Un caso espeluznante de racismo, violencia de género y síndrome de Estocolmo en la Lima ilustrada y virreinal (para historiadores y gente poco impresionable)

Las aflicciones del género humano encienden el ánimo de todo hombre sensible, que entiende y estudia los caminos del remedio; pero al descubrirlos le suele suceder lo que a mí un día con una mulata puerca, de las que parecen lecheras del rastro o zaguán de Padilla, a quien un chino bueno le estaba dando una pateadura heroica. Me acerqué a ellos; separé al chino; levántase la mulata y encarándome con ojos de serpiente, me dijo: “Guá con el señor… fuera ramas… yo no soy su esclava… esta bulto nadie lo manda sino el chino… deje que me patee, pues que no lo han de aguantar sus güesos…cada uno puede patear en lo que manda”. Protexto (sic)no compadecerme otra vez de las mulatas, aunque los chinos les hagan echar el alma por la boca”.

(El Peruano, tomo I, nº 14, 22 de octubre de 1811)

Añado una pintura de la misma época más o menos, para que se vea que la paridad también era posible. Sigue leyendo