A tal héroe, tal novela

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Más que La casa verde o que Los jefes, que el Palomino Molero o que La Chunga, el último libro de Vargas Llosa ha resultado ser de toda su obra el más piurano. Lo cual hubiera sido considerado un mérito indiscutible durante el siglo XIX, que tanto ha tardado en marcharse de la literatura regional, pero ya en el XXI me temo que solo produce frío o calor (sobre todo calor) dentro de Piura. Fuera de ella, la ambientación despertará la curiosidad de aquellos para los que mi ciudad tiene la misma consistencia real que la Jefferson de Faulkner, la Santa María de Onetti o la Mágina de Muñoz Molina. Ahí, ayudan como pueden a don Mario escritores más jóvenes y ojalá que celebrados cuando llegue el momento.
De hecho, la muy realista Piura que recrea el escribidor deja adrede pistas sobre su condición ficticia. Habrá buenos conocedores de Piura que hayan reparado en tal o cual incongruencia callejera, y también lectores veteranos que en esa ciudad contemporánea del relato reconozcan retazos de las memorias juveniles de don Mario. Por mi parte, me ciño a mi campo de trabajo: los anónimos de extorsión que recibe don Felícito Yanaqué, el empresario piurano, están escritos con ortografía, sintaxis y puntuación correctas, y en la Piura real eso no hay quien se lo crea.

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