“La casa encendida”: recomendación anecdográfica

(La serena y oficial se encuentra aquí)

35679756

Mi reducida experiencia me sugiere que, salvo casos excepcionales más comunes de lo que parecen, el descubrimiento de la poesía como arte, vocación o cosa seria en todo caso empezaba con la lectura escolar de Bécquer y algunos poetas del 27 (pongamos que Salinas o el Lorca y el Alberti neopopularistas), y quienes no se quedaban allí daban su siguiente paso con Neruda, sobre todo sus Veinte poemas. Mi caso, en ese sentido, de excepcional tiene muy poco. Fue el paso siguiente el que fue más personal, para mí medio epifánico.

Sigue leyendo

Anuncios

Arte alimento

Ñam ñam… (Bodegón de Sánchez Cotán prestado de http://entrelibrosypucheros.blogspot.com/)

Que el arte es alimento del alma es una imagen que tal vez no maneje todo el mundo, pero con la que seguro que pocos dejarán de estar de acuerdo. No es que suene a gran novedad siquiera, pero como no todos, aun sabiéndola, sabrían explicarla (tanto cuesta verbalizar lo evidente: La estrella es tan clara que / no todo el mundo la ve, escribió navideñamente Luis Rosales), lo apunto aquí con las palabras de Susan Sontag:

Varias veces he aplicado ya a la obra de arte la metáfora de un «modo de nutrición». El llegar a impli­carse en la obra de arte comporta, a no dudar, la expe­riencia de desprenderse del mundo. Pero la obra de arte por sí misma resulta también un objeto vibrante, mágico y ejemplar, que nos devuelve al mundo de alguna mane­ra más receptivos y enriquecidos (en “Sobre el estilo” II; traducción de Horacio Vázquez-Rial).

Ceci n’est pas un affiche publicitaire

Ceci n’est pas un affiche publicitaire

De amicitia (algo, pero de otro)

Uno de mis poetas predilectos: Luis Rosales (1910-1992). Uno de los motivos que más a mi placer desarrolla en sus poemas: la amistad. Un poema que, sobre este tema, me lleva acompañando mucho tiempo y hasta llegué a memorizar en cierta noche granadina, el que a continuación transcribo. (El dato concreto de los nombres propios, en los dos últimos versos, tal vez solo interese a curiosos o historiadores. Algunas veces, he pensado por qué nombres de mi propia vida podría intercambiarlos). Sigue leyendo