Recomendación literaria: las ficciones de Luis Loayza

elavaroloayza

A la que agrego una cita que conmoverá profundamente a todos los de mi gremio:

Carlos se dedicó a reescribir su tesis. En sus años de estudiante solía recoger fragmentos, versos aislados, dos o tres palabras juntas de poemas coloniales peruanos en los que sucedía algo, una pequeña explosión (o las palabras eran restos de esa explosión), no porque el autor tuviese talento sino por simple casualidad o generosidad del idioma. Carlos anotaba estas sorpresas, esbozaba teorías más o menos descabelladas sobre la poesía, la Colonia, el Perú. Con el tiempo fue olvidando las citas y las teorías, que tan bien sonaban discutidas entre amigos, y el trabajo se volvió más preciso, documentado en insignificante. Logró aclarar dos o tres fechas en las vidas de escritores de tercera línea, descubrió en bibliotecas de convento unas cuantas ediciones no mencionadas en las bibliografías, leyó -tomando minuciosamente notas en fichas de distintos tamaños- libros y manuscritos que nadie había tenido la paciencia de leer. El resultado no le gustaba. No era tan vano como para menospreciar la erudición, en otros deslumbrante: en otros, justamente, no en él.
[“Otras tardes” en Relatos, Lima, Editorial Universitaria, 2010,
pp. 234-235]

Sobre “La última muerte de Silvino Forossi”

Resultado de imagen para la ultima muerte de silvino Forossi

(Fondo de tintero para esta reseña)

Cuentan algunos de los que han estado a punto de morirse pero al final no -por eso lo cuentan- que vieron pasar en esos momentos, como una película, la historia entera de su vida. Será a causa de su oficio, pero para el protagonista de La última muerte de Silvino Forossi  son más bien las fotografías las que retienen o reactivan momentos clave del relato. Sigue leyendo

Connim fuera 129 (sic)

Se lo decía a mis alumnos de Literatura Universal mientras la hubo en el plan de estudios: pocos tipos sociales han cambiado tan profundamente en su apreciación literaria como los médicos. Sigue leyendo

Más que un plato

Fuera gracias a su amigo Ricardo Palma o bien por otras fuentes, don Benito Pérez Galdós parecía estar bien documentado sobre las cosas del Perú en su memorable novela La vuelta al mundo en la ‘Numancia’. Incluido el patrimonio culinario, como atestigua el siguiente fragmento del capítulo XV: Sigue leyendo

Sorpresa sorpresa

(Nada es lo que pareceAbril rojo y otras trampas narrativas)

Los-Ilusionistas-nada-es-lo-que-parece

Dedicarle otra entrada a una película de consumo fugaz quizá sea más de lo que esta merece, pero el otro día me dejé unas cuantas cosas en el tintero digital hablando de Nada es lo que parece (Louis Leterrier, 2013) que sigue siendo la última película de “golpe perfecto” que llevo vista. Debería haberlas añadido en la siguiente entrada, pero me distrajeron otros asuntos, películas incluidasSigue leyendo

Más bárbaros decimonónicos

 (Y perdón por la insistencia)

Maceta libros

Las potencias europeas del siglo XIX se expandieron sobre otros continentes sometiendo a sus más atrasados pobladores. Las repúblicas americanas de entonces hicieron más o menos lo mismo, pero lanzándose sobre sus propios territorios que les quedaban más a mano. Sobre este asunto recomiendo esta vez cuatro libros de una tacada, porque es que cada uno conducía al otro.

Sigue leyendo

A tal héroe, tal novela

Portada

Más que La casa verde o que Los jefes, que el Palomino Molero o que La Chunga, el último libro de Vargas Llosa ha resultado ser de toda su obra el más piurano. Lo cual hubiera sido considerado un mérito indiscutible durante el siglo XIX, que tanto ha tardado en marcharse de la literatura regional, pero ya en el XXI me temo que solo produce frío o calor (sobre todo calor) dentro de Piura. Fuera de ella, la ambientación despertará la curiosidad de aquellos para los que mi ciudad tiene la misma consistencia real que la Jefferson de Faulkner, la Santa María de Onetti o la Mágina de Muñoz Molina. Ahí, ayudan como pueden a don Mario escritores más jóvenes y ojalá que celebrados cuando llegue el momento.
De hecho, la muy realista Piura que recrea el escribidor deja adrede pistas sobre su condición ficticia. Habrá buenos conocedores de Piura que hayan reparado en tal o cual incongruencia callejera, y también lectores veteranos que en esa ciudad contemporánea del relato reconozcan retazos de las memorias juveniles de don Mario. Por mi parte, me ciño a mi campo de trabajo: los anónimos de extorsión que recibe don Felícito Yanaqué, el empresario piurano, están escritos con ortografía, sintaxis y puntuación correctas, y en la Piura real eso no hay quien se lo crea.

Sigue leyendo