Cifra de la sabiduría

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Un adolescente acudió en otro tiempo a un viejo eremita y le pidió una regla para vivir de acuerdo con ella. El eremita le dio esta respuesta:
–Aspira a lo alcanzable.
El adolescente le dio las gracias y le preguntó si sería una inmodestia el pedirle todavía una segunda frase, como viático suplementario para el camino. Entonces el eremita agregó este otro consejo al primero:
–Aspira a lo inalcanzable.
(Nota del 17 de junio de 1941)

(Sobre) El castellano de Tarzán

Pigmeos

Escolios a un texto implícito (quien lo quiera explícito, pinche aquí)

Para Antonio Guardiola, con gratitud entre otras cosas

Primero: Aun habiendo podido titular la entrada “El español de Tarzán”, cambio el nombre del idioma por su sinónimo. En parte, por obvia alusión al título de la página donde se publica el artículo. Y, también, por evitar que algún iniciado en la materia piense que me estoy refiriendo a un individuo de nacionalidad española. En las novelas de Edgar Rice Burroughs recuerdo que aparecían dos. Tarzán el indómito presentaba el hallazgo del cadáver centenario de un aventurero español: no ocupaba mucho pero el efecto era gratamente misterioso. En Tarzán el terrible, en cambio, ya actuaba un compatriota mío, Esteban Miranda, cuyo aspecto físico resultaba ser casi idéntico al del rey de los monos, lo cual lo convertía en un peligroso antagonista. Tardé en conocer la existencia de este personaje ambicioso y traicionero porque el primer lugar donde debería haberlo encontrado, las páginas de Tarzán entre pigmeos (sosa manera de retitular Tarzan and the Ant-Men), su presencia se evaporaba misteriosamente, y eso que en el original generaba una importante trama secundaria. Sin duda fue un caso de patriotera censura o autocensura.

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Primer pago a Elena Fortún

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Considerándolo en frío, imparcialmente, es posible que haya escritores que cito mucho menos que otros, y a los que sin embargo debo mucho más. Que entraron en mi vida mucho antes, que arraigaron en mi gusto y mi memoria de manera perenne y a los que, lo más importante, he vuelto repetidas veces, aun después de décadas sin mirarlos, y siempre con la misma afición o mayor todavía.

Es el enorme caso de Elena Fortún. Devoré de niño casi la colección casi completa que teníamos de Celia y su mundo, vencidos los iniciales recelos (al fin y al cabo, sus iniciales destinatarias eran mis hermanas, que por su parte le hicieron más bien poco caso). Ya de universitario, aprovechando que la serie de TVE puso a Celia otra vez de breve moda, compré unos pocos títulos de los que nos faltaban, y una vez más, muchos años más tarde, tenté con ellos a mis hijas.

457134No solo tuve éxito, sino que descubrí que Renacimiento llevaba unos años reeditando la obra completa de la autora, de manera que hoy por fin, peinando canas, puedo presumir de tener conmigo toda la colección de Celia (juntando, eso sí, tomos de tres editoriales distintas). Sigue leyendo

Flojera y reputación

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Docente que conozco, cuyo nombre no diré, se queja de que en la institución donde trabaja, que me callo, le obligan a aprobar a todos sus alumnos. La indignación que esto produce sobre las prácticas de ciertos centros educativos de este país, no tardo en extenderla a una profunda desolación sobre el funcionamiento del país entero. Ocurre cuando Docente Que Conozco no encuentra mejor símil para quejarse de sus alumnos, que llegan tarde a clase cuando llegan, que no se esfuerzan nada, que esperan recibirlo todo hecho, que decir que se creen que son congresistas.

Educar sin instruir

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Cotidianamente se le deja claro a los papás que la educación no consiste en que los niños asimilen conocimientos en el colegio, sino habilidades, destrezas y -sobre todo- valores. Lo que pasa es que insisten tanto en ello que uno acaba oliéndose que se trata de una excusa anticipada al resultado de que los niños saldrán del colegio sin conocimientos ni para resolver un crucigrama. Lo pagamos luego los profesores de universidad que, a nuestros señores graduados, gloriosamente ingresados en nuestro centro de educación superior, debemos explicarles insondables arcanos como la mayúscula de los nombres propios, la existencia real del punto y seguido o el valor no ornamental de la tilde.

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Leer, cosa (solo) de niños

(Nota en época de preparación de útiles escolares) 

Hay que ver lo que puede parecerse cualquier papá (por ejemplo, piurano) de nuestros días, a un barón austrohúngaro de mediados del XIX:

El capitán Trotta no leía libros, y en el fondo sentía compasión por su hijo, que ya iba entrando en edad de habérselas con la tiza, la pizarra y el borrador, con el papel, la regla y las tablas de multiplicar, y al que ya esperaban los inevitables libros de lecturas.

(Joseph Roth, La marcha Radetzky, cap. I)

Los comulgantes

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No pongan esa cara tan seria: les prometo que no voy a hablar de cine. Lo siento.

Cierta anécdota de hace años que me fue muy celebrada en Facebook me había hecho creer que mi primogénita entendía la diferencia entre poder como ‘capacidad’ y como ‘tolerabilidad social’ (los que se hayan leído la Ética a Nicómaco seguro que sabrán designarlos mejor que yo).

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Forty power

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El mundo es de los cuarentones, me vino a decir en tiempos remotos el amigo, condiscípulo, periodista y escritor Saúl Fernández. Sería cuando en la TV nos rociaban con recuerdos de los años 60 (a la década siguiente empezó la serie Cuéntame que hoy va por los 80), reponían películas de Tony Leblanc, de Paco Martínez Soria y de Marisol preadolescente. Se escuchaban reversiones de éxitos musicales de la España del “seiscientos“, desde Nino Bravo hasta el Julio Iglesias que todavía no se había marchado con sus gemíos a Miami.

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Últimos pero caprichos

(Mi apostilla existencial a este viejo artículo cultural)

Antes de partir

Educa a tu hijo, bajo la común aprobación, en que ni el dinero ni la fama hacen la felicidad; en que valore lo que tiene y si quiere tener más, que se esfuerce por ganarlo; en que importa más el ser que el tener porque al final de tu vida importará más lo bueno que hayas hecho que lo que hayas recibido… y mándalo luego todo al cuerno al conmoverte, igual que todos, con la dicha del niñito (o el abuelete) agonizante en el que todos se volcaron para llevarle ante el famoso idolatrado, o al concierto o al partido o al país que anheló toda su vida.

Como si a la muerte le importara lo bailao.

Star Wars VII: la nostalgia se pone al día

Al igual que el propio George Lucas, he querido tomarme mi tiempo para publicar una opinión sobre El despertar de la fuerza, y de paso ir escuchando ajenas. La mía no va a ser tan desfavorable como la del padre de la saga, aunque tengo que admitir que entiendo su decepción y tristeza al verse así expulsado de su mayor creación. Al fin y al cabo, los católicos estamos celebrando el año de la Misericordia. Sigue leyendo

Se armó el Dos de Mayo

A Don Juan Alvargonzález, in memoriam*

Ya avisé que acabaría leyendo La vuelta al mundo en la “Numancia”. Admito haberme saltado mucho de la tercera parte de los Episodios nacionales, cada vez más pesados como me estaban pareciendo, y de la cuarta aunque ya remontaba un poco el vuelo, como di fe en mi nota sobre Aita Tettauen. Cierta crítica considera la cuarta serie la mejor de todo el ciclo histórico galdosiano, me parece que por prescindir de lo folletinesco y presentar un sistema ideológico más definido y un mayor número de perspectivas… Yo sigo quedándome con la primera y la segunda, y creo que precisamente por folletinescas. Sus personajes, además, me resultan más simpáticos, más justificados por su acción y no por su significado ideológico.

Sin embargo, no desmerece de ellas esta novela de La “Numancia”, como intento que se note en el siguiente artículo.

Una novela sobre el Dos de Mayo

Una sintetisísima, aquí.

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Lo que van a leer

[¿Demasiada prisa por volver al trabajo? Lee en El Tiempo de ayer la versión resumida, TE ADVIERTO que más sosita.]

El Tiempo (Piura) 13-1-2013

Mi hija mayor ha empezado a ir al colegio. De momento al curso de verano, que el de verdad empieza en marzo. La proverbial zancada de la memoria el primer día que la acompañamos a la puerta (parece que fue ayer que era bebé, etc.), se quedó en poca cosa cuando me puse a imaginar los años venideros.

Es el de abajo. El de arriba, por suerte no se ha dado el caso.

El de arriba, por suerte no se ha dado el caso. El de abajo, bueno… tú sigue leyendo.

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Despacito y buena letra

Con erratas y todo -que no se me hubieran escapado escribiendo a mano-, un artículo publicado en El Tiempo, hace ya bastante ídem* pero con la ventaja de que no depende mucho de la actualidad. Es más: a medida que pasa el ídem ídem, más actual se vuelve el tema.

*Un consuelo: en la Universidad han tardado en colgarlo más que yo.