Jimena feminista, Rodrigo liberal

Estatua_del_Cid_(Burgos)

Dentro de esa tendencia que ya se anunciaba de publicaciones sobre el Cid, la más reciente parece ser un libro de pura historia,  El Cid, historia y mito de un señor de la guerra, de David Porrinas.

De toda la sustancia que trasluce en las entrevistas y reseñas que leo sobre él, me ha agradado, por supuesto, ver confirmada mi hipótesis del otro día sobre el estilo musulmán de Rodrigo Díaz como señor de Valencia. Que la mayoría de su hueste fuese mora es nuevo para mí, pero tampoco extraña: puestos a trazar paralelos históricos, la mayoría de las tropas de la España imperial no eran españolas, y también las tropas de Cortés y Pizarro (o las de Canterac y La Serna) contaban con más indios que españoles.

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Cuatro siglos de mala escritura

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Cada vez se escribe peor, se quejan de continuo algunos profesores y gentes con cultura. Se le echa mucha culpa al sistema educativo, sin reconocerle el mérito de haber logrado que cada vez se escriba más: triste elitismo. Por otra parte, esta extendida decadencia de la prosa de cada uno no me parece que esté anulando la conciencia de la buena escritura: por ejemplo, cada vez se componen también más manuales de redacción y centros de consulta para el buen decir. Creo más bien que la responsabilidad de la escritura correcta y elegante se está desplazando a otros sujetos. Estaríamos volviendo a una relación con el texto similar a la de los primeros siglos de la imprenta, sobre la que nos ilustra Francisco Rico en su prólogo al Quijote (Santillana, 2011, pp. 1175-1176):

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El patriota inculto

ZUBIAURRE-R.-Shanti-Andia

Por culpa de la recomendación que hice del Shanti Andía, quiero recordar aquí un fragmento de la novela de los muchos que se me quedaron clavados desde pronto:

Soy también patriota a mi modo, sin sentido tradicional alguno. No conozco la historia de España, y realmente no me preocupa gran cosa. Si me preguntaran quién fue Wamba o Atanagildo, me vería en un gran aprieto; pero, a pesar de no conocer nada o casi nada la historia de mi país, cuando después de un largo viaje he visto desde lejos la costa de España, he sentido siempre una gran impresión.

El recuerdo de la patria, y sobre todo de Lúzaro, de este rincón de la costa vasca donde he nacido y donde vivo, ha estado siempre presente en mi espíritu. No lo considero como un mérito; no tengo esa tendencia exclusivista de las gentes de mi pueblo. La tierra para el labrador, el mar para el marino. Discutir si esto es mejor que aquello, me parece una tontería.

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