Mujer y villano

Algo (más) sobre los aciertos de Star Wars Episode V

Hatari Brackett

Nunca había reparado en cierto nombre presente en los créditos de Hatari!, esa dinámica película otoñal de Howard Hawks, pero ahora me resultaba novedosamente familiar: Leigh Brackett. Una consulta a Wikipedia despejaba mis dudas: Brackett (1915-1978) fue una reputada escritora de ciencia ficción, maestra de Ray Bradbury nada menos, y responsable también de algunos, pero qué grandes, guiones del Hollywood clásico. En concreto, para Hawks escribió El sueño eterno (a seis manos, dos de las cuales pertenecían a William Faulkner), y luego Río Bravo, Hatari!, El Dorado y Río Lobo. Además -debía ser eso-, pasó por sus manos el borrador de El Imperio contraataca, que nunca llegó a ver estrenada. Sigue leyendo

Domésticos y domesticados

Quisiérasme tu criado, /porque es costumbre de amor/ querer que sea inferior/ lo amado.

(Lope de Vega, El perro del hortelano)

Hércules, implacablemente carcomido por el tiempo, hilando para Onfalia que es quien alza ahora la cachiporra.

No quisiera dejar de hablar de La mancha humana sin transcribir esta cita bien golosa, a propósito no solo de cómo han cambiado los tiempos en la gestión de la vida familiar, que es evidente, sino de cómo esta puede haber alterado mentalidades. No se accede a la igualdad sin humildad, virtud que puede llegar a confundirse con la humillación lo cual no hace sino volver del revés tanto la virtud como el derecho:

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El prejuicio errante

Ventura Garcia Calderon.jpg

Me he visto alguna vez en la ocasión de comentar con mis alumnos el cuento “El alfiler” (léanlo, que está bien) de Ventura García Calderón, aquel peruano bilingüe que fue candidato al Nobel de Literatura y del que ya nadie se acuerda. Al cabo de un rato, las intervenciones de los alumnos tienden a hacerse monótonas: el relato no es para ellos más que un testimonio del machismo de otros tiempos (que ninguno sabe muy bien cuáles eran), con el culpable añadido de carecer de moraleja. Como yo intento llamar la atención sobre la dimensión trágica del cuento, o sea la secreta debilidad y la terrible noción del deber del protagonista, supongo que para mis alumnos me he ganado una siniestra imagen de apologeta (y con menos de Apolo que de jeta, como decía Jiménez Losantos) del feminicidio. Mira que si les hubiera dado a leer Otelo… en cambio, me late que a Medea la hubieran absuelto.*

Por otra parte, me divirtió el motivo que, después del crimen justiciero del esposo, más alteró a mis jóvenes comentaristas de “El alfiler”: a los dos meses de enviudar, el muchacho pretendía casarse y, para más inri, con la hermana de su difunta. Les parece escandaloso y, a juzgar por lo que les da que hablar, incluso mucho más que la infidelidad conyugal: parten de la convicción inamovible de que los lutos tienen que ser largos y los excuñados no pueden cortejarse. Lo que, como tantas otras cosas, apuntaría a que no estamos mucho más libres que antes (¿qué cuándo?) de tabúes y convenciones opresivas: nos limitamos, cuando nos estorban, a cambiarlos de lugar.

*De hecho, y ahora que pienso en el cuatrimestre entero, nadie de la clase pareció indignarse en su momento con miss Emily Grierson por envenenar a un galán poco dispuesto al matrimonio. Ni con el Gato con Botas por estafa, extorsión, caza furtiva y ogricidio.

La evangelización de las indias (con minúscula)

Doña Francisca Pizarro Yupanqui

Doña Francisca Pizarro Yupanqui

Una de las entradas con más éxito en mi blog, si las estadísticas no mienten, es la de “Un caso espeluznante” etcétera. Supongo que más por el tremebundo título, las sugerentes palabras clave y la preciosa ilustración que por el verdadero contenido de la anécdota. Si alguno llegará luego a sentirse decepcionado tras leer la entrada, ya no sé.

Un poco yéndome al otro extremo, es decir al de la autoridad de la mujer americana en tiempos coloniales no para someterse si así le venía en gana, sino también para emanciparse, trasladaré aquí otra curiosa cita. Sigue leyendo