Perenne Mario

Algunos dicen que anda caduco. No de salud, que debe de llevarla bastante bien pese a su edad, y ahí está además tan trabajador como siempre, pero que en sus logros literarios está ya muy lejos de los de antaño. Sin embargo, cómo pedirle a nadie que deje de escribir, en nombre del buen recuerdo de sus obras pasadas, cuando a otros se les pide lo mismo en nombre de lo contrario. Que lo sigan intentando, unos y otros, porque nadie está obligado a leerles.

Por mi parte, revolviendo archivos encuentro la notita que agregué en la prensa a la celebración del premio Nobel, y la uno a mi archivo público para añadir una pizca más de gloria a la carrera de los dos. Estoy de un humilde que me salgo.

Perenne Vargas Llosa

 

 

También de pan vive el hombre

masterchef

Con esto de la larga cuarentena (en la que el cuarenta ha devenido un número largo e impreciso, como los cuarenta días y cuarenta noches del diluvio), se han multiplicado las peticiones de rescate a los gobiernos. Igual que la demanda de abastecimiento no había ni que formularla; la de apoyo oficial a las ciencias, al menos a las sanitarias, se ha vuelto unánime. Por su parte, la reclamación de apoyo a las artes, o a lo que podemos llamar la industria cultural, ha sido menor, pero con el eco que suele tener cuando la arman voces conocidas. Sigue leyendo

Ercilla imagina un aleph

Aleph

Yo, con mayor codicia, por un lado
llegué el rostro a la bola trasparente,
donde vi dentro un mundo fabricado
tan grande como el nuestro, y tan patente
como en redondo espejo relevado.
Llegando junto el rostro, claramente
vemos dentro un anchísimo palacio
y en muy pequeña forma grande espacio.
(La Araucana, segunda parte, XXIII)
Alonso Ercilla y Zuniga  *oil on canvas  *44.3 x 41.5 cm  *between 1576/1578

Lope de Aguirre, príncipe de la ficción

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Rufianes que se meten en Venezuela dándoselas de libertadores, los hay desde hace mucho. Lope de Aguirre, tras su muerte en Barquisimeto, dejó siglos de fama siniestra tras de sí, tal vez no por haber sido cuantitativamente más sanguinario que otros conquistadores, sino porque prefirió gastarse la ferocidad, en lugar de con los indios, con españoles y criollos,* incluidos sus propios secuaces que progresivamente lo iban abandonando. Así pues, cierta posteridad ha sido con él tan injusta como con Stalin, que si hubiera excluido de sus millones de víctimas a los comunistas, limitándose como su padrino Lenin a burgueses, polacos, ucranianos, monárquicos, socialdemócratas, anarquistas, granjeros y cristianos, todavía estaría acompañando a su exjefe en el mausoleo de la Plaza Roja.**
22408599794En la literatura, tal vez ningún conquistador de las Indias haya recibido tributos más recordados que Lope de Aguirre, aunque, en sentido estricto, este jamás fuera un conquistador. A partir del siglo XX, la revisión de las crónicas ha permitido apreciar mucho más la ambigüedad y desmesura del gran rebelde contra la monarquía indiana. Yo recomendé en su momento para Castellano Actual la novela El camino de El Dorado (1947), de Arturo Uslar Pietri. Igualmente, si no hubiera conllevado extender demasiado la nota, podría haberme referido a Ciro Bayo, autor del primer libro literario completo sobre Aguirre del que tengo noticia. Los marañones (1913) sigue muy de cerca las crónicas de Indias, y de hecho tiene más de crónica que de novela, por más que se le noten las ganas de componer una ficción de aventuras sobre el personaje. Bayo recrea y sintetiza la información histórica de manera muy amena e intercalando sus propias impresiones de viaje, género del que fue pionero en lengua española.

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Gobierno positivista

Mandarás si eres formal

(J. Monnoir)

En su Ulises criollo (cuya lectura aquí recomiendo), José Vasconcelos relató los avatares de su lucha política hasta los comienzos de la Revolución Mexicana. Algo que me llama gratamente la atención es que no diferenciase su labor diplomática y propagandística de su actividad cultural, e incluso diera preferencia a esta última. Para acabar con la larga dictadura (1876-1911) de don Porfirio Díaz, una victoria electoral no iba a ser suficiente: después de ella, México seguiría a merced del egoísmo y la brutalidad extendidos tanto entre la masa como entre la oligarquía. Era más esperanzadora la semilla que dejaba la fundación del Ateneo de la Juventud, por más que entre sus filas de jóvenes intelectuales los hubiera muy escépticos con la democracia. Sigue leyendo

La literatura, cuestión de asincronía

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Aspiré a ser orador parlamentario, los electores me hicieron diputado y luego senador, pero los discursos brillantes que me correspondía decir solo me venían a la mente cuando se había cerrado el debate. Por eso escribo.

(Miguel Otero Silva, 18 de marzo de 1985)

Comida y literatura

(Charla del año pasado, recalentada)

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Gastronomía y literatura. Podríamos buscar analogías entre una y otra en cuanto que labores creadoras. O por la analogía de que la literatura, como las artes en general, es un alimento para el alma que, en palabras de Susan Sontag, nos devuelve al mundo “más receptivos y enriquecidos”. Sigue leyendo

Tolkien a la tele

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El anuncio de una posible serie televisiva basada en El Señor de los Anillos me hizo bastante ilusión mientras imaginé que se iba a tratar de un remake para comparar en el futuro con las  versiones ya existentes de Ralph Bakshi y Peter Jackson. Pasó a hacerme mucha menos cuando los rumores apuntaron a una especie de “precuela”, y no evitaban -cómo hacerlo- las analogías con la exitosa Juego de tronos. Hay que suponer que, como pasó con todo el material de relleno de la desproporcionada adaptación de El hobbit, la serie de Amazon contará con desarrollar los Apéndices de la novela de J. R. R. Tolkien como trasfondo y breve base para una nueva trama (que seguro no será tan solo una) completamente original.

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Recomendación: “La invención de Morel”

He tenido que releer La invención de Morel en el contexto adecuado, o bajo la presión adecuada (¿qué decir que no me suene a repetido?), para ver allí reflejados los extremos de la autobiografía, autoficción y hasta automentira digital. Desde el Morel que espera sobrevivir perpetuando sus recuerdos en 5-D, hasta el Fugitivo que los falsifica.

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Y algo más sobre el asunto

Grillos como flechas

Bichos

No olvido todavía la plaga de grillos. Por las noches sobre todo, cuando formaban sus enjambres, sobre todo alrededor de las farolas, y se arrojaban feroces sobre los paseantes. Chillaban algunas estudiantes y todo era un sacudírselos de la ropa y hasta del pelo y de la cara. En una semana nos libró de ellos el don de las garzas. Yo luego he recordado que uno de mis héroes lo pasó peor todavía por culpa de bichos tan sociables:

Acuérdome que cuando estábamos peleando en aquella escaramuza, que había allí unos prados algo pedregosos, e había langostas que cuando peleábamos saltaban y venían volando y nos daban en la cara, y como eran tantos flecheros y tiraban tanta flecha como granizos, que parecían eran langostas que volaban, y no nos rodelábamos, y la flecha que venía nos hería, y otras veces creíamos que era flecha, y eran langostas que venían volando: fue harto estorbo.

(Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, IX)

De manera menos aparatosa, pero más familiar con mi experiencia cotidiana, otro cronista de Indias dio también testimonio de cómo los indios guaraníes padecían a estos cantores nocturnos igual que yo, en el Perú, siglos más tarde, entre cortinas, librerías y papeles. Aquí los patos hacían el benéfico efecto que en mi vecindad hicieron las garzas:

… había llegado a una tierra de una generación de indios labradores y criadores de gallinas y patos, los cuales crían estos indios para defenderse con ellos de la importunidad y daño que les hacen los grillos, porque cuantas mantas tienen se las roen y comen; críanse estos grillos en la paja con que están cubiertas sus casas, y para guardar sus ropas tienen muchas tinajas, en las cuales meten sus mantas y cueros dentro, y tápanlas con unos tapaderos de barro, y de esta manera defienden sus ropas, porque de la cumbre de las casas caen muchos de ellos a buscar qué roer, y entonces dan los patos en ellos con tanta priesa, que se los comen todos; y esto hacen dos o tres veces cada día que ellos salen a comer, que es hermosa cosa de ver la montanera con ellos…

(Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Comentarios XXXIX)

Recomendación: las ficciones de Luis Loayza

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A la que agrego una cita que conmoverá profundamente a todos los de mi gremio:

Carlos se dedicó a reescribir su tesis. En sus años de estudiante solía recoger fragmentos, versos aislados, dos o tres palabras juntas de poemas coloniales peruanos en los que sucedía algo, una pequeña explosión (o las palabras eran restos de esa explosión), no porque el autor tuviese talento sino por simple casualidad o generosidad del idioma. Carlos anotaba estas sorpresas, esbozaba teorías más o menos descabelladas sobre la poesía, la Colonia, el Perú. Con el tiempo fue olvidando las citas y las teorías, que tan bien sonaban discutidas entre amigos, y el trabajo se volvió más preciso, documentado en insignificante. Logró aclarar dos o tres fechas en las vidas de escritores de tercera línea, descubrió en bibliotecas de convento unas cuantas ediciones no mencionadas en las bibliografías, leyó -tomando minuciosamente notas en fichas de distintos tamaños- libros y manuscritos que nadie había tenido la paciencia de leer. El resultado no le gustaba. No era tan vano como para menospreciar la erudición, en otros deslumbrante: en otros, justamente, no en él.
[“Otras tardes” en Relatos, Lima, Editorial Universitaria, 2010,
pp. 234-235]

De puente a puente

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Al feriado que es largo hasta tragarse días laborables intermedios, en España lo llaman “puente”. El más popular e inevitable de todos los puentes del año es el que sostienen la antigua fiesta religiosa de la Inmaculada Concepción, 8 de enero, y la vieja fiesta cívica de la Constitución votada el 6 de diciembre de 1978. Ambos pilares parecen en estos tiempos bastante corroídos, a fuerza de desacralizados, aunque algunos me dicen que el consumo que se dispara en estas fechas forma una hojarasca tan densa, que ella por sí sola se basta para mantener en pie la construcción  mejor que la Iglesia y el Estado juntos.

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La primera es la que cuenta

o Un Greco revisado

El Escorial

Me gusta el monasterio del Escorial, más allá de lo anecdótico de festivos cursos de la Complutense -tinto de verano- o invernales días de sol frío -tinto a secas-, por su mezcla de monumentalidad y recogimiento. Coloso de granito en pueblito estepario, que prefiere el huerto al jardín versallesco, la recta y la arista al floripondio barroco. Que progresa de la fachada ciclópea al cuarto de estudio, del rey al hombre y, finalmente, a la osamenta; de la losa de mármol al baldosín de loza castellana. Me gusta por la manera en que se mimetiza en el paisaje, llanura con sierra al fondo que emana un frío cortante igual que sus esquinas. Me gusta porque, denostado por tantos autores (ejemplo), más por su historia que por su arquitectura, ha merecido luminosos versos de poetas caribeños, quién lo dijera.* Por último, me agrada por algunos de sus tesoros, la sala de los mapas o ciertas pinturas del Greco que tan poco agradaron, dicen, al rey constructor.

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Más bárbaros decimonónicos

 (Y perdón por la insistencia)

Maceta libros

Las potencias europeas del siglo XIX se expandieron sobre otros continentes sometiendo a sus más atrasados pobladores. Las repúblicas americanas de entonces hicieron más o menos lo mismo, pero lanzándose sobre sus propios territorios que les quedaban más a mano. Sobre este asunto recomiendo esta vez cuatro libros de una tacada, porque es que cada uno conducía al otro.

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Madre de cautivo

La cautiva

La cautiva

Los manuales escolares, herramientas que garantizan la historia oficial, ofrecen un pobre esquema narrativo de indios contra blancos o de americanos contra españoles, más allá del cual hay una historia riquísima. Ahí está la de la caída del Tahuantinsuyo o de Tenochtitlán ante ejércitos de indios, y luego tantas posteriores alianzas entre blancos e indios contra otros indios y otros blancos. Si en algún momento de la historia los indios de verdad pensaron que los españoles eran dioses –a mí me suena, insisto, a historia oficial–, ciertamente tuvieron siglos después para percibirlos como una simple tribu más, de costumbres algo excéntricas, a la que odiar y temer o con la que contar para hacer la guerra a sus vecinos, que es al fin y al cabo lo que a todos los revelaba como igualmente humanos e hijos de Caín. Sigue leyendo

Recomiendo “Los de abajo”

Lean, por si les despierta la curiosidad. El doctor Azuela lo merece, y Demetrio Macías.

Si no les basta, lo explico todo mucho mejor en otro sitio.

Los de abajo - Guía

(También aquí medio ejerzo de autoridad en la materia).

León y urogallo

Urogallo

Tanto empeño que ha puesto la revolución bolivariana en fabricarse su propio Bolívar solo suyo, hasta en la efigie, para que al pobre libertador le asignen en la nueva película una jeta de boxeador que hubiera pegado más, me parece, a un O’Higgins o a un José Tomás Boves (o Bobes, en astur genuino).

Bolívar 1

¿Evolución…?

Bolívar 2Bolívar 3

Yo supe de la existencia de este terrible paisano mío por un compañero de colegio que, creo, hasta decía ser descendiente suyo. Leí algo más sobre él en Jesús Evaristo Casariego, y en algunos novelistas asturianos como Óscar Muñiz o Alfonso Camín. Pero me interesó más cómo lo veían los venezolanos: y así hice recomendables descubrimientos.

Boves también tiene su película, Taita Boves (2010). Qué cara de malote.

Boves también tiene su película, Taita Boves (2010). Qué cara de malote.

Noche de Reyes (va con cuento)

Mi “Maceta” debe tener raíces en la Europa oriental, porque en lo poco que lleva de existencia no sabe celebrar la Natividad sin la Epifanía. O sea, que es más del 6 de enero que del 25 de diciembre. Tiene sus razones para ello, y de hecho encaro esta noche con ganas de ponerme a echar de menos la tradicional fiesta de los Reyes Magos, olvidada en el Perú, y de paso reflexionar sobre globalizaciones diversas. Sin embargo, un rato de comunicación con mi familia en el Viejo Mundo me ha dejado ligero de espíritu. Así que cedo la palabra al mejor cuentista hispanoamericano del siglo XIX (mientras nadie me convenza de otra cosa), el mexicano Ángel de Campo, que tan bien se las componía con el humor y la ternura:

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Gálvez el de las máscaras

Las máscaras del héroe

Juan Manuel de Prada alumbra nueva novela, sobre esas Filipinas coloniales que tan poco han interesado a la literatura española (excepciones en el siglo XX: el dúo Fernández de la Reguera-March, que no sé qué tal sería, y Jorge Ordaz con sus muy apreciables La Perla del Oriente y Perdido Edén).

La noticia, y un par de papeles oportunos a mano, me llevan a otro extremo. O sea, del extremo oriente y principios del siglo XXI a la primera narración larga de Prada, Las máscaras del héroe (1996). Por razones diversas, a veces incluso literarias, al autor aún no lo habían borrado de la lista de promesas de la intelligentsia cultural hispana. Además, el tema histórico-literario de moda no era en ese momento ni el desastre del 98, ni el maquis, ni la represión de posguerra, ni la División Azul, ni la Transición, sino la bohemia madrileña. Es decir, que las librerías se abarrotaban de ediciones sobre una pléyade de extravagantes escritores, harto conocidos en los años 20-30 pero que se quedaron a las puertas de los manuales de literatura para no ser recordados por más que cuatro eruditos, rescatadores ocasionales.

Es esto lo que hizo Prada con Las máscaras, libro que a mí me pareció insatisfactorio pero espléndidamente escrito (el estilo es el hombre, se ha dicho, pero ese hombre no siempre es novelista). Entre todos los personajes reales y ficticios que pululan por la historia, en todo caso, es difícil de olvidar el sombrío retrato del protagonista, el poeta y periodista Pedro Luis de Gálvez. Hiperbólico y abyecto, criminal y simpático, lo certera que podía llegar a ser la semblanza de Prada* se me reveló años después gracias a la lectura de un testimonio real sobre Gálvez. Está en el diario de un novelista y diplomático mexicano, Federico Gamboa (de quien tendré que hablar más otro día), que registraba en Bruselas el 18 de marzo de 1913: Sigue leyendo

La vuelta a Martín Fierro

Masrtín fierro piel

Los políticos de la Casa Rosada todavía no revelaban como en el siglo XXI todo su torrencial talento para arruinar naciones prósperas. Por tanto, los restaurantes argentinos eran aún raros en España. Sin embargo, yo crecí en un retazo de Asturias sembrado de parrillas con nombres de eco bronco, como “La Fusta” o “Gaucho Fierro”.

De este último personaje me seguía topando referencias tentadoras, por ejemplo en las páginas de Petete, revista infantil auspiciada por García Ferré, ese Walt Disney criollo. O en aquella bella edición con tapas de cuero labrado en casa de mi padrino. O las tiradas de coplas hernandianas que ocasionalmente nos recitaba José Antonio Noval, inolvidable profesor de Latín y Literatura en secundaria.

Finalmente piqué, y como consecuencia, de tentado me convertí en apologista. El examen de la Universidad donde me cayó el Martín Fierro como pregunta 2 (¡la 1 fue sobre Bernal Díaz!) debe de haber sido el más brillantemente resuelto de mi vida. Como profesor de Literatura Hispanoamericana –hace mucho, o sea-, lo he recomendado a mis alumnos, y todos los que se han atrevido con él lo han terminado con un placer que ni esperaban cuando, al abrirlo por primera vez, me venían a gruñir desconfiados que aquello “estaba en verso”.

Por tanto, recomiendo una vez más.

A saltos de Rayuela

1. Recomendación de Rayuela (por si se pierde)

El argumento principal de Rayuela -un argentino ocioso convive en París con su amada; tras su desaparición, regresa a Buenos Aires, donde en vano intenta olvidarla- hubiera dado para muchas novelas convencionales, y tal vez alguna buena. Sin embargo, en este resumen se pierde lo mayor y hasta lo mejor de la obra. Se advierte al principio que este libro es muchos libros, y se dan pautas para sacarle el mejor provecho, de las cuales la más importante tal vez sea la de aprender a leer como quiere el enigmático escritor Morelli: como nos dé la gana, pero aceptando ser sus personajes más activos y olvidar esas novelas que se leen de principio a fin “como un niño bueno”. Para ayudarnos, a las dos partes de la novela se une una tercera con “capítulos prescindibles”: episodios secundarios, diferentes perspectivas de la trama o una miscelánea de reflexiones sobre todo lo imaginable y con las formas y las fuentes más insólitas. Este uso lúdico de la literatura y el lenguaje (que llega al máximo en el empleo del “glíglico”, lenguaje de palabras inexistentes), ya anunciado en el mismo título, conlleva una rebeldía universal por vía también del juego: la lógica, el orden, la convención, la realidad estorban a Horacio Oliveira, protagonista de Rayuela entregado a la reflexión filosófica y poética, al lado de su fascinante Maga, y a largas veladas de whisky y música de jazz junto a sus demás compañeros del cosmopolita “Club de la Serpiente”.

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Rubén, admirable

Rubén_Darío

Como caricatura que a mí me parece amable, Valle-Inclán retrató en Luces de bohemia un Rubén Darío a quien no se le caía el “¡Admirable!” de la boca. Bien por quien era capaz de admirarse ante la menor trivialidad, en lugar de como Valle hacer un guiñol de las mayores tragedias. Sirva esta foto para para introducir mi última recomendación en Castellano Actual, y también para acompañar la reciente de don Juan Valera, quien involuntariamente fue gran padrino literario del cisne de Nicaragua.

La conkista de México

Ya que hablábamos de cronistas de Indias, ofrezco al respetable algunos párrafos que, gentileza de antiguos ejercicios de Literatura Hispanoamericana, serán muy útiles para  aquel que no quiera ampliar sus conocimientos sobre el apasionante episodio histórico de la conquista de México. Sigue leyendo