Ante exámenes, milagros

Va habiendo menos clases en el Campus, pero a los alumnos se les ve frenéticos de un lado para otro, consumidos, con los ojos adormilados bajo la pesada luz del sol. Se acerca la época de finales, y a esta siempre la preceden, durante pocas semanas, la preparación y entrega de trabajos para cada asignatura, que les obligan poco menos que a estar en varios sitios a la vez. Los trabajos en equipo son los peores, por raro que parezca: parece casi milagroso poner a trabajar sobre una misma mesa y al mismo horario personalidades y talentos diferentes, que a veces acaban por llevarse como perro y gato. Sigue leyendo

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Descubrimiento en vísperas de exámenes

Héroes del cómic español en situación insólita (las calabazas solían ser dos). La nota 10 equivale al 20 peruano.

Termina al fin el cuatrimestre. Ha pasado tan rápido como suele, salvo las últimas semanas que lo hicieron tan lentas como suelen. Me dispongo, cuando haya corregido los exámenes finales, al ritual de cada fin de curso: madurará tardíamente el interés por los resultados de la asignatura, y mi oficina se honrará con esas visitas de estudiantes que tanto he estado extrañando desde marzo.

Volverán las oscuras caras tristes o bien serias, puede que también las lágrimas y las confesiones de conflictos en el hogar y penurias económicas. Y yo de nuevo aprovecharé para dirigirles largos discursos, aquellos que no he tenido ocasión en todo el ciclo, argumentando el “no” correspondiente.

Pero en la soledad, ya no me volveré a preguntar nunca más qué les pasa en la cabeza para no entender algo tan fácil como que si no estudian, si no aprueban su examen, no hay manera de pasar.

¡Así que era eso!