“El desafío de la brevedad”, aceptado

Llevaba mucho tiempo sin que me antologaran en ninguna parte, pero donde hubo fuego dicen que queda no sé qué. De manera que, gracias al joven colectivo de poetas, investigadores, y editores piuranos Tertulia Cero, mi nombre y un par de obritas mías (no diré cuáles, pero excavando en esta maceta se pueden encontrar entre otras pocas) han encontrado sitio, junto con otros autores de distintas edades y renombres, en esta primera y —lógicamente— breve recopilación de la microficción piurana. Garantizo, para quien le sirva, que es rica, variada y placentera incluso para públicos exigentes. Búsquela quien pueda.

 

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Leer, cosa (solo) de niños

(Nota en época de preparación de útiles escolares) 

Hay que ver lo que puede parecerse cualquier papá (por ejemplo, piurano) de nuestros días, a un barón austrohúngaro de mediados del XIX:

El capitán Trotta no leía libros, y en el fondo sentía compasión por su hijo, que ya iba entrando en edad de habérselas con la tiza, la pizarra y el borrador, con el papel, la regla y las tablas de multiplicar, y al que ya esperaban los inevitables libros de lecturas.

(Joseph Roth, La marcha Radetzky, cap. I)

Don José Ido sigue clamando en el desierto

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Hoy como en 1887, quien tiene su gramática bien aprendida y ejercitada sufre al pasearse por la calle y clama en su rincón sin mucha esperanza. Sobre todo pensando la  cantidad de puestos de trabajo que se podrían crear extendiendo la profesión de corrector de estilo, necesaria en toda república. El ay del alma llega hasta el gobierno, a quién si no, como si este no pecara ya de suficientes cosas y que le importan a más gente, analfabetos incluidos:

Andando, andando, le entró de improviso un celo tan vehemente por la instrucción pública, que le faltó poco para caerse de espaldas ante los estólidos letreros que veía por todas partes. No se premite tender rropa, y ni clabar clabos, decía en una pared, y D. José exclamó: «¡Vaya una barbaridad!… ¡Ignorantes!… ¡emplear dos conjunciones copulativas! Pero pedazos de animales, ¿no veis que la primera, naturalmente, junta las voces o cláusulas en concepto afirmativo y la segunda en concepto negativo?… ¡Y que no tenga qué comer un hombre que podría enseñar la Gramática a todo Madrid y corregir estos delitos del lenguaje!… ¿Por qué no me había de dar el Gobierno, vamos a ver, por qué no me había de dar el encargo, mediante proporcionales emolumentos, de vigilar los rótulos?… ¡Zoquetes, qué multas os pondría!… Pues también tú estás bueno: Se alquilan qartos… muy bien, señor mío. ¿Le gustan a usted tanto las úes que se las come con arroz? ¡Ah!, si el Gobierno me nombrara ortógrafo de la vía pública, ya veríais… Vamos, otro que tal: se proive… Se prohíbe rebuznar, digo yo».
(Benito Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta IX,4)

 

‘Blade Runner 2049’, sin problema

Cartel Blade Runnmer 2049
Visto lo que he visto, la mejor secuela de cine de ciencia ficción del año ha sido Blade Runner 2049, a la que me acerqué lleno de escepticismo. Me olí, de todos modos, que la película iba a ser una experiencia distinta a la del cine de consumo más rutinario cuando comprobé los poquísimos espectadores que ocupaban la sala, algunos de los cuales -Deo gratias- prefirieron marcharse como a la media hora (por lo que no debería llamarlos espectadores, sobre todo a uno de ellos por su porcino desprecio a la concentración ajena). El título fue pronto retirado de los carteles piuranos, así que no me apresuré a reseñarlo para la prensa.

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“La casa encendida”: recomendación anecdográfica

(La serena y oficial se encuentra aquí)

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Mi reducida experiencia me sugiere que, salvo casos excepcionales más comunes de lo que parecen, el descubrimiento de la poesía como arte, vocación o cosa seria en todo caso empezaba con la lectura escolar de Bécquer y algunos poetas del 27 (pongamos que Salinas o el Lorca y el Alberti neopopularistas), y quienes no se quedaban allí daban su siguiente paso con Neruda, sobre todo sus Veinte poemas. Mi caso, en ese sentido, de excepcional tiene muy poco. Fue el paso siguiente el que fue más personal, para mí medio epifánico.

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Sobre “La última muerte de Silvino Forossi”

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(Fondo de tintero para esta reseña)

Cuentan algunos de los que han estado a punto de morirse pero al final no -por eso lo cuentan- que vieron pasar en esos momentos, como una película, la historia entera de su vida. Será a causa de su oficio, pero para el protagonista de La última muerte de Silvino Forossi  son más bien las fotografías las que retienen o reactivan momentos clave del relato. Sigue leyendo