Star Wars III 3/4

Roge One
Ya está bien: vamos a hacer por una vez en este año crítica seria y erudita,* por muy tarde que sea y aunque buena parte de lo que cabe decir esté ya dicho, con su mejor tino y mejor prosa, en La mano del extranjero.
Sobre la tardanza, no sé si a estas alturas se habrá desvanecido de la memoria de los espectadores el efecto que le dejó Rogue One (este desvanecimiento acabó siendo la peor crítica que escuché del Episodio VII de 2015). Yo, como soy un seguidor moderado de la saga, he permanecido siempre relativamente indiferente a toda la subcreación generada por las películas: ni ewoks, ni series televisivas de Rebels, clones, etc. Pero aquí sí piqué el anzuelo. Sería por su estrecha vinculación con los episodios clásicos, o quizá por la nueva esperanza que ha supuesto Abrahams para la estética de la películas. Por no mencionar que, descartada Moana/Vaiana (me divorcié del Disney canónico en los 90, definitivamente ofendido por Hércules), algún plan había que hacer en familia entre Año Nuevo y Reyes.

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Domésticos y domesticados

Quisiérasme tu criado, /porque es costumbre de amor/ querer que sea inferior/ lo amado.

(Lope de Vega, El perro del hortelano)

Hércules, implacablemente carcomido por el tiempo, hilando para Onfalia que es quien alza ahora la cachiporra.

No quisiera dejar de hablar de La mancha humana sin transcribir esta cita bien golosa, a propósito no solo de cómo han cambiado los tiempos en la gestión de la vida familiar, que es evidente, sino de cómo esta puede haber alterado mentalidades. No se accede a la igualdad sin humildad, virtud que puede llegar a confundirse con la humillación lo cual no hace sino volver del revés tanto la virtud como el derecho:

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El prejuicio errante

Ventura Garcia Calderon.jpg

Me he visto alguna vez en la ocasión de comentar con mis alumnos el cuento “El alfiler” (léanlo, que está bien) de Ventura García Calderón, aquel peruano bilingüe que fue candidato al Nobel de Literatura y del que ya nadie se acuerda. Al cabo de un rato, las intervenciones de los alumnos tienden a hacerse monótonas: el relato no es para ellos más que un testimonio del machismo de otros tiempos (que ninguno sabe muy bien cuáles eran), con el añadido culpable de carecer de moraleja. Como yo intento llamar la atención sobre la dimensión trágica del cuento, o sea la secreta debilidad y la terrible noción del deber del protagonista, supongo que para mis alumnos me he ganado una siniestra imagen de apologeta (y con menos de Apolo que de jeta, como decía Jiménez Losantos) del feminicidio. Mira que si les hubiera dado a leer Otelo… en cambio, me late que a Medea la hubieran absuelto.*

Por otra parte, me divirtió el motivo que, después del crimen justiciero del esposo, más alteró a mis jóvenes comentaristas de “El alfiler”: a los dos meses de enviudar, el muchacho pretendía casarse y, para más inri, con la hermana de su difunta. Les parece un hecho escandaloso y, a juzgar por lo que les da que hablar, incluso mucho más que la infidelidad conyugal: parten de la convicción inamovible de que los lutos tienen que ser largos y los excuñados no pueden cortejarse. Lo que, como tantas otras cosas, apuntaría a que no estamos mucho más libres que antes (¿que cuándo?) de tabúes y convenciones opresivas: nos limitamos, cuando nos estorban, a cambiarlos de lugar.

*De hecho, y ahora que pienso en el cuatrimestre entero, nadie de la clase pareció indignarse en su momento con miss Emily Grierson por envenenar a un galán poco dispuesto al matrimonio. Ni con el Gato con Botas por estafa, extorsión, caza furtiva y ogricidio.

Género literario

Por medio de esta nota, la redacción de Maceta en el páramo se hace eco del rumor naciente sobre una nueva traducción al castellano de las obras de Enid Blyton. En concreto, de una de las más famosas colecciones infantiles de la prolífica escritora británica. Dicha traducción intentará, en línea con las últimas tendencias pedagogicopolíticas, eliminar el sexismo en el lenguaje para asegurar la plena igualdad entre los niños y niñas, o sea los niños y las niñas, padres y madres respectivamente de las generaciones futuras.

Ellos y ellas, al completo

Ellos y ellas, al completo.

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Una cuestiona palpitanta

Me informa mi hija mayor: “Tú no estás a dieta, estás a dieto porque eres un chico”. Expío el tormento de incubar en mi propia casa una enemiga de la Academia, con la que le está cayendo, mediante este enlace a un ilustrativo artículo sobre géneros y lenguas.