Dos bibliotecas singulares

A propósito de libros y de Fahrenheit 451, y también de Michael Ende, ya publiqué esta nota hace diez años en Magenta. Creo que hoy día la hubiera escrito con menos alardes poéticos, pero me da pereza corregirlos (atribuyo ambas cosas a la vida de casado). Lo importante es que aún suscribo el contenido; si algo no se me entiende, la sección de comentarios sigue abierta.

De marthagarzon.com

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¿Y los libros? (Coda)

Títulos de Fahrenheit 451

Plumas y palabras todas se las lleva el viento

(Casilda, la de Peribáñez)

Al contrario que en la adaptación de François Truffaut, Ray Bradbury no llegó en su Fahrenheit 451 al extremo de imaginar un mundo sin letra impresa. Su novela futurista imaginaba un mundo en el que se prohibía el libro, pero donde el aprendizaje se mantenía mediante funcionales folletos desechables. Sigue leyendo

Lecturas originales

De golpe y pinchazo, la Eneida termina con Turno, rey de los rútulos, vencido a los pies de Eneas. Cuando Turno ruega por su vida, el héroe se siente inclinado a perdonarle, que para algo le llaman el Piadoso. Sin embargo, al reconocer entre los arreos del rútulo el tahalí que perteneció a su amigo Palante, Eneas monta en cólera y “le hunde furioso en pleno pecho la espada. Mucho mejor para su conciencia resulta la versión del episodio que me encuentro mientras corrijo un examen: dudando Eneas si perdonar o no, Turno le ataca con un puñal que tenía oculto, y el Piadoso no tiene más remedio que matarlo en legítima defensa. Sigue leyendo