Lo importante, no aburrirse

 

Recuerdo cómo uno de mis tíos, veterano profesor de Educación Física en un renombrado colegio de Granada, rezongaba en los últimos días del verano. Empezaban las reuniones preparatorias del curso, y a la dirección le había dado por introducir innovaciones pedagógicas: ya era cosa del pasado la gimnasia de flexión, tensión y estiramiento, y también al parecer el veloz deporte de balón y de carrera. En cambio, les daban una pelotita no sé si de tenis o de trapo y les enseñaban a enseñar a los niños a pasársela y hacerla bailar, unos a otros o bien en solitario. Tantos años de cancha para aquella disciplina tan poco muscular (por no llamarla de otro modo), aunque apostaría a que las calificaciones de los chicos empezaron desde aquel año a subir espectacularmente. Sigue leyendo