Forty power

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El mundo es de los cuarentones, me vino a decir en tiempos remotos el amigo, condiscípulo, periodista y escritor Saúl Fernández. Sería cuando en la TV nos rociaban con recuerdos de los años 60 (a la década siguiente empezó la serie Cuéntame que hoy va por los 80), reponían películas de Tony Leblanc, de Paco Martínez Soria y de Marisol preadolescente. Se escuchaban reversiones de éxitos musicales de la España del “seiscientos“, desde Nino Bravo hasta el Julio Iglesias que todavía no se había marchado con sus gemíos a Miami.

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Últimos pero caprichos

(Mi apostilla existencial a este viejo artículo cultural)

Antes de partir

Educa a tu hijo, bajo la común aprobación, en que ni el dinero ni la fama hacen la felicidad; en que valore lo que tiene y si quiere tener más, que se esfuerce por ganarlo; en que importa más el ser que el tener porque al final de tu vida importará más lo bueno que hayas hecho que lo que hayas recibido… y mándalo luego todo al cuerno al conmoverte, igual que todos, con la dicha del niñito (o el abuelete) agonizante en el que todos se volcaron para llevarle ante el famoso idolatrado, o al concierto o al partido o al país que anheló toda su vida.

Como si a la muerte le importara lo bailao.

Star Wars VII: la nostalgia se pone al día

Al igual que el propio George Lucas, he querido tomarme mi tiempo para publicar una opinión sobre El despertar de la fuerza, y de paso ir escuchando ajenas. La mía no va a ser tan desfavorable como la del padre de la saga, aunque tengo que admitir que entiendo su decepción y tristeza al verse así expulsado de su mayor creación. Al fin y al cabo, los católicos estamos celebrando el año de la Misericordia. Sigue leyendo

Se armó el Dos de Mayo

A Don Juan Alvargonzález, in memoriam*

Ya avisé que acabaría leyendo La vuelta al mundo en la “Numancia”. Admito haberme saltado mucho de la tercera parte de los Episodios nacionales, cada vez más pesados como me estaban pareciendo, y de la cuarta aunque ya remontaba un poco el vuelo, como di fe en mi nota sobre Aita Tettauen. Cierta crítica considera la cuarta serie la mejor de todo el ciclo histórico galdosiano, me parece que por prescindir de lo folletinesco y presentar un sistema ideológico más definido y un mayor número de perspectivas… Yo sigo quedándome con la primera y la segunda, y creo que precisamente por folletinescas. Sus personajes, además, me resultan más simpáticos, más justificados por su acción y no por su significado ideológico.

Sin embargo, no desmerece de ellas esta novela de La “Numancia”, como intento que se note en el siguiente artículo.

Una novela sobre el Dos de Mayo

Una sintetisísima, aquí.

Algo de folletín sí que tiene, con su relato de viaje (cosa tan inesperada en la obra de Pérez Galdós) y la excusa de la fuga de Mara. De esta se vale el autor para cargar, una vez más, contra el romanticismo en todas sus manifestaciones. En lo literario, en lo existencial y también en lo político, puesto que mucho de romántico tiene el anteponer a la racionalidad y la concordia ese exceso de pundonor e inflexibilidad entre militares y diplomáticos que acaba desembocando en una guerra insensata. (Alberto Wagner de Reyna, filósofo peruano, tituló “El Pacífico, un lugar de la Mancha” cierto ensayo accesible aquí sobre la guerra hispano-peruana).

El Dos de Mayo (de 1866) apenas se recuerda en España. Conozco en Madrid la calle Méndez Núñez y tengo muy gratos recuerdos de ese punto de encuentro para provincianos que es la plaza del Callao. En cambio, la fecha sí es crucial para la memoria histórica del Perú, solo eclipsada por las hazañas bélicas –derrotas incluidas- frente a su antigua aliada Chile una década más tarde. Tras la batalla del Callao, uno y otro bando se atribuyeron la victoria; dejando aparte precisiones historiográficas sobre las que me falta conocimiento (por suerte, en vista del encono que pueden llegar a tenerse los eruditos), creo que fueron vencedores los peruanos puesto que de su lado salieron los últimos disparos mientras se retiraba la escuadra española. Otro tópico arraigado en este país, y en este caso equivocado, es que con aquella expedición naval España trataba de reconquistar su antiguo virreinato. No he encontrado que ningún historiador sostenga esta idea, pero es la que tiene arraigo popular (sin duda, desde el mismo momento del conflicto). Y es que las academias pueden profundizar cada vez más en el conocimiento de la historia, pero estarán arando en el mar mientras no logren que en la escuela se serenen los mitos nacionalistas.

*Don Juan fue marino de guerra y de paz. Patricio gijonés, descendiente del que fue, en el canal de Abtao y en aquel Dos de Mayo, comandante de la fragata “Villa de Madrid”. Algo pariente mío también. Presidió la Fundación Alvargonzález. Me regaló una preciosa edición de ilustraciones sobre la guerra aquella.

Javier de Santiago y Hoppe, Álbum de la guerra del pacífico (1863-1867), ed. de José Ramón García Martínez, Gijón, Museo Naval/Fundación Alvargonzález, 1997 (p. 123)

Javier de Santiago y Hoppe, Álbum de la guerra del Pacífico (1863-1867), ed. de José Ramón García Martínez, Gijón, Museo Naval/Fundación Alvargonzález, 1997 (p. 123)

Lo que van a leer

[¿Demasiada prisa por volver al trabajo? Lee en El Tiempo de ayer la versión resumida, TE ADVIERTO que más sosita.]

El Tiempo (Piura) 13-1-2013

Mi hija mayor ha empezado a ir al colegio. De momento al curso de verano, que el de verdad empieza en marzo. La proverbial zancada de la memoria el primer día que la acompañamos a la puerta (parece que fue ayer que era bebé, etc.), se quedó en poca cosa cuando me puse a imaginar los años venideros.

Es el de abajo. El de arriba, por suerte no se ha dado el caso.

El de arriba, por suerte no se ha dado el caso. El de abajo, bueno… tú sigue leyendo.

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Despacito y buena letra

Con erratas y todo -que no se me hubieran escapado escribiendo a mano-, un artículo publicado en El Tiempo, hace ya bastante ídem* pero con la ventaja de que no depende mucho de la actualidad. Es más: a medida que pasa el ídem ídem, más actual se vuelve el tema.

*Un consuelo: en la Universidad han tardado en colgarlo más que yo.