Educar sin instruir

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Cotidianamente se le deja claro a los papás que la educación no consiste en que los niños asimilen conocimientos en el colegio, sino habilidades, destrezas y -sobre todo- valores. Lo que pasa es que insisten tanto en ello que uno acaba oliéndose que se trata de una excusa anticipada al resultado de que los niños saldrán del colegio sin conocimientos ni para resolver un crucigrama. Lo pagamos luego los profesores de universidad que, a nuestros señores graduados, gloriosamente ingresados en nuestro centro de educación superior, debemos explicarles insondables arcanos como la mayúscula de los nombres propios, la existencia real del punto y seguido o el valor no ornamental de la tilde.

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Últimos pero caprichos

(Mi apostilla existencial a este viejo artículo cultural)

Antes de partir

Educa a tu hijo, bajo la común aprobación, en que ni el dinero ni la fama hacen la felicidad; en que valore lo que tiene y si quiere tener más, que se esfuerce por ganarlo; en que importa más el ser que el tener porque al final de tu vida importará más lo bueno que hayas hecho que lo que hayas recibido… y mándalo luego todo al cuerno al conmoverte, igual que todos, con la dicha del niñito (o el abuelete) agonizante en el que todos se volcaron para llevarle ante el famoso idolatrado, o al concierto o al partido o al país que anheló toda su vida.

Como si a la muerte le importara lo bailao.

Un estudiante descubre la novela

A propósito de lo de Rómulo Gallegos, en medio de un revoltijo de notas me encuentro este trozo de ejercicio corregido hace unos años:

Doña Bárbara es una obra muy peculiar (…), muestra una diferencia a la mayoría de obras que ya había leido. No se desarrolla un mismo tema continuamente durante la obra en la que todos los personajes se relacionan conjuntamente, es una historia, dividida en tres partes en la que cada capítulo narra un tema, un suceso diferente al anterior, pero todas en su conjunto tejen la trama de la historia. El lector de esta manera conecta los hechos”.

La pregunta ahora: ¿y qué había leído antes esta criatura? Jo, como para dejarle Rayuela

El vinagre itálico

Dos médicos romanos discuten muy comedidamente (de "Asterix en Helvecia")

Dos médicos romanos discuten muy comedidamente (de “Asterix en Helvecia”)

No me refiero al de Módena que está tan de moda. De esa manera –italum acetum- era conocida en su tiempo la ruda franqueza y aguda mordacidad con que se trataban los antiguos romanos, que no se detenía ante amigos ni tan siquiera ante superiores jerárquicos. Un libro de la primera mitad del siglo pasado* le dedica un divertido y entero capítulo. Sigue leyendo

Arte alimento

Ñam ñam… (Bodegón de Sánchez Cotán prestado de http://entrelibrosypucheros.blogspot.com/)

Que el arte es alimento del alma es una imagen que tal vez no maneje todo el mundo, pero con la que seguro que pocos dejarán de estar de acuerdo. No es que suene a gran novedad siquiera, pero como no todos, aun sabiéndola, sabrían explicarla (tanto cuesta verbalizar lo evidente: La estrella es tan clara que / no todo el mundo la ve, escribió navideñamente Luis Rosales), lo apunto aquí con las palabras de Susan Sontag:

Varias veces he aplicado ya a la obra de arte la metáfora de un «modo de nutrición». El llegar a impli­carse en la obra de arte comporta, a no dudar, la expe­riencia de desprenderse del mundo. Pero la obra de arte por sí misma resulta también un objeto vibrante, mágico y ejemplar, que nos devuelve al mundo de alguna mane­ra más receptivos y enriquecidos (en “Sobre el estilo” II; traducción de Horacio Vázquez-Rial).

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Paradopedagógica

  1. Nadie da lo que no tiene salvo, al parecer, en pedagogía, donde se ha propagado el dogma de que lo único que un docente tiene que saber para enseñar es enseñar; el qué, qué importa. El oficio de “maestro”, expresión cada vez menos usada frente a la más pomposa de “profesor”, ya está lejos de denotar una vasta cultura (o sea un vasto conocimiento del mundo en el que vive).
  2. Que los colegios cada vez sean más parecidos a centros de recreo obliga a que los hogares (a golpe de tareas) y las Universidades (a fuerza de asignaturas de culturilla general) sean cada vez más parecidos a colegios.
  3. De igual modo, la escuela debe de ser el único lugar de nuestra época en que a la memoria no se le dedican elogios en forma de poemas, monumentos, leyes y museos. Sus exámenes son de memorizar, reprocha el alumno flojo, con el apoyo en retaguardia del profesor ignorante.

Pasa en ambos continentes. Pego aquí un comentario desde el viejo (que agradezco a Jesús Beades), y me voy a llorar a mi rincón.