Ars magna

Salgo de la biblioteca fatigado y no del mejor humor, tras una larga corregidera en la que he estado vengando, no tan implacablemente como quisiera, más agravios al conocimiento, a la gramática, a la ortografía y a la misma inteligencia de los que hubiera esperado. Mis manos exudan, sin ninguna gloria, tinta roja. Sigue leyendo

Anuncios