Miguel Grau. Pero es mejor morderse la lengua y reconocer que, efectivamente, en relación con la dimensión cultural y política de España a lo largo de su historia, sus héroes son más bien poco conocidos. Hasta para la misma España. Sigue leyendo

Sobre aventuras, folletín, clásicos y colonialismo (me explico)

Pío Baroja, clásico

Encuentro un comentario semihostil a mi recomendación del Shanti Andía, y lo respondo velozmente (de ahí, creo, algún anacoluto que otro, que en mis macetas suelo poner un poco más de esmero). Me ha salido tan amplio que acabo por dedicarle entrada aparte. Puede ser que haya más gente que no me haya entendido, aunque espero que ofendidos no haya muchos más.

Clásico menor (también con huella)

Nota de 2018: Para más rigurosa definición, no por ello menos amena, del género de la “novela de aventuras históricas”, remito al blog Ínsula Barañaria del profesor Carlos Mata Induráin. Tanto sobre el  representante mayor de este género menor (en España al menos), como sobre Navarro Villoslada.

El patriota inculto

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Por culpa de la recomendación que hice del Shanti Andía, quiero recordar aquí un fragmento de la novela de los muchos que se me quedaron clavados desde pronto:

Soy también patriota a mi modo, sin sentido tradicional alguno. No conozco la historia de España, y realmente no me preocupa gran cosa. Si me preguntaran quién fue Wamba o Atanagildo, me vería en un gran aprieto; pero, a pesar de no conocer nada o casi nada la historia de mi país, cuando después de un largo viaje he visto desde lejos la costa de España, he sentido siempre una gran impresión.

El recuerdo de la patria, y sobre todo de Lúzaro, de este rincón de la costa vasca donde he nacido y donde vivo, ha estado siempre presente en mi espíritu. No lo considero como un mérito; no tengo esa tendencia exclusivista de las gentes de mi pueblo. La tierra para el labrador, el mar para el marino. Discutir si esto es mejor que aquello, me parece una tontería.

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Víctimas de la modestia

En una carta a Ramiro de Maeztu, Antonio Machado acusaba recibo del libro Defensa de la Hispanidad (1934), con tanta amabilidad que nadie diría que se hallaban en trincheras políticas opuestas. Será cosa de la formación en el liberalismo decimonónico, tan lejano en aquellos tiempos en que los españoles se odiaban todavía más de lo que están volviendo a hacer hoy. Por otra parte, me encanta la razón que da el poeta del fracaso histórico del nacionalismo español y de las hinchazones retóricas (que no se suelen quedar en las palabras) de todo nacionalismo. No menciona el fútbol, supongo que también por la época o la edad:
 
… Lo que juzgo difícil, querido Maeztu, es que se despierte en España una corriente de orgullo españolista parecida al patriotismo de los franceses o de otros pueblos. Porque lo específicamente español es la modestia. Cuando el Cid Campeador de nuestro poema se dispone a combatir con los moros que tienen cercada a Valencia, llama a su mujer y a sus niñas para que vean -dice él- “cómo se gana el pan”. El heroísmo español suele tener esa elegancia de expresión. Y es que el español, y especialmente el castellano, tiene el “orgullo modesto”, quiero decir, el orgullo profundo, basado siempre en lo esencial humano, que no puede ser español, ni francés, ni teutón. En esta opinión me confirma la lectura de su libro. Sólo un español es capaz de pensar como nuestros conquistadores de América, que un indio no sea un ser superior. “Nadie es más que nadie”, reza un proverbio castellano, y lo que se quiere decir, en el fondo, es esto: por mucho que valga un hombre, nunca tendrá valor más alto que el valor de ser hombre. También es cierto que esta sobreestimación de lo humano tiene el fondo religioso cristiano que usted señala. Pero por eso mismo no es fácil que salgamos por el mundo a darnos pisto de españoles; y si sacamos la espada, antes será por Dios o por el diablo que por España. Porque España ha sido siempre muy poca cosa para un español. Tal vez sea esta la causa de nuestra decadencia actual y de nuestra pasada grandeza. Aun todavía, si habla usted de las banderas de Cristo, encontrará usted quien le siga; con la bandera española no entusiasmará usted a nadie…

Más que un plato

Fuera gracias a su amigo Ricardo Palma o bien por otras fuentes, don Benito Pérez Galdós parecía estar bien documentado sobre las cosas del Perú en su memorable novela La vuelta al mundo en la ‘Numancia’. Incluido el patrimonio culinario, como atestigua el siguiente fragmento del capítulo XV: Sigue leyendo

Monopolitismo

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Me desconcierta un tanto la actual disputa que se entabla entre las cumbres de la política nacional por demostrar quién tiene menos nacionalidades. Equivale a una suerte de concurso de deméritos, una paradójica ostentación de tener menos experiencia y menos mundo que el interlocutor.
Por mi parte, me reafirmo en que la doble nacionalidad entraña la incuestionable ventaja de que se asumen derechos y deberes con la tierra de adopción, pero no se heredan sus traumas.
Lástima que no se puedan tener triples.

O que se pueda acabar siendo un Juan Sin Tierra.

O que, en el otro extremo, se pueda acabar siendo un Juan Sin Tierra.

Tres versiones de Martín

Diario La Nueva España, 10-11-2011

Diario La Nueva España, 10-11-2011

En el pueblo de El Berrón, corazón ferroviario de Asturias, me he pasado más de media vida contemplando los domingos una enorme imagen mural de San Martín de Tours. Detrás del altar se yergue un larguísimo caballo; los primeros años yo solo tenía ojos para él y su robusto jinete armado, de sonrisa luminosa entre las nubes turbulentas.

Aunque la importancia histórica de Martín procede de su condición de obispo, fue un episodio de su juventud de soldado el que perduró en la memoria visual de la cristiandad: el santo usó su espada para compartir su capa con un mendigo. Este acto de misericordia ha levantado suspicacias entre los proverbiales más papistas que el Papa (o hasta más cristianos que Cristo), y ha necesitado alguna que otra interpretación exculpatoria de por qué el buen legionario no se desprendió de la capa entera.

La primera exégesis que he encontrado viene avalada por nuestra literatura clásica: ante una imagen de San Martín, Don Quijote le explica a Sancho que ‘sin duda debía de ser entonces invierno, que, si no, él se la diera toda, según era de caritativo’ (II,18). De la segunda, en cambio, no sé cuál es la fuente original, y yo la recibí de mi párroco de La Carrera, el que oficiaba bajo las patas del corcel: como militar, Martín no era dueño de su ropa ni de sus armas, de manera que se quedó la parte que le correspondía al César (la del soldado bien equipado), pero la propia de sus necesidades humanas se la entregó a Dios, es decir al pobre.

En cuanto a la tercera, se la debo a un recuerdo escolar de mi madre: tras el relato del generoso gesto, una colegiala se ganó un castigo de la monja educadora por comentar desdeñosa que el santo galo-romano se notaba que era francés, porque si hubiera sido español se la habría dado toda.

Sobre héroes y rostros

La aviación del Perú ha proporcionado dos héroes reconocidos al panteón nacional. El de mayor dimensión es sin duda Jorge Chávez, a quien costó la vida convertirse en el primer piloto que atravesó los Alpes allá por 1910.

Foto tomada en un fatigoso museo de Washington. El “George” no es errata ni adaptación libre, porque así lo llamaban comúnmente en Francia, donde vivía.

Foto tomada en un fatigoso museo de Washington. El “George” no es errata ni adaptación libre, porque así lo llamaban comúnmente en Francia, donde vivía.

En cuanto al segundo lugar, de trascendencia local más que universal y antes bélica que técnica, corresponde al teniente José Abelardo Quiñones. También murió estrellado, aunque con la ventaja sobre Chávez de haberlo hecho voluntariamente y sobre la artillería enemiga. Su hazaña lo destinó a pervivir en la memoria de los peruanos por medio de la reiterada presencia de su nombre en espacios públicos y de su rostro en los verdes billetes de diez soles.  Sigue leyendo

Un filósofo inglés habla hace un siglo de su patria y uno como que se pone a pensar en la España de un siglo más tarde

Bertrand Russell

Hará una docena de años, visitó a España por primera vez el famoso filósofo y matemático Bertrand Russell. Tuvimos el honor, en esta ocasión, de tratarle a manteles. Y no dejamos de aprovechar la feliz coyuntura para saber por él de ciertas oscuras cuestiones, que nos importaban o intrigaban.

–¿Cómo es –le preguntamos, por ejemplo— que no se oye decir de republicanos en Inglaterra? ¿No los hay?

–Los hay –contestó–. Yo mismo, para no ir más lejos. Sólo que los republicanos ingleses le damos una gran importancia a una reforma que haría que la diplomacia no fuese secreta y una importancia mínima, al contrario, al hecho de que se marche el rey.

Convenía averiguar y no discutir. Pasamos, pues, a otro asunto:

–¿Qué opina usted de la cuestión irlandesa?

–Por mi parte –contestó el filósofo–, yo les daría en seguida la independencia a los irlandeses, a ver si, por fin, eran capaces de hablar de otra cosa.

[Eugenio d’Ors, “Dublín”, en Glosas desangeladas (1932)]

Se armó el Dos de Mayo

A Don Juan Alvargonzález, in memoriam*

Ya avisé que acabaría leyendo La vuelta al mundo en la “Numancia”. Admito haberme saltado mucho de la tercera parte de los Episodios nacionales, cada vez más pesados como me estaban pareciendo, y de la cuarta aunque ya remontaba un poco el vuelo, como di fe en mi nota sobre Aita Tettauen. Cierta crítica considera la cuarta serie la mejor de todo el ciclo histórico galdosiano, me parece que por prescindir de lo folletinesco y presentar un sistema ideológico más definido y un mayor número de perspectivas… Yo sigo quedándome con la primera y la segunda, y creo que precisamente por folletinescas. Sus personajes, además, me resultan más simpáticos, más justificados por su acción y no por su significado ideológico.

Sin embargo, no desmerece de ellas esta novela de La “Numancia”, como intento que se note en el siguiente artículo.

Una novela sobre el Dos de Mayo

Una sintetisísima, aquí.

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Adéu marcians?

Empiezo a sospechar, sin alegría ninguna, que cierto don de profecía aletea por mi casa. El otro día vino con la interpretación de la Escritura recibida  de boca de mi hija. Y ahora, me lo aplico yo mismo ante la noticia de los resultados de las elecciones catalanas, que infunden aire de augurio a mi reciente versión de Independence Day, por lo de la expulsión y también por lo de los tentáculos de herencia.