En barbecho

Mumin

Después de cinco años y piquito cuidando de mi maceta, creo que esta ha demostrado salud suficiente como para poder dejarla crecer salvaje por una temporada.

De manera que aviso a mis lectores, fijos o eventuales, de que voy a dejar de escribir para ella durante, digamos, doce meses que pienso dedicar a “altos estudios eclesiásticos”, como los llamaría Rafael Sánchez Ferlosio.

Como prueba de que no pienso abandonar el oficio de letrada jardinería, me ahorro cualquier palabra de despedida. Pienso, además, seguir enlazando aquí mismo cualquier escrito que vaya publicando en la red.

En todo caso, feliz Semana Santa.

Paternidad y enseñanza

(o Hacer tradición del plagio)

Revista Amigos 80, p. 88

Revista Amigos 80, p. 88

No creo que yo vaya a ser el único: hay muchas personas que tienen su frase. Esta a veces se queda en idea fija, pero se reformula con ufanía y, durante un tiempo que puede llegar a ser muy largo, no se pierde oportunidad de meterla en el discurso. La consumación de la ufanía llega cuando, por fin, se logra colar la frase o pensamiento en los tipos de la imprenta.

Ahora, que en mi caso, cuán presto se va el plazer dijo Manrique. Sigue leyendo

La crisis de lo mío (como siempre)

Plinio el Joven representado en Santa María Mayor de Como (foto de http://www.religionenlibertad.com)

Ya en el s.I d.C. la cultura estaba en peligro, porque la gente es que no lee. Y ya entonces alguno veía rendijas de esperanza; diría que fundadas, a juzgar por lo larga que viene resultando esta agonía de las letras que ya dura dos milenios. El chico este de la túnica a jirones se resiste a abandonar el auditorio, a diluirse entre la turba.

Carta IV,16 De Gayo Plinio a Valerio Paulino [cursiva mea]

Alégrate en mi nombre, alégrate en el tuyo, alégrate también por nuestra sociedad: todavía perdura el honor debido a la oratoria. Hace muy poco cuando iba a hablar ante el tribunal de los centúnviros, no encontré ningún acceso para alcanzar mi lugar, a no ser pasando por el estrado de los jueces e incluso a través de los propios magistrados; el resto del recinto estaba ocupado por una enorme muchedumbre. Además, un joven distinguido que tenía sus ropas rasgadas, como a menudo sucede en medio de una muchedumbre, permaneció allí de pie cubierto solamente con su toga durante solo siete horas. Pues yo hablé durante ese tiempo con gran esfuerzo, pero con un mayor beneficio. Trabajemos, pues, y no pongamos como excusa de nuestra pereza la de otros. Existen todavía oyentes, existen todavía lectores; tenemos, pues, que producir obras dignas de ser oídas, dignas de ser escritas.

Así que menos quejarse, don Mario, y a seguir trabajando.

Amarrado al duro banco

Imagen de sf.puncheap.com

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A VPG, otra vez

A principios de siglo, una película más falsa que Judas de plástico obtuvo cierto éxito en España. Me parece que fue porque salía (haciendo nada) la chica de Amélie, y también porque rodose en Barcelona. Se tituló L’auberge espagnole, pero no en España para no soliviantar (más) a ciertos sectores regionales.

Imagen de otro sitio que no es sf.puncheap

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La película, reuniendo en un mismo apartamento a estudiantes de distintos países europeos, supongo que pretendía desmentir tópicos sobre las diferentes naciones. A fe que lo lograba, aun a costa de reforzar el tópico de que los estudiantes europeos se apuntan al programa Erasmus para entregarse a la juerga cotidiana. También a costa de destruir a golpe de interculturalidad cualquier ideal de multiculturalidad: quitando la lengua o al menos el acentillo, todos los chicos eran perfecta y nacionalmente intercambiables.

Lo que realmente me importa es que el protagonista de L’auberge terminaba el filme abandonando sus prácticas profesionales. La vida dizque cosmopolita le había abierto los ojos a su verdadera vocación de ser (por supuesto) escritor, y se decidía a seguirla en mitad de la oficina, de la que huía extasiado y con la misma cara de liberación que ponen los protagonistas de los anuncios de colonias y automóviles.

Hay que reconocer que la labor de oficina tiene en general mala fama, en el sentido de que para pocos constituye un ideal de vida el pasársela en un cubículo procesando documentos. Sigue leyendo

Prosa y reverso

Mientras ella sea clara, de Carlos Villar Flor

Recibo con las brazos abiertos y las palmas desplegadas los últimos libros de ficción escritos por Carlos Villar Flor: las sátiras a la sociedad posmoderna de Solo yo me salvo, y la divertida novela de enredo Mientras ella sea clara, también con su buena dosis de sátira de la España hodierna. Sigue leyendo

Advertencia

Debo, lector que llamo amigo, confesarte,

que escribo mis poemas sentado en cualquier parte,

casi siempre con Bic. Muy raro es el momento

que fío a la radiante sombra de mi aposento.

También te anuncio que ni dentro o fuera de ésta

frecuento la costumbre de oír sones de orquesta

por más que sean de blues –asómbrate- o de jazz.

Si acaso algunas veces noticias. Nada más.

Ahondando en mi penuria de entorno añadiré

que no fumo ni bebo (ni siquiera café).

Sí admito poseer en mis estanterías

lujoso álbum de fotos… con páginas vacías,

tan blancas como junto a mis libros no leídos

(ya más de la mitad de tomos reunidos)

y este balcón por donde me asomo alguna vez,

intacto y virgen brilla mi trozo de pared.

Siento lo de las fotos, pero es que sólo viajo

llevado por estrictos motivos de trabajo,

y creo que lo pensado y que también lo escrito

en las privadas páginas de cualquier cuadernito

en Florencia, pudieran también haberlo sido

igualmente en Vitoria (donde jamás he ido).

Quién puede ser poeta, dime, de esta manera,

confiando a su profunda memoria vida entera

(mintiéndole como hacen siempre quienes te quieren)

antes que a sus museos privados, que igual mueren,

pues tras haber logrado, perfecto al fin, su ambiente,

resulta ser para uno del todo indiferente.

Maceta de aniversario

Tal día hace un año: me puse bajo el secreto amparo de San Juan de la Cruz y emprendí la redacción de este blog.

Gracias, amigo Yepes.

Gracias, amigo Yepes.

Exponía en esa primera entrada los motivos no sé si para convencerme a mí mismo o bien para obligarme ante los ojos de mis posibles lectores.

Una vistosa ocasión, el día de hoy, para hacer recuento. Sigue leyendo