Conquistadores españoles, mito anglosajón

captura-de-pantalla-2016-11-27-22-05-36

Los conquistadores españoles de América fueron aventureros de pocos escrúpulos pero a quienes la historia cultural privó de la aureola romántica de otros sujetos no mucho más recomendables, tales como piratas del Caribe, pioneros del Oeste o exploradores de África. La literatura tiene aquí mucho que ver, y ya me referí otras veces a cómo los protagonistas de la crónica de Indias llegaron demasiado pronto a su cita con la literatura. Sigue leyendo

Sobre España y sus héroes

“No conozco ningún héroe español”, me declaró cierto alumno con un tono que invitaba a contestarle que no importa, que fuera del Perú tampoco conoce nadie a Miguel Grau. Pero es mejor morderse la lengua y reconocer que, efectivamente, en relación con la dimensión cultural y política de España a lo largo de su historia, sus héroes son más bien poco conocidos. Hasta para la misma España. Sigue leyendo

La primera es la que cuenta

o Un Greco revisado

El Escorial

Me gusta el monasterio del Escorial, más allá de lo anecdótico de festivos cursos de la Complutense -tinto de verano- o invernales días de sol frío -tinto a secas-, por su mezcla de monumentalidad y recogimiento. Coloso de granito en pueblito estepario, que prefiere el huerto al jardín versallesco, la recta y la arista al floripondio barroco. Que progresa de la fachada ciclópea al cuarto de estudio, del rey al hombre y, finalmente, a la osamenta; de la losa de mármol al baldosín de loza castellana. Me gusta por la manera en que se mimetiza en el paisaje, llanura con sierra al fondo que emana un frío cortante igual que sus esquinas. Me gusta porque, denostado por tantos autores (ejemplo), más por su historia que por su arquitectura, ha merecido luminosos versos de poetas caribeños, quién lo dijera.* Por último, me agrada por algunos de sus tesoros, la sala de los mapas o ciertas pinturas del Greco que tan poco agradaron, dicen, al rey constructor.

Sigue leyendo

Reyes, armaduras y todo eso

Carlos V por Tiziano

Los Incas –esos señores tan serios– quedan muy lejos, los reyes constitucionales no arraigaron tras la independencia y los que hoy sobreviven en América tienen el pudor de no hacerse llamar reyes. Lo cierto es que en este lado del charco se tiene una idea asaz difusa sobre la institución monárquica y su controvertido pero real papel en algunos países de la Europa contemporánea. Para el imaginario común, Sigue leyendo

El español de la historia

Iñigo de Loyola herido

Era difícil de imaginar hace unos años la abismal bajada que habría de sufrir Juan Carlos I en la estima de su pueblo. Como prueba ejemplar, aquella encuesta ciudadana que, ignorando los siempre antidemocráticos procesos de estudio y discusión, proclamó al hoy jubilado monarca como el español más importante de la historia.
La posible perplejidad ante esta interpretación de un milenio de existencia se convertía en legítimo bochorno cuando se atendía a muchos de los siguientes clasificados del concurso de miss Popularity. Sobre todo, claro, porque mis favoritos no habían sido tan votados como yo hubiera querido. De hecho, este sondeo para el que jamás fui sondeado me invitó a entretenerme un rato pensando cuál hubiera sido mi respuesta. A falta de imaginación para criterios positivos, recurrí a los negativos, es decir, ¿la ausencia de qué español hubiera conllevado, para el mundo de hoy, mayor y más variado número de ausencias?
Así identifiqué a mi campeón, relegado por el vulgo necio al puesto 48. Convencido de que si cierto artillero francés hubiera apuntado mejor durante el asedio al castillo de Pamplona, no hubiera nacido la Compañía de Jesús. Y sin ella, desaparecen buena parte del arte del Barroco, pero además Descartes, la república del Paraguay, Hitchcock, el rey don Sebastián de Portugal, Calderón de la Barca, James Joyce, Fidel Castro (nadie es perfecto), Himmler (para qué hablar), la filología comparada, Baltasar Gracián, el Inca Garcilaso de la Vega, la Universidad de Georgetown, un montón de conflictos entre la Iglesia y el Estado, la sinología y, como colofón entre muchas otras cosas que me olvido, el actual romano pontífice que también promete dejar huella, aun a despecho de su unánime aprobación mediática.