“Quijotes ultramarinos”: crítica y razón

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En mi modesta carrera como filólogo llevo presentados y comentados bastantes libros, entre los cuales los de poesía son los menos. Aunque soy un moderado consumidor de versos, a veces por gusto y a veces por exigencias del trabajo, criticarla me da mucho respeto. Respeto derivado del que siento por el género, al considerarlo el más exigente de todos: con el lector, con el autor, con el lenguaje e incluso con el editor. Sigue leyendo

La belleza que da el uso

En la consulta del médico se me fueron los ojos hacia su vasta colección de figuritas de Star Wars. Especialmente, hacia el modelo del Halcón Milenario fabricado en los años 80.
-Muy bonita esta nave, doctor. Yo en España guardo una idéntica. Está algo más deteriorada, pero tiene algo mejor que la suya.
-¿El qué?
– Que jugué mucho con ella.

Un caníbal en casa

Han estado rodando hasta hace unos meses en Granada la película Caníbal, filme que promete ser terrorífico a juzgar por lo que leo (en esto de aterrorizar, aunque hoy día a golpe de películas, los españoles no lo hacíamos tan bien por lo menos desde el siglo XVI).

Matanza de indios

Saqueo de Amberes

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En plena celebración de la festividad de Todos los Santos, una pensadora peruana contemporánea de cuatro años hace reflexionar a su padre sobre el contenido de las bienaventuranzas del Evangelio

La clasifico como pensadora por pereza. El tono es más bien de profeta, así que lo que corresponde es una conversión…

Tú no estarás con Dios porque estás molesto.

Falta para el verano

   Días regurgitando prosa académica. Me consuela que tampoco es la más prosa de las prosas, pero me fastidia cuando veo tan descuidada mi maceta. Podría echarle la culpa a la estación: llega a Piura su leve invierno, reina la calma en el campus y hasta el sol, de rato en rato, se marcha a lugares distintos. Yo pienso en otros veranos.

De amicitia (antiqua)

En la Universidad de Granada, durante una conferencia de hace años, cierto importante catedrático peruano lanzó a los estudiantes una inolvidable advertencia: “Aléjense de los amigos de la infancia, ¡son lo peor que hay, porque piensan que lo conocen a uno!”. (Era a propósito de Rubén Darío y su fúnebre reencuentro con Nicaragua, su país de origen).

Tiempo después, me tropiezo con la misma idea, algo más serenamente razonada, en Julián Marías, Una vida presente (Páginas de Espuma, 2008, p. 91):

Siempre he pensado que cuando se dice “somos amigos desde la niñez: amigos íntimos” se comete un error. Los amigos de la niñez son previos a la verdadera intimidad; solamente en la adolescencia y primera juventud se descubre esa zona de la vida y se adquieren amistades que lleguen a ella. A veces las infantiles se ‘revalidan’ y adquieren intimidad, pero son nuevas amistades, aunque no lo sean los amigos.

Yo, por mi parte, ya había dedicado versos una vez al desvanecimiento de las amistades juveniles. No recuerdo si bajo el estímulo de alguna vivencia concreta, o simplemente melancólico por la hostilidad y desconfianza que, en la continuación de Los tres mosqueteros, encontraba reinando entre los queridos héroes de Dumas. Tal vez lo primero, pero revelado por lo segundo, como suele funcionar el conocimiento literario.