Recomendación literaria: “Tres sombreros de copa”

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Lo más frecuente, eficaz y peligroso para la literatura humorística es basarse en las referencias a la actualidad y en los juegos del lenguaje, que son dos realidades transitorias. Por eso será que, por ejemplo, las tragedias de Shakespeare perviven mejor que sus comedias, a las que tanto hay que revitalizar extraverbalmente.

La comedia que recomiendo aquí se conserva bien fresca. Buona lettura.

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Mi vindicación de Gloria Fuertes

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Se ha celebrado hace poco el centenario de Gloria Fuertes, una poeta española no solo distinguida sino, cosa rara, famosa. Aunque tengo que decir que no era muy apreciada en mi casa. Hablo, claro, de su faceta de estrella televisiva de la poesía infantil, porque no conocíamos otras. Creo que había razones de estilo por medio: aquellas rimas informales y divertidas -nunca disparatadas- que ella recitaba, con tanto desparpajo como falta de melodía, nos sonaban ripiosas. Claro que los versos que estábamos acostumbrados a escuchar en casa (las madres suplían la escasez de canales televisivos) eran sobre todo fábulas de Iriarte y Samaniego, fragmentos del Don Mendo o cuentos de Ferrándiz. Es decir: puro octosílabo.

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El Caballero de los (muchos) Espejos

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La Segunda Parte del Quijote cuenta en sus primeros capítulos cómo, al poco de abandonar el Toboso y convencido por las triquiñuelas de Sancho de que su señora Dulcinea está encantada, el protagonista se encuentra en un bosque con un caballero andante que sobre las armas traía una sobrevista o casaca de una tela, al parecer, de oro finísimo, sembradas por ella muchas lunas pequeñas de resplandecientes espejos, que le hacían en grandísima manera galán y vistoso (II, 14). Probablemente se sorprenda menos que sus lectores, que hasta ahora no habían visto presentarse directamente a ningún personaje propio de los libros de caballerías dentro del prosaico mundo que rodea a los personajes de la novela.

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Minucias de “La vida es sueño”

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No recuerdo si Calvino, Italo, tocó este tema (síntesis de sus ideas, aquí): igual que existen clásicos mayores y menores, existen también “clasicones”. Es decir, obras clásicas tan omnipresentes en la cultura colectiva que su mención revela más el lugar común que la cultura personal. El desafío para el glosador es tratar de decir algo que suene a nuevo sobre esos textos de los que se considera que ya está todo dicho… o sobre los que todos dicen algo (y a menudo lo mismo).
Me he arriesgado al clasiconeo con mi pasada recomendación literaria en Castellano Actual, y procuraré ahora hacérmelo perdonar con una pequeña experiencia de lectura:

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“La casa encendida”: recomendación anecdográfica

(La serena y oficial se encuentra aquí)

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Mi reducida experiencia me sugiere que, salvo casos excepcionales más comunes de lo que parecen, el descubrimiento de la poesía como arte, vocación o cosa seria en todo caso empezaba con la lectura escolar de Bécquer y algunos poetas del 27 (pongamos que Salinas o el Lorca y el Alberti neopopularistas), y quienes no se quedaban allí daban su siguiente paso con Neruda, sobre todo sus Veinte poemas. Mi caso, en ese sentido, de excepcional tiene muy poco. Fue el paso siguiente el que fue más personal, para mí medio epifánico.

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Sobre “La última muerte de Silvino Forossi”

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(Fondo de tintero para esta reseña)

Cuentan algunos de los que han estado a punto de morirse pero al final no -por eso lo cuentan- que vieron pasar en esos momentos, como una película, la historia entera de su vida. Será a causa de su oficio, pero para el protagonista de La última muerte de Silvino Forossi  son más bien las fotografías las que retienen o reactivan momentos clave del relato. Sigue leyendo

Sobre aventuras, folletín, clásicos y colonialismo (me explico)

Pío Baroja, clásico

Encuentro un comentario semihostil a mi recomendación del Shanti Andía, y lo respondo velozmente (de ahí, creo, algún anacoluto que otro, que en mis macetas suelo poner un poco más de esmero). Me ha salido tan amplio que acabo por dedicarle entrada aparte. Puede ser que haya más gente que no me haya entendido, aunque espero que ofendidos no haya muchos más.

Clásico menor (también con huella)