Paternidad y enseñanza

(o Hacer tradición del plagio)

Revista Amigos 80, p. 88

Revista Amigos 80, p. 88

No creo que yo vaya a ser el único: hay muchas personas que tienen su frase. Esta a veces se queda en idea fija, pero se reformula con ufanía y, durante un tiempo que puede llegar a ser muy largo, no se pierde oportunidad de meterla en el discurso. La consumación de la ufanía llega cuando, por fin, se logra colar la frase o pensamiento en los tipos de la imprenta.

Ahora, que en mi caso, cuán presto se va el plazer dijo Manrique. Sigue leyendo

Anuncios

Dos bibliotecas singulares

A propósito de libros y de Fahrenheit 451, y también de Michael Ende, ya publiqué esta nota hace diez años en Magenta. Creo que hoy día la hubiera escrito con menos alardes poéticos, pero me da pereza corregirlos (atribuyo ambas cosas a la vida de casado). Lo importante es que aún suscribo el contenido; si algo no se me entiende, la sección de comentarios sigue abierta.

De marthagarzon.com

¿Y los libros? (Coda)

Títulos de Fahrenheit 451

Plumas y palabras todas se las lleva el viento

(Casilda, la de Peribáñez)

Al contrario que en la adaptación de François Truffaut, Ray Bradbury no llegó en su Fahrenheit 451 al extremo de imaginar un mundo sin letra impresa. Su novela futurista imaginaba un mundo en el que se prohibía el libro, pero donde el aprendizaje se mantenía mediante funcionales folletos desechables. Sigue leyendo

¿Y los libros?

Titulo esta entrada igual que titulé mi último artículo de prensa. Quizá no fuera ninguna maravilla, pero el que lo sustituye, aparte de más bien soso, no transmite la tesis del artículo (en la que la maratón es una excusa para hablar de la lectura, y no al revés). Además, qué sentido tiene pedir que repitan algo que ya se sabe que van a repetir (véase el segundo párrafo).

En fin, ellos son periodistas.

Me han bailado también alguna coma.

Me han bailado también alguna coma.

Por un cambio de régimen

De régimen LITERARIO, quiero decir. (Qué pesado de hombre, que se mete en todas partes).

De régimen LITERARIO, quiero decir. (Qué pesado de hombre, que se mete en todas partes).

De satisfecho paso a hastiado con mi dieta antiliteraria de lecturas. Necesidad acuciante de algo de belleza, algo de imaginación, algo de exigencia. Así pues, me meto con libros de ejecución más artística y subjetiva, pero (siguiendo las prevenciones de Platón, San Agustín y la Clodia de Los idus de marzo de Wilder), evito las ficciones.

Solo ensayos, y solo poesía. De momento, nada de historias inventadas, porque últimamente me basta con las mías reales.

Lector a dieta

Mientras que conozco algún que otro exquisito para quien los placeres físicos y los intelectuales ni retóricamente se pueden comparar, a mí en cambio me suelen resultar comparables, idénticos y vecinos hasta el suspiro final.

El arte es alimento, y la sensibilidad admite variables gustos e intensidades: Sigue leyendo

La crisis de lo mío (como siempre)

Plinio el Joven representado en Santa María Mayor de Como (foto de http://www.religionenlibertad.com)

Ya en el s.I d.C. la cultura estaba en peligro, porque la gente es que no lee. Y ya entonces alguno veía rendijas de esperanza; diría que fundadas, a juzgar por lo larga que viene resultando esta agonía de las letras que ya dura dos milenios. El chico este de la túnica a jirones se resiste a abandonar el auditorio, a diluirse entre la turba.

Carta IV,16 De Gayo Plinio a Valerio Paulino [cursiva mea]

Alégrate en mi nombre, alégrate en el tuyo, alégrate también por nuestra sociedad: todavía perdura el honor debido a la oratoria. Hace muy poco cuando iba a hablar ante el tribunal de los centúnviros, no encontré ningún acceso para alcanzar mi lugar, a no ser pasando por el estrado de los jueces e incluso a través de los propios magistrados; el resto del recinto estaba ocupado por una enorme muchedumbre. Además, un joven distinguido que tenía sus ropas rasgadas, como a menudo sucede en medio de una muchedumbre, permaneció allí de pie cubierto solamente con su toga durante solo siete horas. Pues yo hablé durante ese tiempo con gran esfuerzo, pero con un mayor beneficio. Trabajemos, pues, y no pongamos como excusa de nuestra pereza la de otros. Existen todavía oyentes, existen todavía lectores; tenemos, pues, que producir obras dignas de ser oídas, dignas de ser escritas.

Así que menos quejarse, don Mario, y a seguir trabajando.