Los puentes de Madison (Francia, siglo XII)

Puentes de Madison
Entre peste y peste, algún día debió de haber en la Edad Media en que se aplanara la curva de infectados, la malcasada pudiera salir a la puerta de su casa a tomar el aire y el caballero andante tuviera con ella un parrafito.
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De recuerdos y trofeos

Maletín

Todos tenemos pertenencias que guardamos como recuerdo, porque ciertas personas han puesto amor en ellas para entregárnoslas. Otras, en cambio, se guardan como trofeo: somos nosotros quienes en ellas hemos depositado, si no amor, alguna otra pasión, hasta lograrlas adquirir y atesorar. 
En este sentido, quizá el objeto más valioso de mi casa, porque participa de ambas condiciones, sea mi cubertería. Y eso sin habérmelo propuesto.

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Fiesta y vino hacen milagros

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Bajo dos perspectivas diferentes, acojo aquí dos poemas que coinciden en recrear el mismo episodio y en su interpretación. Refuerzan la de aquella memorable lectura  para una inolvidable boda: el milagro como locura festiva y embriaguez compartida entre el Hacedor y a quienes decide agasajar, muy especialmente, en ciertas ocasiones.
Caná Ballesteros Limache

A la izquierda, de Manuel Ballesteros, Poesía [1995-2014], p. 446. A la derecha, de Óscar Limache, Viaje a la lengua del puercoespín, p. 66

 

Musto pleni

Pentecotésd, por el Greco

Viene en el segundo capítulo del libro de los Hechos. A los discípulos se les habrá pasado ya el embobamiento de la Ascensión (“¿Por qué siguen mirando el cielo?”); la cara que ahora tienen probablemente sea un mudo “Y ahora, ¿qué?”. La misma que tres de ellos debieron de tener cuando bajaban del monte Tabor.

Pocos días después, el Espíritu que irrumpe. Viento, lenguas de fuego sobre sus cabezas. Se les abren los labios y el entendimiento, y así salen no solo hablando idiomas extraños, sino sobre todo sabiendo ya qué es lo que tienen que anunciar al mundo. Y, más raro todavía, se les debe de ver locos de alegría, puro entusiasmo en esa babel donde ya todos se entienden. Tanto, que muchos que los miran se burlan y dicen de ellos que “están llenos de vino”. Sigue leyendo

Lector a dieta

Mientras que conozco algún que otro exquisito para quien los placeres físicos y los intelectuales ni retóricamente se pueden comparar, a mí en cambio me suelen resultar comparables, idénticos y vecinos hasta el suspiro final.

El arte es alimento, y la sensibilidad admite variables gustos e intensidades: Sigue leyendo

Ítaca concéntrica

o Todo lo que entraña armar un mueble

Odisea XXIII: Tras matar a los pretendientes de su esposa -hecho bien conocido por el vulgo- y también a las esclavas traidoras de la casa -acción menos publicitada-, Odiseo hace llamar a Penélope. Ella, por supuesto, no se fía: está tan bien informada como cualquiera de cómo los dioses mudan las apariencias. Sin ir más lejos, la de ese mismo mendigo que ahora se presenta ante sus ojos como varón triunfante y afirmando ser el padre de su único hijo, su esposo el rey al que lleva veinte años sin ver. Mujer rica en ardides, hace amago de ordenar a la anciana Euriclea que saque el lecho matrimonial de sus aposentos para que el fatigado señor de la casa pueda descansar allí mismo. Entonces Odiseo monta en cólera: Sigue leyendo