Profesor de literatura

Concierta entrevistas. Pergeña informes. Asiste a reuniones. Establece horarios. Corrige faltas de redacción elementales. Lidia alumnos suplicantes. Firma pedidos. Calcula presupuestos.
Finalmente, en media luminosa hora de estudio, prepara para clase el comentario de dos poemas de Neruda.
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Regreso a Hills End

Siete chicos
Lluvias como las de estos días, encima lo que está cayendo ahora en Colombia, y la imaginación literaria lleva forzosamente a Gabriel García Márquez, a Cien años de soledad o al “Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo”, aunque este transmita más una profunda sensación de atonía vital que de cataclismo social.
Ahora bien, será porque llegó mucho antes a mi vida que recuerdo mucho mejor una de mis novelas favoritas de la infancia. Siete chicos de Australia, de Ivan Southall, estaba publicada en la colección Cuatro Vientos de la editorial Noguer, así que lo más probable es que ya no sea nada fácil de encontrar.* El título, por otra parte, llamaba a la confusión con el clásico decimonónico de Los siete pequeños australianos de Ethel Turner, si bien esta obra tampoco era muy conocida en España. Quizá en la editorial pensaron que el título original, Hills End, no era ni sugestivo ni fácil de traducir.

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Frivolidades

En este artículo de Castellano Actual he echado a un episodio de mi vida profesoral toda la magnanimidad y el buen humor que me caben en el cuerpo. Porque no me negarán que, de estas dos imágenes,

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afirmar (contumazmente) que la que encarna la frivolidad es la de la DERECHA no es como para decirse que más valdría, en verdad, que se lo coman todo y acabemos…

Paternidad y enseñanza

(o Hacer tradición del plagio)

Revista Amigos 80, p. 88

Revista Amigos 80, p. 88

No creo que yo vaya a ser el único: hay muchas personas que tienen su frase. Esta a veces se queda en idea fija, pero se reformula con ufanía y, durante un tiempo que puede llegar a ser muy largo, no se pierde oportunidad de meterla en el discurso. La consumación de la ufanía llega cuando, por fin, se logra colar la frase o pensamiento en los tipos de la imprenta.

Ahora, que en mi caso, cuán presto se va el plazer dijo Manrique. Sigue leyendo

Lecciones del Escorial (y del Barroco)

Catedral de Santiago de Compostela (fachada del Obradoiro)

Catedral de Santiago de Compostela (fachada del Obradoiro)

Nos lo enseñaban a todos en Historia del Arte durante la secundaria: el Barroco, aquel estilo recargado y ostentoso en las palabras y en las formas, era el arte derivado de la Contrarreforma.

Lo copiábamos disciplinadamente en el cuaderno y ya sabíamos qué contestar si nos lo preguntaban. Todo aquel aparato artístico del siglo XVII debía proceder de la necesidad de favorecer una religiosidad emotiva, o bien de hacer accesible la explicación de una fe cuyos textos fundamentales no lo eran. Sigue leyendo

Paradopedagógica

  1. Nadie da lo que no tiene salvo, al parecer, en pedagogía, donde se ha propagado el dogma de que lo único que un docente tiene que saber para enseñar es enseñar; el qué, qué importa. El oficio de “maestro”, expresión cada vez menos usada frente a la más pomposa de “profesor”, ya está lejos de denotar una vasta cultura (o sea un vasto conocimiento del mundo en el que vive).
  2. Que los colegios cada vez sean más parecidos a centros de recreo obliga a que los hogares (a golpe de tareas) y las Universidades (a fuerza de asignaturas de culturilla general) sean cada vez más parecidos a colegios.
  3. De igual modo, la escuela debe de ser el único lugar de nuestra época en que a la memoria no se le dedican elogios en forma de poemas, monumentos, leyes y museos. Sus exámenes son de memorizar, reprocha el alumno flojo, con el apoyo en retaguardia del profesor ignorante.

Pasa en ambos continentes. Pego aquí un comentario desde el viejo (que agradezco a Jesús Beades), y me voy a llorar a mi rincón.