Últimos pero caprichos

(Mi apostilla existencial a este viejo artículo cultural)

Antes de partir

Educa a tu hijo, bajo la común aprobación, en que ni el dinero ni la fama hacen la felicidad; en que valore lo que tiene y si quiere tener más, que se esfuerce por ganarlo; en que importa más el ser que el tener porque al final de tu vida importará más lo bueno que hayas hecho que lo que hayas recibido… y mándalo luego todo al cuerno al conmoverte, igual que todos, con la dicha del niñito (o el abuelete) agonizante en el que todos se volcaron para llevarle ante el famoso idolatrado, o al concierto o al partido o al país que anheló toda su vida.

Como si a la muerte le importara lo bailao.

Anuncios

Un estudiante descubre la novela

A propósito de lo de Rómulo Gallegos, en medio de un revoltijo de notas me encuentro este trozo de ejercicio corregido hace unos años:

Doña Bárbara es una obra muy peculiar (…), muestra una diferencia a la mayoría de obras que ya había leido. No se desarrolla un mismo tema continuamente durante la obra en la que todos los personajes se relacionan conjuntamente, es una historia, dividida en tres partes en la que cada capítulo narra un tema, un suceso diferente al anterior, pero todas en su conjunto tejen la trama de la historia. El lector de esta manera conecta los hechos”.

La pregunta ahora: ¿y qué había leído antes esta criatura? Jo, como para dejarle Rayuela

El vinagre itálico

Dos médicos romanos discuten muy comedidamente (de "Asterix en Helvecia")

Dos médicos romanos discuten muy comedidamente (de “Asterix en Helvecia”)

No me refiero al de Módena que está tan de moda. De esa manera –italum acetum- era conocida en su tiempo la ruda franqueza y aguda mordacidad con que se trataban los antiguos romanos, que no se detenía ante amigos ni tan siquiera ante superiores jerárquicos. Un libro de la primera mitad del siglo pasado* le dedica un divertido y entero capítulo. Sigue leyendo

Paradopedagógica

  1. Nadie da lo que no tiene salvo, al parecer, en pedagogía, donde se ha propagado el dogma de que lo único que un docente tiene que saber para enseñar es enseñar; el qué, qué importa. El oficio de “maestro”, expresión cada vez menos usada frente a la más pomposa de “profesor”, ya está lejos de denotar una vasta cultura (o sea un vasto conocimiento del mundo en el que vive).
  2. Que los colegios cada vez sean más parecidos a centros de recreo obliga a que los hogares (a golpe de tareas) y las Universidades (a fuerza de asignaturas de culturilla general) sean cada vez más parecidos a colegios.
  3. De igual modo, la escuela debe de ser el único lugar de nuestra época en que a la memoria no se le dedican elogios en forma de poemas, monumentos, leyes y museos. Sus exámenes son de memorizar, reprocha el alumno flojo, con el apoyo en retaguardia del profesor ignorante.

Pasa en ambos continentes. Pego aquí un comentario desde el viejo (que agradezco a Jesús Beades), y me voy a llorar a mi rincón.