A tal héroe, tal novela

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Más que La casa verde o que Los jefes, que el Palomino Molero o que La Chunga, el último libro de Vargas Llosa ha resultado ser de toda su obra el más piurano. Lo cual hubiera sido considerado un mérito indiscutible durante el siglo XIX, que tanto ha tardado en marcharse de la literatura regional, pero ya en el XXI me temo que solo produce frío o calor (sobre todo calor) dentro de Piura. Fuera de ella, la ambientación despertará la curiosidad de aquellos para los que mi ciudad tiene la misma consistencia real que la Jefferson de Faulkner, la Santa María de Onetti o la Mágina de Muñoz Molina. Ahí, ayudan como pueden a don Mario escritores más jóvenes y ojalá que celebrados cuando llegue el momento.
De hecho, la muy realista Piura que recrea el escribidor deja adrede pistas sobre su condición ficticia. Habrá buenos conocedores de Piura que hayan reparado en tal o cual incongruencia callejera, y también lectores veteranos que en esa ciudad contemporánea del relato reconozcan retazos de las memorias juveniles de don Mario. Por mi parte, me ciño a mi campo de trabajo: los anónimos de extorsión que recibe don Felícito Yanaqué, el empresario piurano, están escritos con ortografía, sintaxis y puntuación correctas, y en la Piura real eso no hay quien se lo crea.

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Una nueva comedia policial

Chico FleitasJosué Aguirre presenta su segunda novela. Como pude meter la nariz un poco en los inicios de su redacción, creo que promete calidad: el jueves espero que seduzca y convenza a su público. Sigue leyendo

“Tubo, moto, palo y caja”, de Josué Aguirre

Ahora que surge la editorial Caramanduca, y que la empresa literaria de Magenta permanece a pesar de los pesares, traigo a colación mi crítica a una novela de uno de sus principales animadores, Josué Aguirre Alvarado. Digna de caer en buenas manos de buenos lectores, le di varias de cal y alguna de arena (asumiendo que la cal, por ser lo que primero se dice, es lo bueno, que tampoco estoy muy seguro), y me alegro de ver que semejante mezcla no ha derrumbado una obra narrativa cada vez mejor. Ahí están sus cuentos que han venido luego en Magenta (¡actualicen la página, chicos!), y lo que espero que pueda ver la luz ahora que aumentan los cauces editoriales. Atentos.

Tías terribles

Picoteando de nuevo en Una vida presente, tomo de memorias de Julián Marías, me llama la atención el recuerdo que hace de pasada (en el libro aparecen demasiadas cosas de pasada, y aun así es voluminosísimo… bendito sea el olvido) de una compañera suya de Instituto, Hildegart Rodríguez, asesinada a manos de su propia madre cuando ya se había convertido en una joven pero reputada autoridad en feminismo y sexualidad. Acudí a la indispensable Wikipedia a ampliar un poco de información sobre la malograda intelectual (intelectuala?) , e inevitablemente sobre la dominante e inquieta personalidad de su madre. El crimen de la señorona en cuestión me trae a la cabeza unos cuantos casos análogos, con la afortunada diferencia de que son ficticios, y la curiosa de que el papel de filicida le toca siempre a una señora beata y carca. Pobre. La verdad es que a este tipo de damas les cuadra más el prodigar sermones y regañinas, en el tiempo libre que les queda entre rosario y novena, que empuñar el revólver o dirigir una mafia político-criminal. Y, sin embargo, ahí están la tía de Eduardo, la Doña Perfecta de Galdós o la mala de una estúpida serie televisiva como Bandolera  (de gran éxito en España la última vez que me pasé por allá) para darnos cuenta de que estamos ante un “tipo” literario sólidamente arraigado. Que la enajenada madre de Hildegart no fuera cucufata ni devota (sí bastante visionaria, pero en laico) creo que, aparte de que en todas partes cuecen habas, demuestra que los medios tienden a seguir siempre la misma receta para el cocimiento.