Interdisciplinariedad

Rubén_Darío
En plena visita a uno de los salones donde se examinan mis alumnos,* uno de ellos solicita mi atención. Señala con el dedo aquel hermoso verso de Rubén Darío: “Brumas septentrionales nos llenan de tristezas…”.
“¿Qué quiere decir septentrionales”?, me pregunta. Y, como para demostrarme que la ayuda que me pide no es tan grande, añade: “¿Es norte, oeste, sur…?”.
Empiezo a objetarle que no puedo decírselo, que se trata de un poema que tendría que haber traído ya estudiado. Pero él contrargumenta, casi protestando: “Es una pregunta de geografía, no de literatura”.
*Obviamente, la anécdota es de antes de este año.

“La casa encendida”: recomendación anecdográfica

(La serena y oficial se encuentra aquí)

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Mi reducida experiencia me sugiere que, salvo casos excepcionales más comunes de lo que parecen, el descubrimiento de la poesía como arte, vocación o cosa más o menos seria, empezaba con la lectura escolar de Bécquer y algunos poetas del 27 (pongamos que Salinas o el Lorca y el Alberti neopopularistas), y quienes no se quedaban allí daban su siguiente paso con Neruda, sobre todo sus Veinte poemas. Mi caso, en ese sentido, de excepcional tiene muy poco. Fue el paso siguiente el que fue más personal, para mí medio epifánico.

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Me pongo pragmático

Mi señor Francesco Petrarca (de www.nalocos.blogspot.com)

Mi señor Francesco Petrarca (de http://www.nalocos.blogspot.com)

M.P.G.- … en fin, que por una parte está la relación (y la diferencia) entre autor real, narrador y personaje en la novela; y por otra la diferencia (y la relación) entre la realidad y la ficción. ¿Entiendes?

F.E.- Sí, profe, entiendo. Pero resulta muy complejo…

M.P.G.- ¡Claro que es complejo! Pero gracias a que es complejo tiene trabajo pobre gente como yo. ¿Te das cuenta?

El Inca en Fábula

MONUMENTO_A_HERNANDO_DE_SOTO_BARCARROTA_BADAJOZ

Monumento a Hernando de Soto en Barcarrota

De todos los escritores peruanos que he descubierto tras mi llegada al país, me he vuelto particularmente devoto de Julio Ramón Ribeyro y del Inca Garcilaso de la Vega. De este último me precio de haber leído con avidez la obra completa, o sea los dos tomazos de Comentarios reales más La Florida. La fui anotando toda ella minuciosamente, no solo en la intermitente intimidad del hogar y la oficina, sino también a lo largo de travesías de autobús, esperas de sala e incluso dando  tumbos diariamente a bordo de una mototaxi. Sigue leyendo