Gobierno positivista

Mandarás si eres formal

(J. Monnoir)

En su Ulises criollo (cuya lectura aquí recomiendo), José Vasconcelos relató los avatares de su lucha política hasta los comienzos de la Revolución Mexicana. Algo que me llama gratamente la atención es que no diferenciase su labor diplomática y propagandística de su actividad cultural, e incluso diera preferencia a esta última. Para acabar con la larga dictadura (1876-1911) de don Porfirio Díaz, una victoria electoral no iba a ser suficiente: después de ella, México seguiría a merced del egoísmo y la brutalidad extendidos tanto entre la masa como entre la oligarquía. Era más esperanzadora la semilla que dejaba la fundación del Ateneo de la Juventud, por más que entre sus filas de jóvenes intelectuales los hubiera muy escépticos con la democracia. Sigue leyendo

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Transición

Desaparecido al fin el Gran Tirano, la oposición olvidó miedos y rencillas para iniciar una activa presión cívica en favor del retorno a la democracia. No tardaron en cosechar esperanzas: ya sin el cobijo de su sombra legendaria, los arrimados al Gran Tirano no osaban repetir antiguas contundencias y se apresuraban a abandonar sus cargos, desde el último alcalde de provincias hasta el otrora resplandeciente Gran Baboso. Tras largos preparativos y arduos pactos, llegaron las primeras elecciones, y después la decepción de quienes habían luchado por ellas durante casi medio siglo: al cierre de las urnas presenciaban el encumbramiento, gracias al voto popular, del mismísimo Gran Baboso.

En exultante aunque formal rueda de prensa, el Baboso reiteró su verdadera postura ante el régimen del Gran Tirano: “Yo no le baboseaba, señoras y señores… ¡Le escupía con moderación!”.

(Para una versión  “peruanizada” anterior, ver aquí. Repito la ilustración porque me veo incapaz de superarla).