Madre de cautivo

La cautiva

La cautiva

Los manuales escolares, herramientas que garantizan la historia oficial, ofrecen un pobre esquema narrativo de indios contra blancos o de americanos contra españoles, más allá del cual hay una historia riquísima. Ahí está la de la caída del Tahuantinsuyo o de Tenochtitlán ante ejércitos de indios, y luego tantas posteriores alianzas entre blancos e indios contra otros indios y otros blancos. Si en algún momento de la historia los indios de verdad pensaron que los españoles eran dioses –a mí me suena, insisto, a historia oficial–, ciertamente tuvieron siglos después para percibirlos como una simple tribu más, de costumbres algo excéntricas, a la que odiar y temer o con la que contar para hacer la guerra a sus vecinos, que es al fin y al cabo lo que a todos los revelaba como igualmente humanos e hijos de Caín. Sigue leyendo

Apon a taim in Mécsicou

Edificio Guardiola

Durante cerca de un siglo, “Casa Prendes” fue el nombre de uno de los mas afamados restaurantes de la ciudad de México. Por otra parte, un centro financiero emblemático de la capital azteca es el llamado edificio Guardiola (en total congruencia con el significado catalán de la palabra).
Tuve el acierto de firmar mi primer libro con ambos apellidos, desoyendo consejos adversos, lo que tal vez ayudara a la benevolencia con que me acogió el auditorio de El Colegio de México cuando me vi en ocasión de presentarlo. Fui introducido con halagadora conjunción adversativa: “El autor se llama Manuel Prendes Guardiola, y sin embargo dice que no es mexicano”.
LnnFGDesde entonces, la confusión ha sido para mí tan poco frecuente como causa de alegría y agradecimiento. Este año, el favor me lo ha hecho no sé qué boletinista del Colegio de Abogados de Piura, quién sabe qué impresión se llevaría de mí como conferenciante:
Manuel Prendes Guardiola "Mexicano"
Será que pasé demasiado feliz aquel lejano mes saltando entre microbuses por la megalópolis como Tarzán de rama en rama. México sigue siendo el tercer país donde tengo más lectores. Algo habrá.

El trono y la aventura

La historia europea del siglo XIX produjo dos tipos humanos trascendentales. Uno pasivo: el del príncipe de encargo. Miembro de rancia y fecunda dinastía, asciende a un trono recién creado a fin de lograr el consenso entre los intereses de los poderes locales y las grandes potencias. Aquel nuevo invento de las repúblicas era todavía demasiado inestable (los experimentos, con gaseosa); ante el demostrado revuelo continental que podía levantar la coronación de un advenedizo como Bonaparte, mejor dejarlo en manos de individuos sanguíneamente preparados para empuñar el cetro. Sobraban en Europa tanto naciones emancipadas como príncipes sin trabajo, Leopoldos para Bélgica, Otones y Jorges para Grecia, Fernandos para Rumanía, Amadeos para España… Sigue leyendo