Aniversario

(… y cito porque me toca)

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Miguel d’Ors, El misterio de la felicidad (Antología poética), Sevilla, Renacimiento, 2009, pp. 172-173

Musto pleni

Pentecotésd, por el Greco

Viene en el segundo capítulo del libro de los Hechos. A los discípulos se les habrá pasado ya el embobamiento de la Ascensión (“¿Por qué siguen mirando el cielo?”); la cara que ahora tienen probablemente sea un mudo “Y ahora, ¿qué?”. La misma que tres de ellos debieron de tener cuando bajaban del monte Tabor. Y pocos días después, el Espíritu que irrumpe. Viento, lenguas de fuego sobre sus cabezas. Se les abren los labios y el entendimiento, y así salen no solo hablando idiomas extraños, sino sobre todo sabiendo ya qué es lo que tienen que anunciar al mundo. Y, más raro todavía, se les debe de ver locos de alegría, puro entusiasmo en esa babel donde ya todos se entienden. Tanto que muchos que los miran se burlan y dicen de ellos que “están llenos de vino”. Sigue leyendo

Lector a dieta

Mientras que conozco algún que otro exquisito para quien los placeres físicos y los intelectuales ni retóricamente se pueden comparar, a mí en cambio me suelen resultar comparables, idénticos y vecinos hasta el suspiro final.

El arte es alimento, y la sensibilidad admite variables gustos e intensidades: Sigue leyendo

Ítaca concéntrica

o Todo lo que entraña armar un mueble

Odisea XXIII: Tras matar a los pretendientes de su esposa -hecho bien conocido por el vulgo- y también a las esclavas traidoras de la casa -acción menos publicitada-, Odiseo hace llamar a Penélope. Ella, por supuesto, no se fía: está tan bien informada como cualquiera de cómo los dioses mudan las apariencias. Sin ir más lejos, la de ese mismo mendigo que ahora se presenta ante sus ojos como varón triunfante y afirmando ser el padre de su único hijo, su esposo el rey al que lleva veinte años sin ver. Mujer rica en ardides, hace amago de ordenar a la anciana Euriclea que saque el lecho matrimonial de sus aposentos para que el fatigado señor de la casa pueda descansar allí mismo. Entonces Odiseo monta en cólera: Sigue leyendo

Magia, misterio, cumplimiento

En el el sexto aniversario de cuando me echaron el anillo al dedo, he releído el poema “Matrimonio” de Rafael Cadenas:

Todo, habitual,

sin magia,

sin los aderezos que usa la retórica,

sin esos atavíos con que se suele recargar el misterio.

Líneas puras, sin más, de cuadro clásico.

Un transcurrir lleno de antigüedad,

de médula cotidiana, de cumplimiento.

Como de gente que abre a la hora de siempre.

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Amar y mirarse

No sé ya dónde de la red, me he vuelto a encontrar hace poco  con uno de los aforismos más celebrados de nuestra civilización. Aunque no está en El Principito, vi que se lo atribuían a Saint-ExúperyAmar no es mirarse el uno al otro, es mirar juntos en la misma dirección.

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