Ocurrencias

Por mucho que el verbo ocurrir tenga dos significados según le pegues el pronombre que distingue lo que le ocurre a alguien de lo que se le ocurre (de ambos lugares puede brotar buena literatura), no pasa lo mismo con el sustantivo derivado. Al menos en mi uso habitual del castellano, que, como todo hijo de vecino, tiendo a considerar el metro de platino iridiado de la norma lingüística. Digamos que mi defensa de la norma académica, seamos honestos, se deriva de que no contradice de manera humillante mis propios usos.
De ahí que este modesto libro de actas entrevisto sobre un mostrador de recepción, no importa dónde, me sugiriera más bien el de una escritora en potencia que no separaba su tarea de oficina de la posibilidad de registrar en cualquier momento los productos de su imaginación. ¿Por qué no iba a ser así?
Ocurrencias

Lo que lograrán leer

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Dirán, como Daniel Pennac, que el verbo leer no admite imperativo, y yo les daré la razón en cualquier ámbito que no sea la universidad. Aquí, si no te gusta leer, no entres, y si no te gusta lo que te dan a leer, aprende a explicar por qué.

Declaro estos principios –si no les gustan, tengo otros– porque me dispongo a hablar de la circunstancia de las lecturas obligatorias de mis cursos, y a muchos se les subirá al vallar de los dientes la frase de Pennac. Lo mismo que a mí: los comprendo y me anticipo, más que por objetarles, por afinidad con ellos. Moi hypocrite lecteur!

Pero vamos a lo que importa. Sigue leyendo

El ser del star

(y de otras faltas)

De una entrada anterior en que mostraba varios errores ortográficos callejeros, ninguno era tal vez más delicioso que el que, mediante la duplicación de la ele final, elevaba la voz “pastel” desde su humilde origen castellano (es decir, tercermundista y morenillo) a la altura de lenguas más cultas y nobles. En un periódico que no identifico y fecha ya no tan cercana, me salta a la cara como larva de alien el siguiente titulín:

Para estar como una star... ¿sta claro?

Para estar como una star… ¿sta claro?

Pero no todo es eco del inglés con sus eses líquidas y monosílabos. Una carta de menú académico anunciaba, no hace tantos días, “jamón del pays”. Uno, acostumbrado a que su hueste (integrada siempre por alguna que otra “Ximena”) le escriba “reyna” y “virreynato”, detecta el atractivo del error ya no en el aire fresco del cosmopolitismo, sino en el secreto, añejo y rancio de los orígenes. De unos orígenes en los que se era muy poco exigente con la ortografía, edad dorada que nos echaron a perder los pérfidos Borbones con su Real Academia Española.

El profesor descansa tras una grave falta de ortografía

El profesor descansa tras una grave falta de ortografía

Uso de los plural

Cada vez sospecho más de una peculiaridad del español hablado en Perú sobre la que nunca me han dicho nada. Quizá porque aún es germinal y, como los gérmenes, se va multiplicando, o bien porque yo antes no me daba cuenta y ahora me voy haciendo más sensible. Sigue leyendo