Vindicación del unicornio

Kid playing with stuffed animal

De es.123f.com

Por totémicas causas ancestrales, o simplemente por, como diría Aristóteles, complacerse en las imitaciones, el ser humano lleva fabricando figuras de animales desde que aprendió. Que en algún momento empezara, además, a dejarlas en manos de sus cachorros para que jugaran con ellas debe de proceder de su conciencia de ser rey de la creación, hoy cada vez más vergonzante. La satisfacción de imponerse a la bestia y domarla bien puede abrirse dándole a esta una apariencia inofensiva, que permita al niño dormir abrazado a ella, o que la arrastre y sacuda a su sabor cuando tenga ganas de pelea.

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Que viva Crichton

Aunque por razones profesionales y personales uno tiende a echar pestes de los bestsellers y del padre que los engendró (ya hablaremos otro día de eso), revivo estos días el placer con que allá por los 90 leí unas cuantas novelas de Michael Crichton. Parque Jurásico me interesó desde antes aún que Spielberg se metiera a explotar a los pobres animalitos del Cretácico, con irreversibles consecuencias para nuestra cultura audiovisual, no todas malas. Esfera infundía un terrible suspenso a un viejo tema de la ciencia-ficción culta (Solaris, de Stanislav Lem) o de culto (Planeta prohibido, leo que de Fred M.Wilcox). El gran robo del tren era un misterio “victoriano” sin el enredo de los de Wilkie Collins o de Sherlock Holmes, pero donde el lector presenciaba, desde el reverso y con viva simpatía por los geniales delincuentes, el planeamiento y ejecución de un crimen parece que verídico. Sigue leyendo