Otro poema con gente en casa

Sí, otro más. Repasando el Cancionero y romancero de ausencias de Miguel Hernández, cómo no pensar, al llegar a esta página, en nuestras calles vacías, y en los remolinos, tempestades y buenos vientos que soplarán detrás de cada ventana.

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Por comodidad, en vez de volver a fotografiar la página del libro, cortapego de aquí.

Sopa de Galdós

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Para su especialista, su admirador o el puntual gestor cultural, ningún personaje egregio está lo suficientemente recordado, y los centenarios suelen convertirse en una gran oportunidad para conmemorarlo, por poco olvidado que esté. El recuerdo suele ser muy instructivo y gratificante, aunque la deriva hacia lo repetitivo y lo hiperbólico puede acabar por aburrir o avergonzar. Pasó hace unos años con Gloria Fuertes, a la que me alegró ver rememorada como poeta digna de tomarse en serio; pero me llegó a incomodar cuando la empezaron algunos a vocear como poco menos que la primera voz poética de su tiempo, y a proliferar por doquier citas suyas, vinieran a cuento o no porque la cosa era exhibirla. Sigue leyendo

Salvar al general Ros

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“Los poetas contemporáneos”, por Esquivel. (Para mí, siempre se titulará “¿Dónde está Antonio?”).

Me lanzo al rescate de un nuevo artículo que escribí hace mucho, digno de mi macetero. Lo dedico a un autor igualmente digno de rescate: Antonio Ros de Olano (1808-1886), que fue caraqueño de nacimiento y catalán de crianza, militar de formación y escritor de afición, político de orden y romántico de temperamento. El resto, lo digo (o lo dije) en las páginas que siguen.

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En Fábula 22 (2007)

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Cuento de Reyes (Magos)

Adoración de los Magos (Rubens)

Me iba a olvidar una vez más de mi casi tradicional entrada de día de Reyes, y la copiosa página Zenda me devuelve a la memoria aquel precioso cuento de Ignacio Aldecoa. Pinchen aquí, y que pasen feliz lectura y feliz día

Mariscada literaria

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Nunca podría haber metido todos mis pasajes culinarios favoritos, análisis incluido, en unas breves páginas sobre comida y literatura. Así que aprovecho para juntar aquí a dos grandes, Herman Melville y Leopoldo Alas, unidos por el siglo XIX y, en este caso, por unas recreaciones de banquete muy estimulantes. Suculentas vaharadas de palabras que mezclan vidas imaginadas con recodos de la experiencia, unos más lejanos que otros, como tal o cual cebichería peruana, mercado chileno o pueblo de mi Asturias. De estas conjunciones salgo convencido de que en el fondo de una cazuela bien servida bien se puede encontrar el coraje necesario para perseguir titánicas ballenas, o para abandonar las más firmes vocaciones filosófico-docentes:

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Lope de Aguirre, príncipe de la ficción

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Rufianes que se meten en Venezuela dándoselas de libertadores, los hay desde hace mucho. Lope de Aguirre, tras su muerte en Barquisimeto, dejó siglos de fama siniestra tras de sí, tal vez no por haber sido cuantitativamente más sanguinario que otros conquistadores, sino porque prefirió gastarse la ferocidad, en lugar de con los indios, con españoles y criollos,* incluidos sus propios secuaces que progresivamente lo iban abandonando. Así pues, cierta posteridad ha sido con él tan injusta como con Stalin, que si hubiera excluido de sus millones de víctimas a los comunistas, limitándose como su padrino Lenin a burgueses, polacos, ucranianos, monárquicos, socialdemócratas, anarquistas, granjeros y cristianos, todavía estaría acompañando a su exjefe en el mausoleo de la Plaza Roja.**
22408599794En la literatura, tal vez ningún conquistador de las Indias haya recibido tributos más recordados que Lope de Aguirre, aunque, en sentido estricto, este jamás fuera un conquistador. A partir del siglo XX, la revisión de las crónicas ha permitido apreciar mucho más la ambigüedad y desmesura del gran rebelde contra la monarquía indiana. Yo recomendé en su momento para Castellano Actual la novela El camino de El Dorado (1947), de Arturo Uslar Pietri. Igualmente, si no hubiera conllevado extender demasiado la nota, podría haberme referido a Ciro Bayo, autor del primer libro literario completo sobre Aguirre del que tengo noticia. Los marañones (1913) sigue muy de cerca las crónicas de Indias, y de hecho tiene más de crónica que de novela, por más que se le noten las ganas de componer una ficción de aventuras sobre el personaje. Bayo recrea y sintetiza la información histórica de manera muy amena e intercalando sus propias impresiones de viaje, género del que fue pionero en lengua española.

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Primer pago a Elena Fortún

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Considerándolo en frío, imparcialmente, es posible que haya escritores que cito mucho menos que otros, y a los que sin embargo debo mucho más. Que entraron en mi vida mucho antes, que arraigaron en mi gusto y mi memoria de manera perenne y a los que, lo más importante, he vuelto repetidas veces, aun después de décadas sin mirarlos, y siempre con la misma afición o mayor todavía.

Es el enorme caso de Elena Fortún. Devoré de niño casi la colección casi completa que teníamos de Celia y su mundo, vencidos los iniciales recelos (al fin y al cabo, sus iniciales destinatarias eran mis hermanas, que por su parte le hicieron más bien poco caso). Ya de universitario, aprovechando que la serie de TVE puso a Celia otra vez de breve moda, compré unos pocos títulos de los que nos faltaban, y una vez más, muchos años más tarde, tenté con ellos a mis hijas.

457134No solo tuve éxito, sino que descubrí que Renacimiento llevaba unos años reeditando la obra completa de la autora, de manera que hoy por fin, peinando canas, puedo presumir de tener conmigo toda la colección de Celia (juntando, eso sí, tomos de tres editoriales distintas). Sigue leyendo