La crisis de lo mío (como siempre)

Plinio el Joven representado en Santa María Mayor de Como (foto de http://www.religionenlibertad.com)

Ya en el s.I d.C. la cultura estaba en peligro, porque la gente es que no lee. Y ya entonces alguno veía rendijas de esperanza; diría que fundadas, a juzgar por lo larga que viene resultando esta agonía de las letras que ya dura dos milenios. El chico este de la túnica a jirones se resiste a abandonar el auditorio, a diluirse entre la turba.

Carta IV,16 De Gayo Plinio a Valerio Paulino [cursiva mea]

Alégrate en mi nombre, alégrate en el tuyo, alégrate también por nuestra sociedad: todavía perdura el honor debido a la oratoria. Hace muy poco cuando iba a hablar ante el tribunal de los centúnviros, no encontré ningún acceso para alcanzar mi lugar, a no ser pasando por el estrado de los jueces e incluso a través de los propios magistrados; el resto del recinto estaba ocupado por una enorme muchedumbre. Además, un joven distinguido que tenía sus ropas rasgadas, como a menudo sucede en medio de una muchedumbre, permaneció allí de pie cubierto solamente con su toga durante solo siete horas. Pues yo hablé durante ese tiempo con gran esfuerzo, pero con un mayor beneficio. Trabajemos, pues, y no pongamos como excusa de nuestra pereza la de otros. Existen todavía oyentes, existen todavía lectores; tenemos, pues, que producir obras dignas de ser oídas, dignas de ser escritas.

Así que menos quejarse, don Mario, y a seguir trabajando.

Ancillae poesis

 
 
A propósito de escritores y filósofos.
Escribía Aristóteles en su Poética que la poesía era ‘más filosófica y elevada que la historia, pues la poesía narra más bien lo general, mientras que la historia, lo particular’. Yo, menos creativo, me limito a repetirlo en clase a la mínima ocasión propicia, y puede que en lo sucesivo lo lleve todavía más lejos afirmando que la poesía, o sea la literatura, puede ser mas filosófica que la propia filosofía abandonada a sus propias fuerzas. Destaco aquí de un abundante artículo de Javier Gomá sobre filosofía actual (cuyo hallazgo debo a mi nada escaso colega Nazaret Solís) la siguiente cita:
… la filosofía se hermana con la literatura, no con la ciencia: dado que la prueba explícita le está negada, el filósofo produce textos que han de convencer, de persuadir, de seducir, y en este punto en nada esencial se diferencia del literato que usa con habilidad los recursos retóricos para mover al lector y captar su asentimiento. De ahí que, en la abrumadora mayoría de los casos, la gran filosofía, pensadora del ideal en cuanto al contenido, suele ir aparejada a un gran estilo en cuanto a la forma. El filósofo es sobre todo, como el novelista, el creador de un lenguaje y el administrador de unas cuantas metáforas eficaces con las que manufactura un relato veraz —aunque inverificable para el lector.
Esta función retórica de la filosofía es algo que, por desgracia, ha ido echando al olvido la filosofía contemporánea acaso por el vano achaque de querer parecerse a la ciencia. (…) Lejos quedan los tiempos en que los filósofos —RussellSartre— merecían el premio Nobel de Literatura…
Y es que en el principio era el verbo, no olvidemos.

Postdata del 8 de diciembre

Agrego el comentario que me hizo llegar por Facebook Paola García Rivera, compañera de Facultad en el área de Filosofía, junto con la respuesta que se me ocurrió.  Enriquece la entrada tanto que merece mas lectores:

La literatura más filosófica que la propia filosofía abandonada a la sola razón. Sí. Pero ¿solo la literatura? ¿La literatura? ¿La literatura más que todo? La poesía,¿no? Aquí te dejo algo de un filósofo no abandonado a sus propias fuerzas: “Toda obra de arte nos saca de lo acostumbrado. En eso consisten su carácter y efecto extáticos…no es de extrañar que esto suceda de una manera especialmente explícita  en la literatura. La palabra, hablada o escrita, es el instrumento más adecuado para expresar reflexiva o explícitamente temas determinados, si bien no necesariamente el instrumento más intuitivo para hacérnoslos ver de golpe”.  Fernando Inciarte.

Claro y cierto, es aplicable al arte en general, pero el arte literario, en cuanto que usa la palabra, sirve tanto para lo objetivo como para lo intuitivo y hasta lo inefable, que es a lo que tienden todas las demás artes. Estas son menos versátiles: volviendo a exagerar, diría que si no son mística, no son nada.

Nostalgia del teatro

La falta de librerías se suple con bibliotecas públicas y personales; afortunadamente, no soy de los que se preocupan por las novedades editoriales (más bien peco de lo contrario). Con el cine, me pasa más o menos algo parecido. Tampoco extraño conferencias ni otros saraos literarios porque nunca falta algún amigo con quien hablar de buenas letras, y en todo caso yo lo hago unas cuantas horas a la semana ante una clase en que tampoco falta quien me escuche y hasta lance sus preguntas. Lo único que me encuentro incapaz de reemplazar es el teatro. Sigue leyendo

Despacito y buena letra

Con erratas y todo -que no se me hubieran escapado escribiendo a mano-, un artículo publicado en El Tiempo, hace ya bastante ídem* pero con la ventaja de que no depende mucho de la actualidad. Es más: a medida que pasa el ídem ídem, más actual se vuelve el tema.

*Un consuelo: en la Universidad han tardado en colgarlo más que yo.

“Una imaginación cultivada”

A nada de recoger la defensa de las Humanidades (que ya me está apeteciendo volver a llamar simple y claramente “Letras”, como hacía don Quijote y como hacíamos también todos en los ávidos e irresponsables años del colegio y la carrera) que hace “Doc” Thorne, mi distinguido compañero el profesor Velezmoro le envía refuerzos a mi correo, o sea la noticia del último premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (el de Comunicación y Humanidades se lo dan al creador de Super Mario Bros, mira tú qué cosa). En el diario El Comercio de Gijón, que no el de Lima, lo cual mis nostalgias cantábricas le agradecen el doble. Sigue leyendo

Que viva Crichton

Aunque por razones profesionales y personales uno tiende a echar pestes de los bestsellers y del padre que los engendró (ya hablaremos otro día de eso), revivo estos días el placer con que allá por los 90 leí unas cuantas novelas de Michael Crichton. Parque Jurásico me interesó desde antes aún que Spielberg se metiera a explotar a los pobres animalitos del Cretácico, con irreversibles consecuencias para nuestra cultura audiovisual, no todas malas. Esfera infundía un terrible suspenso a un viejo tema de la ciencia-ficción culta (Solaris, de Stanislav Lem) o de culto (Planeta prohibido, leo que de Fred M.Wilcox). El gran robo del tren era un misterio “victoriano” sin el enredo de los de Wilkie Collins o de Sherlock Holmes, pero donde el lector presenciaba, desde el reverso y con viva simpatía por los geniales delincuentes, al planeamiento y ejecución de un crimen parece que verídico. Sigue leyendo

Ars magna

Salgo de la biblioteca fatigado y no del mejor humor, tras una larga corregidera en la que he estado vengando, no tan implacablemente como quisiera, más agravios al conocimiento, a la gramática, a la ortografía y a la misma inteligencia de los que hubiera esperado. Mis manos sudan, sin ninguna gloria, tinta roja. Sigue leyendo