Ulises, épico y moderno

Notas, por si sirven, para profesores y estudiantes

Mosaico Ulises Polifemo

Con el cine de género, la épica degeneró. Al menos, respecto a su concepto original. Lo cierto es que el término, en los últimos años, ha caído en la insoportable vaguedad de ser cualquier cosa: bromas épicas, celebraciones épicas…

Pero ya de mucho antes, tampoco era necesario frecuentar las aulas para oír hablar de películas o novelas épicas (a menudo trilogías o series). Esto no suele significar otra cosa que unos relatos de ambientación fabulosa, que evoca tiempos remotos de manera poco realista. En ellos, los conflictos se resuelven mediante el enfrentamiento violento, masivo y continuado, cuerpo a cuerpo a ser posible; en cuanto a sus héroes, encarnan valores positivos universales o con pretensión de serlo. Sigue leyendo

Tres poemas (y míos)

Fábula 36Escribo muy poca poesía. De proponérmelo, sería capaz de escribir todavía menos. Estos versos son de los más nuevos míos, o sea no tan viejos, y los dejé salir en la Fábula donde me estrené como poeta impreso. Espero que agraden a mis lectores: a mí no me acaban de convencer el título del primero, ni la larga cabellera del segundo, pero bueno, salieron así. En cuanto al tercero, prolonga mi pequeña obsesión mobiliaria.

El hilo de Penélope

Odysseus_und_Penelope_(Tischbein)Pocas historias habrán conocido mayor número de versiones y reversiones que la Odisea. Los personajes eran lo bastante atractivos, el mito lo bastante rico y sugerente como para que no ocurriera así.

Existe todo un ciclo involuntario de epílogos. Por ejemplo, ¿cómo acabó sus días Ulises? Según algunos, habría muerto en Ítaca a manos de Telégono, el hijo que tuvo con Circe mientras Penélope lo esperaba fielmente (aunque esto también hay quien lo discuta). Homero tenía en la cabeza otro destino más feliz, que adelanta en el canto XI por boca del adivino Tiresias:

Después de que hayas matado a los pretendientes en tu palacio con engaño o bien abiertamente con el agudo bronce, toma un bien fabricado remo y ponte en camino hasta que lle­gues a los hombres que no conocen el mar ni comen la comida sazonada con sal; tampoco conocen éstos naves de rojas proas ni remos fabricados a mano, que son alas para las naves. Con­que te voy a dar una señal manifiesta y no te pasará desaperci­bida: cuando un caminante te salga al encuentro y te diga que llevas un bieldo sobre tu espléndido hombro, clava en tierra el remo fabricado a mano y, realizando hermosos sacrificios al soberano Poseidón ‑un carnero, un toro y un verraco semen­tal de cerdas‑ vuelve a casa y realiza sagradas hecatombes a los dioses inmortales, los que ocupan el ancho cielo, a todos por orden. Y entonces te llegará la muerte fuera del mar, una muerte muy suave que te consuma agotado bajo la suave vejez.

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La Odisea, poema de la hospitalidad

(Pedazo de conferencia en el Ilustre Colegio de Abogados de Piura, el pasado 26 de mayo)

Ulises y los pretendientes (de ual)

De los poemas de Homero, la Iliada es un texto de ecos culturales más antiguos que su presunta continuación. En el poema de la guerra de Troya y de la cólera de Aquiles, los dioses se muestran no diré que desinteresados del destino de los hombres, pero sí que interesados en él de una manera caprichosa. Podríamos ver allí un reflejo del paganismo más esencial, en que las fuerzas naturales son tan indiferentes a la interioridad del ser humano como implacables al reclamar lo que les corresponde.

De la Odisea, aventura particular frente a la gran empresa “nacional” de Troya, nos interesa en cambio que los dioses aparecen como garantes de la moralidad, las leyes y la convivencia. Ya no son meros ejecutores de un arbitrario destino superior a sus fuerzas, ni tampoco indiferentes al peso moral de las acciones humanas. En el primer canto del poema, donde los dioses deciden de común acuerdo favorecer el retorno de Ulises, el propio Zeus se lamenta de la siguiente manera:

¡Ay, ay, cómo culpan los mortales a los dioses! Pues de nosotros, dicen, proceden los males. Pero también ellos por su estupidez soportan dolores más allá de lo que les corresponde.

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Ítaca concéntrica

o Todo lo que entraña armar un mueble

Odisea XXIII: Tras matar a los pretendientes de su esposa -hecho bien conocido por el vulgo- y también a las esclavas traidoras de la casa -acción menos publicitada-, Odiseo hace llamar a Penélope. Ella, por supuesto, no se fía: está tan bien informada como cualquiera de cómo los dioses mudan las apariencias. Sin ir más lejos, la de ese mismo mendigo que ahora se presenta ante sus ojos como varón triunfante y afirmando ser el padre de su único hijo, su esposo el rey al que lleva veinte años sin ver. Mujer rica en ardides, hace amago de ordenar a la anciana Euriclea que saque el lecho matrimonial de sus aposentos para que el fatigado señor de la casa pueda descansar allí mismo. Entonces Odiseo monta en cólera: Sigue leyendo

Mitos cercanos

Preparo clases en la oficina. La Odisea, Edipo rey. Personajes cuyo destino fija una ley arrolladora, impersonal, anterior y superior a los propios dioses del Olimpo. Y, sin embargo, se alzan en ella héroes sin resignación, que luchan contra aquello que inevitablemente ocurrirá.

Miro a un lado y descubro cómo al decorar mi biblioteca, sin darme cuenta, he recreado ese mismo tema inagotable.