B.S.O. (microcuento navideño)

A Saúl Fernández, que me obligó a escribirlo

Caminó ligero y sonriente entre aquella muchedumbre que ni le miraba con el ajetreo de sus compras. Compartió con vagabundos café y palabras cálidas. Se encaró con unos vándalos y los supo poner firmes. Conoció una belleza que le invitó a su fiesta de año nuevo, a quien él dijo que sí sin querer preguntarse cuánto habrían de durar aún su alegría, su entusiasmo, su generosidad, su delicadeza, su ingenio, su energía, su apostura, una vez que hubiera pasado el día de Reyes y se hubiera desvanecido de las calles aquella densa inundación de música clásica que le había hecho sentirse al fin protagonista de una vida de película.

Cine, música y espadas

Por su propio interés, que es mucho, y (lo admito) porque al final “salgo”, enlazo un artículo  sobre la música, el cine y cómo juntos enriquecen nuestra manera de ver el mundo.

Y otro como homenaje a un artista de cine que durante años fue uno de mis favoritos, y yo sin saberlo y ni tan siquiera verlo (aunque alguna vez se enfundó la pesada armadura de Darth Vader). Que Pablo de Tarso, Martín de Tours y otros santos espadachines le hagan buena guardia en las alturas.

[Remito también al libro Blandir la espada, de Richard Cohen, que un amable Destino publicó el mismo único año que me dediqué a blandirla].