Ciudad de bronce

De blogeducastures

De blog.educastur.es

La ciudad llegó a tener más estatuas que habitantes. Los pocos que quedaban se  miraban, frágiles y vivos, con más admiración que a la obra de arte más perfecta. 

Anuncios

Nada se está quieto

(Manuel Ballesteros, Saberlo antes, Barcelona, Alrevés, 2010. 127 pp.)

Conocía yo de hace tiempo la buena poesía de Manuel Ballesteros (desde sus libros Invitación al viaje, de 1995, y El amanecer de la alabanza, con el que ganó el premio Ateneo Jovellanos de poesía)*, y cuando llevaba tanto tiempo sin saber de él, heme aquí repasando un nuevo libro suyo, pero de cuentos, al que debo deliciosas horas de vuelo hace unos meses, entre el Cusco y Piura. Sigue leyendo

Adéu marcians?

Empiezo a sospechar, sin alegría ninguna, que cierto don de profecía aletea por mi casa. El otro día vino con la interpretación de la Escritura recibida  de boca de mi hija. Y ahora, me lo aplico yo mismo ante la noticia de los resultados de las elecciones catalanas, que infunden aire de augurio a mi reciente versión de Independence Day, por lo de la expulsión y también por lo de los tentáculos de herencia.

Transición

Desaparecido al fin el Gran Tirano, la oposición olvidó miedos y rencillas para iniciar una activa presión cívica en favor del retorno a la democracia. No tardaron en cosechar esperanzas: ya sin el cobijo de su sombra legendaria, los arrimados al Gran Tirano no osaban repetir antiguas contundencias y se apresuraban a abandonar sus cargos, desde el último alcalde de provincias hasta el otrora resplandeciente Gran Baboso. Tras largos preparativos y arduos pactos, llegaron las primeras elecciones, y después la decepción de quienes habían luchado por ellas durante casi medio siglo: al cierre de las urnas presenciaban el encumbramiento, gracias al voto popular, del mismísimo Gran Baboso.

En exultante aunque formal rueda de prensa, el Baboso reiteró su verdadera postura ante el régimen del Gran Tirano: “Yo no le baboseaba, señoras y señores… ¡Le escupía con moderación!”.

(Para una versión  “peruanizada” anterior, ver aquí. Repito la ilustración porque me veo incapaz de superarla).